Paralizada la economía venezolana

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Por Eduardo Martínez

La estimación del FMI, que califica a Venezuela como “el país con peor desempeño este año”, no debe causarnos extrañeza.

Desde octubre del año pasado, cuando el ex presidente Chávez ganó las elecciones presidenciales y se agudizó su cáncer terminal, el gobierno comenzó a paralizarse.

La industria y el comercio señalan que no reciben divisas para sus importaciones desde ese mes de octubre. Lo que tiene como consecuencia una caída de la producción y las ventas.

La disminución del ritmo industrial es estacional en el mes de diciembre y parte de enero, porque las industrias y los mayoristas entran en receso. Aunque esto, en términos económicos es compensado, por el disparo de las ventas por las celebraciones navideñas.

En enero de este año, los índices económicos presagiaban una inminente devaluación. Lo que ocurriría el 8 de febrero. Ante la posibilidad cierta de descapitalizarse, los empresarios limitaron las entregas de productos durante prácticamente todo el mes de enero. Muchos mayoristas prolongaron sus vacaciones colectivas, y cuando ocurre la devaluación en febrero, todavía estaban a puertas cerradas realizando inventarios.

La devaluación en 46% del bolívar, el bloqueo de divisas por parte de Cadivi, el organismo que las otorga, y la espera de un anunciado mecanismo alterno, denominado SICAD, mantuvo la producción y venta de productos en niveles muy bajos durante el mes de febrero. Lo que se prologaría y agudizaría en marzo por el esperado fallecimiento del ex presidente Chávez, quien ni siquiera pudo juramentarse el 10 de enero anterior.

Con la ejecución de la primera subasta del SICAD a finales de marzo, que solo otorgó 200 millones de dólares, la incertidumbre cambiaria no se resolvió y no se satisfizo las necesidades cambiarias de la economía venezolana.

Simultáneamente en el mes de marzo, con la escasez de divisas que estrangula el aparato productivo, las prolongadas exequias presidenciales terminaron de paralizar al país. Los días no laborables, decretados por el gobierno interino, la ley seca, y las restricciones por el extendido duelo, también tuvieron su efecto. La productividad y la producción cayeron estrepitosamente en el país.

Así llegamos al mes de enero, donde las elecciones sobrevenidas en la primera quincena y la crisis política en la segunda quincena, han mantenido el ambiente de paralización de la economía.

El país ha estado en el 2013, prácticamente paralizado en los primeros cuatro meses. Eso representa un tercio del tiempo.

Por ello no es de extrañarse la estimación del FMI, que otorga a Venezuela sólo un 0,1% de crecimiento económico en el 2013. Una estimación que resulta –según el FMI-  de la “pronunciada caída del gasto público y del consumo interno, y de la reciente devaluación del bolívar”.

La paralización es un problema. El otro problema, es que el gobierno no parece darse cuenta.

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