Orlando Cuicar: La democracia y el militarismo

Por Orlando Cuicar Morales

Toda sociedad estable y constituida cualquiera que sea su forma de gobierno y estructura organizacional del Estado, necesita una fuerza organizada, armada y eficiente que proteja sus fronteras, costas aire y ecosistemas y sirva como organismo cooperador del gobierno para mantener el orden la integridad territorial y sus recursos naturales.

Pero, el poder militar debe estar subordinado a la autoridad civil, porque ese es el dogma de la democracia. El poder militar con su programa autoritario, su rígida disciplina y el control de las armas de la república están capacitados para luchar y dar su vida por la patria, capacidades incompatibles con la democracia, la libertad y la autonomía ciudadana, porque no existen contra pesos que permitan el equilibrio entre el poder civil y el poder militar. Las mayores imperfecciones se encuentran en las repúblicas federales centralistas presidencialistas donde el presidente o mandante egemon es el comandante general de las fuerzas armadas rompiendo el equilibrio democrático porque al ponerse de acuerdo con el poder militar se corre el peligro de convertirse en una tiranía disfrazada de democrática. El Estado que posee las armas de la república y utiliza su poder y fuerza militar para eternizarse en el poder es el desiderátum más ampliamente conocido en nuestra América Hispana.

Un Estado es poderoso cuando la Democracia y el Militarismo van unidos con el pueblo para permitirle libertad, unidad, fraternidad, economía, progreso social y tecnológico. El ejemplo lo tenemos en nuestra América del Norte donde el espíritu del capitalismo, la ética protestante y el militarismo civilista, fueron el resultado de la herencia cultural trasmitida por el racionalismo, la ilustración y el mercantilismo de Adam Smith.

Adam Smith, fundador de la Economía Política capitalista afirmaba la prosperidad y desarrollo económico se debe a la acumulación de riqueza producida en la economía, y el poder militar es necesario para mantener y asegurar los límites territoriales y la defensa de la nación, garantizando el proteccionismo y su opulencia. Pero, el poder militar excesivo es un peligro para las sociedades libres y productivas porque su razón se impone por las armas y nunca por la democracia. Las fuerzas militares tienen un costo para el país.

Los presupuestos militares pesan enormemente sobre los presupuestos de la república que dependen de los impuestos cargados a la sociedad productiva, y representan una pesada carga para el pueblo. Los costos de armamentos inservibles desechos obsoletos de otras repúblicas, equipamiento y pago de misiones militares generalmente obsoletos, consumen las reservas constitucionales del país de modo que ,al crear dinero inorgánico y deuda pública, el pueblo termina pagando las consecuencias con devaluaciones sucesivas de la moneda traducida en hiperinflación.

En los Estados Unidos gobierno de Constitución Federal Descentralizada con Militarismo Civilista, se reseña que en el año 1.950, el Presidente de los Estados Unidos nombra a un reputado General Marshall, héroe de Guerra, como Ministro de la cartera de Defensa, y los partidos del status rechazaron su nombramiento, no se le permitió su nombramiento, pues iba contra la tradición civilista de la república por la cual se tenía que modificar la Ley. Luego se sometió al congreso la modificación de la Ley, se aprobó con pírrica mayoría pero se hizo una agregado: Por esta última vez se permitirá tal acepción.

En una Economía, como la nuestra, cuando se rompe el precario equilibrio Democracia-Militarismo, la primera con Gobiernos Federales Centralizados y el Militarismo irresponsable desorganizado producen repúblicas fallidas con quiebre de la justicia distributiva del derecho, despilfarro y saqueo de los recursos públicos, secuestro del poder judicial, secuestro del poder moral y electoral, y explotación de las riquezas y yacimientos de la regiones productivas, con graves deterioros de sus ecosistemas ambientales; Arco Minero, Lago de Maracaibo, Lago de Valencia, Costas marítimas, Sierras de Perijá, Cordillera de los Andes, Sierra de Imataca y otros.

En Venezuela cuando llega Chávez al poder, desconoce la constitución del 61 y la viola, teniendo en Congreso nacional un muchacho sin experiencia y una cámara de diputados engreída vacilante y cobarde, y una Corte Suprema de Justica antipatriótica que le permitieron defenestrar la Constitución blindada desde el punto de vista del derecho constitucional. De modo que un militar montonero de baja calificación crea una Asamblea Nacional Constituyente donde parieron la actual Constitución Nacional del 1.999. Eliminando el Senado, permitiendo una Republica Centralista Militarista y Antidemocrática.

La destrucción del país ha sido catastrófica, desde el inicio el chavismo-socialismo-madurismo, pulverizó la moneda restándole 14 ceros al signo monetario, y destrucción del aparato productivo y la perdida de sus fuerzas productivas unidas a la astronómica deuda pública que la tendrán que pagar otras generaciones, son el mejor ejemplo como un Poder Militar solapado con civiles y politiqueros de baja realea, apoltronados en un Estado Federal Centralizado dirigido por un Colombiano y asesorado por el régimen criminal de Cuba ha sido la peor pesadilla que un país de gente joven y laboriosa puede cargar en sus vidas.

El actual estamento militar posee patente de corso en el manejo exclusivo de sus recursos naturales explotados; petróleo, oro, coltan, hierro, aluminio, recursos forestales (hoy destruidos), electricidad, agua, gas, manejadas como bodegas de barrio pobre.

Pero, Venezuela tiene una reserva militar altamente calificada, con ejercicio militar activo ético y bien ponderado, democráticos que no se arrodillaron al héroe de Sabaneta que ni fueron atraídos por la tenebrosa: socialismo-patria o muerte. Porque Venezuela necesita reconstruir una institución militar para la defensa de sus fronteras y territorios, la defensa de su espacio aéreo y marítimo, la defensa y protección del medio ambiente y de los frágiles ecosistemas que están en peligro. La Unidad Cívico Militar y Académica, es necesaria, donde defensores y protegidos, unidos bajo la partitura del bien común y el buen ciudadano hagan una vida prospera y segura en la patria de Bolívar. Necesitamos unas fuerzas armadas profesional, valerosa y patriota que nos permitan trabajar y progresar y estar tranquilos detrás de sus escudos y nunca enfrentando sus cañones. En consecuencia, el estado sería muy infeliz cuando la fuerza militar toma preponderancia. De allí la máxima romana quies custodiet ipsos custodes.

La Democracia y el Militarismo son compatibles cuando la civilidad esté empoderada.

* Individuo de Número de la Academia de Ciencias Económicas del Zulia. Prof. Titular Universidad del Zulia.

* Editado por los Papeles del Crem. Responsable de la edición: Raúl Ochoa Cuenca.

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