
Por Eduardo Martínez
Los venezolanos seguimos sin perder la capacidad de la sorpresa. Aunque no nos sorprenda lo ocurrido en México con la firma de un Acuerdo entre el gobierno y la oposición. Ya son muchos los episodios en los que queda de relieve la poca -por no decir ninguna- capacidad de los autodenominados opositores a la hora de negociar con el gobierno.
Una y otra vez estos opositores han violentado los protocolos o principios de las negociaciones. Algo que ya nos habían advertido hace varios años, diplomáticos venezolanos expertos en estas lides.
En esta ocasión, los negociadores opositores se anotaron errores, por comisión u omisión, imperdonables. Tales como: dejarse vetar la presencia de Carlos Vecchio en la delegación; en tanto se dejaron meter una “pata e`cabra con la inclusión de Camilla Fabri, en la delegación del gobierno. Una italiana con orden de captura internacional, imputada por delitos comunes en varias jurisdicciones.
Sin embargo, lo que más sorprende es la ausencia en el Acuerdo de México del “Quid pro quo”, es decir ese viejo principio latino en los tratos de “Algo por algo”. Un principio clave en cualquier negociación, donde se comprende que ambas partes “ceden”.
Si se lee con atención los Términos del Acuerdo, encontraremos que el gobierno no cede en ningún punto en las 4 páginas, o de las 5 páginas, si contamos la hoja con las firmas.
Pudiéramos también incluir, en atención al comentario de abogados amigos, de otra expresión latina que los abogados siempre tienen en mente a la hota redactar los documentos de una negociación: “Do et us”. Lo que se traduce como “Doy para que des”.
Sin la existencia de ese “Doy para que des”, nos encontramos con un Acuerdo que no concede nada a quienes no comulgan con el régimen venezolano.
No faltará alguno que señale que se han conseguido 3.000 millones de dólares, que serán destinados para que se aminoren las penurias sociales de los venezolanos. Además, de que será administrado por la ONU. Una condición que suena como buena, pero de la cual no tenemos ninguna buena expectativa y prácticamente ninguna garantía. ¿Desde cuándo estamos confiando en la mediación del secretario general de la ONU, para resolver el diferendo con Guyana?
Conociendo el modus operandi del gobierno venezolano, los términos de este Acuerdo son más que sospechosos. Entre estas sospechas, el que si el gobierno obtiene fondos para resolver problemas como el de la electricidad, usará los fondos del dinero que les queda para destinarlo a otras cosas. Entre ellas, enviar petróleo y suministros a Cuba, financiar la actividad desestabilizadora en la región, otros proyectos y oscuros usos.
Otro punto, es el secretismo que rodeó este Acuerdo. Esos términos no pudieron ser redactados en las pocas horas que duró la negociación en México. Es probable, que la redacción se haya orquestada muchos antes. En efecto, borradores circulaban en Caracas desde hace semanas.
Sin el “Quid pro quo”, el gobierno lleva la delantera.
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