Reflexiones de centro comercial: Profundidad de la crisis

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reflexiones-centro-comercial1Por: Anna Morelli

Si tan solo cada venezolano tuviera la oportunidad de salir del país, todos podrían descubrir la magnitud del daño que se le ha ocasionado a esta tierra.

No logro comprender el porqué de tanto ensañamiento y soy de las personas que piensan en que absolutamente todos hemos puesto bloques para la construcción de la destrucción.

La avaricia, la sed de poder y el dinero se encuentran a la orden del día; por cada calle, por cada avenida, a la vuelta de la esquina de cualquier calle vieja y sucia de una Venezuela olvidada que agoniza entre los cadáveres de sus buenos hijos. Esos que alguna vez soñaron y creyeron que podían construir un lugar de oportunidades, un espacio de libertad, hermandad y sobre todo de humanidad.Hoy no existe la compasión y me atrevo a decir que el principal problema de Venezuela no es el gobierno, que bastantes políticas de Estado erradas ha puesto en práctica para contribuir con un fenómeno más fuerte y difícil de vencer. El principal problema de este país son los venezolanos y es que se convirtieron en una especie de Zombies, de seres vacíos sin leyes, sin sueños ni futuro simples despojos que se alimentan de corrupción que se crecen dañando la integridad de otros y robando. Corruptos hasta las células que se alegran por el sufrimiento de otros, se crecen ante el individualismo y son capaces de hacer cualquier cosa por el efímero dinero.

Me pregunto cómo es posible hacer cambios importantes en un país cuando sus ciudadanos no están realmente dispuestos a salir de ese círculo vicioso. Cómo salir de un gobierno nefasto si realmente termina siendo conveniente para continuar con la extorsión y el engaño a aquellos que si trabajan a diario por un progreso.

Quién autorizó a los políticos para hablar en nombre del pueblo. Qué saben ellos sobre las verdaderas carencias por las que una familia de bajos recursos pasa a diario para sobrevivir ante la desidia y la indolencia del sistema si ellos forman parte del mismo. Se venden al mejor postor y al volver a casa encuentras sus dispensas llenas de ricos y variados alimentos, pueden darse el lujo de tomarse un whisky mayor de edad, mientras revisan sus cuentas de banco y los dígitos a la derecha relucen como trofeos.

Finalmente, hoy solo creo en mi realidad. Creo en lo que vivo dentro de este cúmulo de porquería que han creado a lo largo de años y creo en mis capacidades para manejar la crisis, creo en Dios y creo en su justicia divina.

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