Por Eduardo Martínez
Lo ocurrido el pasado 24 de junio, con la seguidilla de dos terremotos de más de 7 grados y después de los daños iniciales, ha desatado un desarrollo de situaciones que todavía no son percibidos en toda su magnitud.
La ola expansiva de los dos movimientos telúricos, y su tránsito hacia La Guaira y Caracas, todavía no se ha detenido. Siguen desatándose réplicas que nos recuerdan que las capas tectónicas siguen buscando su encaje como piezas de rompecabezas, unas con otras.
Todos somos sobrevivientes de esta catástrofe. Del temor propio de este tipo de eventos, se ha pasado al shock. Y la salida a ese golpe brutal es una especie de despertar, no de las causas, sino de las consecuencias. Ahí es cuando estalla la rabia.
No podemos culpar al régimen de la ocurrencia de un terremoto. Pero, en lo que sí cargan culpa -y mucha- es de las consecuencias.
Entre las preguntas que nos hacemos está el ¿por qué caen los edificios? ¿por qué murió tanta gente? ¿por qué todavía hay miles de desaparecidos? Y otros tantos porqués que con el paso de los días -ya va un mes- no obtienen respuestas.
En la historia reciente hay un sin número de acontecimientos que, a pesar de no ser iguales, han tenido similares resultados. Entre ellos, el accidente nuclear de Chernobyl en Ucrania.
El origen de esta tragedia, según publicaciones especializadas, señala que “las causas fueron una combinación de fallos de diseño del reactor nuclear, errores humanos y negligencia por parte del gobierno de la Unión Soviética al no hacer públicos accidentes previos en el mismo tipo de reactor y carecer de cualquier tipo de protocolos de seguridad”. (tomado de wikipedia)
¿Qué tiene que ver el terremoto de La Guaira con lo ocurrido en Chernobyl? ¿Por qué se parecen?
Las causas de ambos sucesos no son iguales. Eso lo demostraría inobjetablemente un análisis técnico. Algo que escapa del objeto de esta nota.
La similitud se enfoca en las consecuencias y el contexto político que permitió esas consecuencias.
En 1986, cuando estalló el escándalo de la central nuclear, la era soviética se acercaba a su fin. Los think tanks en Occidente proyectaban una implosión del régimen comunista que ocurriría en cualquier momento.
La URSS por su parte, con la hegemonía comunicacional que ejercía rudamente, contrarrestaban estos estudios con propaganda y represión interna. Lo que habían hecho por varias décadas. Creyeron que lo podían seguir haciendo.
Sin embargo, la nube radioactiva que el colapso y la explosión de las instalaciones causaron, se esparció en cuestión de horas y días al resto de países europeos. Algó que fue detectado por los satélites. No se podía ocultar.
En menos de 6 años, la URSS se disolvió. El comunismo desaparecía de Europa oriental. Fue la consecuencia política de Chenobyl – en resumen.
La Guaira 28J
Teniendo a la vista las diferencias en los fenómenos que produjeron ambos sucesos, encontramos en Venezuela un contexto similar, y las consecuencias políticas están en pleno desarrollo.
Desde 1999 en Venezuela, se inició la instauración de un régimen que quiso ser una nueva versión -socialismo del Siglo XXI- de la experiencia comunista soviética, y cuando ya la URSS había implosionado. Eso sí, una versión barata que nos ha costado fortunas. Un fracaso desde todo punto de vista.
Todo comenzó desde el primer día. El régimen no lanzó cohetes al espacio. No llevó al proclamado “nuevo hombre” a una estación orbital. No construyó bombas nucleares, ni creó cooperativas productivas ni grandes industrias estatales. Simplemente distribuyó y regaló los ingresos petroleros hasta que se le agotaron.
Para aprovechar esa ola de ingresos con fines electorales, la nomenclatura del régimen conformado por funcionarios acostumbrados a hacer fila ante taquillas de pago quince y último, los pusieron a administrar. Sabemos lo que pasó.
Entonces, para corregir los entuertos que el régimen estaba generando, se lanzaron las llamadas “misiones”. Entre ellas, la “Misión vivienda”. Había que entregar a “trocha y mocha” cientos, miles, de viviendas cada domingo.
No bastando amigos del régimen para construir estas viviendas, se recurrió a los acuerdos gobierno a gobierno. Las ciudades se vieron invadidas por ejércitos extranjeros de obreros construyendo casas y edificios. Construyeron lo que construyeron, cobraron y se fueron.
La Guaira fue una de esas ciudades. Arrasada por un deslave en 1999, y grandes extensiones de terrenos ganadas al mar por los cedimentos que las lluvias movieron, se dio inició a la construcción de pocos cientos de edificios, miles de viviendas.
Ahora, cuando dos terremotos pusieron en evidencia los errores y decisiones tomadas para las construcciones, nos encontramos que urbanizaciones enteras han desaparecido del mapa. El saldo, miles de muertes, desaparecidos y desplazados.
Las investigaciones iniciales de los ingenieros venezolanos señalan que se construyeron muchas de estas edificaciones sin realizar estudios de suelos, sin proyectos entregados a la ingeniería municipal, y hasta se advierte, que sin información alguna en los archivos municipales. Algo que adquiere el calificativo de “criminal” cuando muere tanta gente.
Hay dos advertencias previas que no se pueden dejar de lado. Las declaraciones de un ministro -responsable presuntamente de los errores y omisiones (Farruco)- donde confiesa que no se hicieron estudios de suelos, porque la prioridad era entregar las viviendas.
Así como y también, las declaraciones del ingeniero Kenic Navarro al diario El Nuevo País, hace 9 años: “las ciudades … en especial Caracas, no están en capacidad de encarar un sismo de gran magnitud”.
En las mismas declaraciones, Navarro revela por ejemplo, que las construcciones de la Misión Vivienda en Pablo VI -urbanismo Argelia Laya- los edificios 5, 6 y 7 tuvieron que ser abandonados, cuando comenzaron a inclinarse peligrosamente. Además de señalar que para ese momento, nunca el gobierno se había reunido con el Colegio de Ingenieros para abordar lo que estaba ocurriendo.
¡No pasó nada!
Las similitudes
Las consecuencias, ante durante y después, son numerosas. Teniendo orígenes distintos, la destrucción, las muertes y lo que está por venir en el caso de La Guaira 24J, es evidente.
Un régimen de naturaleza comunistoide, no respetando las normativas técnicas e ignorando los protocolos internacionales, creó unas condiciones que se habrían podido evitar: destrucción de vidas e infraestructuras.
El uso de la represión, para evitar que la población esté informada, y campañas propagandísticas para imponer narrativas oficiales, es una similitud que no se puede ocultar.
Igualmente, lo tardío de las reacciones por parte del gobierno interino en La Guaira ( se dice que por 3 días ) evitó que pudieran rescatarse atrapados en los escombros. Lo que había sucedido también en Chernobyl.
Y lo más importante, está por venir. La acción dada por ambos regímenes fue política. El pase de factura también lo será.
Nota Final. Amigos lectores: esta es una nota inacabada e incompleta. Estamos todavía ante un suceso en pleno desarrollo. Pongan también ustedes lo que han visto y enterado. Saquen sus conclusiones.
Eduardo Martínez, www.eastwebside.com