Pékerman y el complejo de rasar siempre por debajo

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Por Eduardo Martínez

La contratación del argentino José Pékerman, como seleccionador de la Vino Tinto, ha generado controversia en medios deportivos venezolanos, y sobre todo, en las redes sociales. Fuera del deporte, dicha contratación ha abierto las puertas a opiniones contrarias. Sobrepasando las fronteras del mundo deportivo.

Ubicadas en el contexto de la diatriba política del país, se señala que Pékerman ha debido costar -y nos seguirá costando- fuertes sumas de dinero.

Si bien el argentino no nos costará lo que se paga a los del “Top-5” técnicos del futbol mundial (Diego Simone, 41 millones de euros; Pep Guardiola, Manchester City, 24 millones; Ernesto Valverde, Barcelona, 23 millones; Zinedine Zidane, Real Madrid, 21 millones; y, José Morurinho, Tottenham, 17,5 millones), hasta el momento se desconoce la cifra con la cual fue contratado.

Debemos reconocer, en un primer momento, que el señor Pékerman es un hombre de gran valentía y que apuesta a correr grandes riesgos. Recordemos que el director técnico anterior renunció después de largos meses sin que se le pagaran sus honorarios.

Eso nos da la idea, que en todo caso, que lo mínimo que cobrará Pékerman sería lo que cobraba el anterior director técnico de la Vino Tinto. Ese es el riesgo que corre el argentino. Y si no le pagan, es asunto suyo.

Sin embargo, el asunto en cuestión es más importante. Quienes critican en el hecho de la contratación están abriendo las puertas a dos puntos a ser tomados en cuenta, a pesar de que pudieran no estar consciente de ellos,

El factor psicológico

En Venezuela, en estos años de minusvalía y división, han habido dos aspectos que han animado la unidad de los nacionales: las selecciones deportivas, y los concursos internacionales de belleza. Prevaleciendo sobre todo el concurso de la Vino Tinto en los encuentros internacionales.

Es innegable que estos tiempos de enfrentamientos internos y falta de logros patrios, sea la Vino Tinto el concepto que más ha animado a la unidad de los venezolanos.

El director técnico Richard Páez entendió desde un primer momento lo que la Vino Tinto podía representar para Venezuela, empeñándose que fuera una realidad. Una vez cumplido su ciclo, quedó la Vino Tinto como factor de unidad. En tanto los triunfos no volvieron a ser iguales.

No es para nada criticable que se quiera de nuevo alcanzar las rachas de triunfos de la era Páez, y lo que es más, que quiera lograr al fin un puesto en el campeonato mundial del futbol.

Ambos empeños cuestan. Y si se quiere triunfar, hay que invertir.

El falso sentido de la prioridad

Un punto previo antes de entrar a analizar o al menos detallar, es el de las prioridades.

Definir a un sector como prioritario no significa eliminar o disminuir otros sectores. Esa es una práctica que esconde complejos, irresponsabilidades, o tal vez, hasta sentimientos ocultos.

Es cierto que en estos momentos de pandemia la atención sanitaria debe ser la prioridad. Lo que no significa que debemos dejar de lado a la educación, la seguridad, o los servicios, entre otros sectores.

En el pasado reciente, hemos tenido suficientes ejemplos de esa bizarra práctica. Ocurrió con las asignaciones de Cadivi. Bajo falsas premisas, que ocultaban propósitos autoritarios, se eliminaron los apartados y asignaciones de divisas para la prensa y los medios comunicación en general.

En un esquema de estricto control de cambio, que penalizaba la libre adquisición de divisas fuera de Cadivi, se dio inicio a la desaparición de los medios independientes. Lo que permitió ese estrangulamiento informativo.

El complejo de rasar por debajo

Otro punto de vista, con el que se puede abordar la contratación de Pékerman, es el rasar por debajo. Una práctica que pudiera también emerger pro efecto de la más pura envidia personal, en un principio. Y que de extenderse, se transformaría irremediablemente en colectiva.

¿Qué piensa el venezolano cuando a un compañero de trabajo lo ascienden o le aumentan el sueldo?

Generalmente el venezolano piensa de porqué al otro y no a él. Y si el aumento es considerable, nunca se llega a analizar el porqué. La envidia que surge no es un buen terreno para germine el razonamiento.

Sin embargo, hay otra posición que puede asumirse antes esos aumentos. Son decisiones que por sí solos -independientemente a quien se le concedan- establece una referencia.

Siguiendo esta óptica, es una acción que empuja hacia arriba los niveles salariales.

En el caso de Pékerman su contratación desatará irremediablemente un efecto dominó aguas abajo y aguas arriba. El costo del contrato del argentino, arrastrará a aumentos de lo que se les paga a los directores técnicos de los equipos de futbol profesional venezolano. Lo que a su vez, empujará a aumentos en los salarios de los jugadores profesionales.

Este efecto no se circunscribirá al futbol. Ocurrirá lo mismo, y en paralelo, en todas aquellas disciplinas profesionales del deporte: el beisbol y el baloncesto.

Debemos advertir que este punto de vista, de rasar hacia arriba, es opuesto al de rasar hacia abajo.

El rasar hacia abajo es asumido por quienes basan su posición ante la vida con criterios de falso igualitarismo, en que todos deben ganar lo mismo, más allá de su preparación personal y de sus logros en el desempeño de sus labores.

Con este criterio, de rasar por debajo, debemos de reconocer el éxito del régimen instaurado en Venezuela desde 1999. A los pensionados se les homologó la pensión al mismo nivel del salario base: menos de 2 dólares al mes. Lo que rige como salario base para más del 60% de los asalariados. Más aún, cuando la cesta alimentaria referencial supera los 300 dólares mensuales.

Rasar por arriba, pone la discusión en términos de que el que cobra menos, pueda cobrar más.

Gracias señor Pékerman, por abrirnos las puertas a la discusión del “rasar por debajo” y el “falso sentido de la prioridad”.

editor@eastwebside.com

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