Lina Páez Otero: El Fracking – fracturando visiones

Por Lina Páez Otero

Cuando buscamos por estos días el concepto del fracking o fracturamiento hidráulico, tenemos dos posturas mediáticas: la colombiana, en donde se habla de no darle paso a nuevos pilotos de exploración de yacimientos no convencionales y la de los artículos estadounidenses donde lo primero que se lee a simple vista son cosas como: “el fracking se viene realizando de manera segura desde mediados de 1947” (IPAA).

Pero en este artículo no quiero sentar una opinión sino darles paso a estas posturas contrapuestas e informar un poco de qué se trata a grandes rasgos esta práctica.

Comencemos por lo más básico: la definición.

El Fracking, según la Asociación Colombiana de Petróleo y Gas (ACP) y el IPAA en Estados Unidos, es una técnica utilizada para extraer petróleo en yacimientos no convencionales en donde se encuentran ubicados el petróleo, el gas, energía geotermal y el agua, dentro de la roca generadora (a más o menos 3 kilómetros de profundidad).

Esta técnica se realiza a través de perforaciones horizontales multietapa en el subsuelo profundo en las cuales se inyecta agua, arena y aditivos a altas presiones con el objetivo de lograr microfisuras (ACP, 2022). La roca donde se pueden extraer los hidrocarburos se le conoce como rocas de esquisto o lutitas.

Antes de poder hacer este procedimiento, un pozo se perfora a través de múltiples capas de roca y durante esta acción el pozo se recubre con cemento para sellarlo debidamente del agua subterránea. Después de que se haya perforado el pozo y se retira la plataforma, el fracking puede comenzar.

Ahora bien alrededor de esta actividad que se lleva realizando durante décadas (aproximadamente desde mediados de los años 40’s en otros países), han surgido múltiples posiciones en contra y a favor. En Colombia ya hay dos contratos firmados desde el 2020 para la realización de pilotos de Fracking, pero todo parece indicar que esta actividad extractiva no tendrá mucho futuro en el Gobierno de Gustavo Petro.

Tal como lo dijo la próxima ministra de medio ambiente en una reciente entrevista, no está de acuerdo con el fracking y lo que se plantea es seguir explotando y mantener los contratos de exploración ya firmados, sin abrirle camino a los nuevos que puedan llegar. En definitiva, lo que se busca es sacarle el mayor provecho a los pozos existentes (en los remanentes que ya están), para ganar tiempo hacia la transición energética.

En términos generales las afectaciones que más han resonado en los medios son aquellas relacionadas con la contaminación de las fuentes hídricas, la afectación a las poblaciones locales aledañas, la provocación de sismos, la cantidad de agua que se requiere para su operación y la liberación de contaminantes en el aire (entre otros).

Investigando a mayor profundidad sobre algunos casos puntuales ocurridos en Estados Unidos, más concretamente en Pensilvania, a mediados del 2011 encontré que algunas de las perforaciones del fracking no funcionaron como se esperaba, derivando en la contaminación de las fuentes hídricas de la zona. Adicionalmente, se habla de la emisión de contaminantes como el benceno, que terminan afectando la salud de los trabajadores (Life Science, 2018).

Por otra parte, hay zonas como Ohio y Oklahoma donde normalmente no se evidencian fuertes sismos, sin embargo y posterior a las actividades de perforación, se han incrementado y agudizado los temblores (Life Science, 2018).

En ambos casos se sigue estudiando la correlación entre el fracking y la ocurrencia de todos estos eventos teniendo en cuenta que hay acuerdos de confidencialidad e intereses de por medio que no facilitan mucho la investigación.

Ahora bien, la otra cara de la moneda nos presenta un escenario con los siguientes datos obtenidos de la ACP:

  1. El fracking rara vez puede generar una sismicidad inducida, ya que las vibraciones que produce son diez mil veces menores que las percibidas por el ser humano (ACP)
  2. Los yacimientos no convencionales se encuentran a una profundidad superior a 6 veces el Empire State, por lo que éstas están bastante separadas del agua superficial y la actividad misma está protegida por una tubería debidamente recubierta (ACP)
  3. Los químicos que son utilizados contienen entre 3 a 12 aditivos que se pueden encontrar en alimentos del consumo diario (ACP)
  4. El agua utilizada por pozo es de aproximadamente 20.000 litros por una sola vez y no necesariamente requiere provenir de fuentes naturales sino también de residuales (ACP). (En este punto es importante que tengamos presente todas las otras industrias (como la textil) que requieren de cientos de miles de litros para fabricar cada prenda que nos ponemos a diario).

Las posiciones son bastante contrarias, ya que la teoría apoyada de investigaciones científicas robustas puede afirmar una cosa, pero a la hora de ponerlas en práctica puede que salgan bien o salgan mal.

Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, México, China, Argentina, entre otros países, ya han ido conciliando esta actividad con fuertes medidas regulatorias y técnicas desde diferentes frentes, y en puntos específicos de los territorios.

En definitiva, este es un asunto sumamente complejo que se ha ido regulando poco a poco en algunos países del mundo pero que todavía tiene “baches” de incertidumbre que exigen una mayor rigurosidad en su investigación y aplicación.

Tiene como bueno lo que tiene de malo.

Algunos dicen que es un mal necesario, otros que es el demonio mismo para el Planeta.

* Abogada y política colombiana

 Twitter: @LinaPaezOtero

Publicado por el diario El Tiempo de Bogotá

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