Por Eduardo Martínez
Estos tiempos que nos toca vivir parecen que detuvieron los relojes. Pasan los días, se convierten en semanas y meses, nos sorprenden años tras años, y las cosas nos parecen iguales. Solo que envejecemos, los problemas se agravan y simplemente nos acostumbramos.
Frente a esta aparente inamovilidad del tiempo, nos toca avanzar. Para ello es necesario tener objetivos y metas, y sobre todo, ponerse en movimiento, no dejar de avanzar hacia esas metas.
Quedarse detenido, es dejarse al abandono. ¿Pero todo el mundo se queda detenido en el tiempo? No siempre, porque hay quienes se mueven en círculos sin avanzar. Son aquellos que se oponen a los cambios. Y hay otros, que logran ser más y despertar a las masas para que avancen.
Todo avance genera cambios. Y solo quienes disfrutan el status quo, es decir el estado de las cosas en un momento dado, son los que quieren seguir en el estado de cosas en ese momento.
También podemos explicarlo con una expresión gatopardiana, propia de la cultura italiana: “cambiar todo, para que todo siga igual”.
Cuando no avanzamos, ni hacemos el intento de avanzar, es el momento en que sentimos que el tiempo se detuvo.
¿Qué hacen quienes no quieren avanzar y buscan que no avancemos?
Hacen uso de diferentes triquiñuelas. Empezando por viejas citas, como aquella del poeta español Manrique: “todo tiempo pasado fue mejor”. Expresión que tal vez es la más terrible, por cuanto nos empuja a retroceder, a regresar al pasado.
También se hace uso de otra aseveración, llena de oportunismo político: nunca antes estuvimos mejor, que por ciento siempre es utilizada cuando todo parece ir mal. Lo que denota el empleo de la estrategia goebbeliana (José Goebbels) de decir una mentira muchas veces para que sea verdad.
Pero dejando de lado pasado y presente, en el Siglo XX, y algunos en el Siglo XXI, siguen aventurándose con unas expresiones audaces, sustentadas solo por utopías, fantasías y no por realidades.
El advenimiento del comunismo y la revolución bolchevique nos trajo la idea del “hombre nuevo”, el cambiar todo para construir una nueva sociedad, más justa y darle un vuelco a las tradiciones.
Teniendo en mente las anteriores ideas, se construyeron metas intangibles e inalcanzables que animaron a las masas a la búsqueda de una utopía. Lo que empujó a moverse en círculos, sin vencer la miseria, sin alcanzar el bienestar, a nunca conseguir la deseada paz, y nunca obteniendo una sociedad más justa.
Cien años después, esa manera de detener el tiempo para no cambiar, sigue siendo la meta de trasnochados revolucionarios que en sus ideas se quedaron petrificados en el tiempo.
Aventureros sigue existiendo. Y los ilusos que los siguen, también.
¿Nos estará pasando en Venezuela?
@ermartinezd