Por Gloria Cuenca
Tomo prestado el título de un libro famoso, perteneciente al escritor francés Jean François Revel. El libro, de un anticomunismo rabioso, fue editado por allá en los comienzos de los 70 del siglo pasado. En el siglo XX, tuvo gran éxito editorial, además de constituirse en una terrible y certera advertencia. (Que no se creyera, lo que dice, es otro tema.) Publicitado entre nosotros por el inolvidable periodista Carlos Rangel, para horror de la gente de izquierda. El autor de la obra creyó: la tentación era, exclusivamente, para los comunistas. Ignoró, o tal vez, no pensó que era posible, más de lo que queremos y admitimos, el autoritarismo es un mal extendido. Ese deseo incontrolable de obligar a los otros/as, a hacer lo que nosotros pretendemos, se da con demasiada frecuencia. Casi una enfermedad, una especie de virus contagioso. Discrepo del autor: la tentación totalitaria, puede darse en cualquier ser humano, especialmente, en determinadas circunstancias, se conoce el poder: sea el cotidiano, el político, el religioso… en fin, de cualquier tipo.
Así la tentación, aparece. Desgraciadamente, es más fácil caer en la tentación totalitaria, de lo que una se imagina. Si lo sabré yo… puesta a prueba por la vida, desde temprano. Sin darme cuenta, ejercí el poder cotidiano ¿autoritariamente? Copiando normas e instrucciones de mis padres. Para mis hermanas, yo era autoritaria, desde mi visión yo cumplía con las órdenes de mis padres: eso las hacía autoritarias, (según ellas) mientras yo cumplía con lo que mis padres me ordenaban. Esto, a pesar de que, mi amado hermano me insistía: “No hagas nada, déjalas que hagan lo que quieran. Te va a traer problemas.” ¡Ah mi brillante hermano! ¡Qué razón tenía! Mientras yo, seguía las instrucciones de papá y mamá. ¡Craso error!
Retomo el hilo, de lo que quiero expresar. No me agrada ver sufrir a los demás. No tengo ni un ápice de sádica. Muchas veces se “justifica” el ver sufrir a los demás cuando se trata de un castigo, y por supuesto, son situaciones en las que se merece, la pena. No me gusta ver sufrir a nadie. Me pareció un terrible error de “mister” Trump (uno más, cada uno peor que el otro) poner un fusilamiento en vivo y directo, para que todo el país lo viera. (Alguien sensato, y.. ¡sorpresa, él hizo caso! aconsejó que no lo hiciera, y paró el espectáculo, por fortuna.) Hay gente, no quieren ver el sufrimiento del próximo, aun cuando se lo merezca.
Me pregunto: ¿Qué es esto? ¿Quién es este hombre al que le debemos la prisión de los narco-usurpadores-asesinos? ¡Mi Dios! ¡ampáranos! Cada día que pasa me doy cuenta de la cantidad de incoherencias que este señor, allá y aquí. Odio la violencia, especialmente al verla en el cine y la TV. Por años, acepté ir al cine a ver películas de violencia, guerra, maltratos. Mi hijo, me decía cuando oía mis quejas: “¡Ah, mamá, pero ves telenovelas y películas donde la gente sufre! Para mí, son violentas todas”.
Quedaba así callada y sin posibilidad de respuesta. En efecto, la violencia doméstica, fuerte y viva, silenciosa y agresiva, se manifiesta en la mayoría de historias, series, telenovelas y demás, con frecuencia. En medio de “supuestas series para entretener”, lo presentan con tranquilidad, sin darse mala vida, el autoritarismo cotidiano, del que ya escribimos; esperemos que abundantemente. Con frecuencia, maridos, padres, jefes y también maestros, pretenden imponer su autoridad: “al pervertirla” sabiendo, o ¿no? lo que ocurre, al actuar de esa manera. Se transforman en autoritarios, indeseados, sean representantes, jefes, tutores, maridos, padres o maestros, entre las muchas posibilidades. No es fácil.
Re educarse, para todo el país es una tarea impostergable, especialmente, para quienes les han enseñado la “locura revolucionaria” desde temprana edad. No es posible entrado el siglo XXI, pretender vivir con esquemas anacrónicos, adocenados. Imitando errores o cumpliendo ¿con absurdos mandatos, ¿ parentales?
¿Es posible resistir la tentación totalitaria? Por supuesto: con educación, terapia, aprendizajes adecuados a las circunstancias y, especialmente con la toma de consciencia. De lo contrario resulta como una trampa que tendemos contra nosotros mismos: hay que ser cuidadoso/a en extremo para no pisar en falso, es decir: ceder a la tentación totalitaria, especialmente, cuando se nos coloca en una responsabilidad o cargo que represente y hay que usar la autoridad. Al sentir deseo incontrolable de mandar por encima de todo a los demás, esto debe ser una llamada de alerta, para modificar nuestra conducta. Por supuesto no es fácil.
Dicho muchas veces: ¿Hay algo fácil en la vida? Todavía no conozco esa situación. Todo es trabajo, esfuerzo, constancia y dedicación, para lograr los objetivos deseados. Además, hay que recurrir a nuestros amados santos, a Dios y a la Virgen santísima. Pedir la ayuda, para combatir esa tentación a Nuestro Señor y la Virgen María. No hay de otra.
Fuente: www.reportecatolicolaico.com
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