José Rodríguez Iturbe: La guerra del 98 y la ambición imperial de los  EEUU

Por José Rodríguez Iturbe

El Caribe ha sido, casi desde el Descubrimiento, escenario de confrontaciones imperiales. El control de los espacios geográficos formaba (y forma) parte, junto con la población, de la concepción global del poderío. Desde fines del siglo XV hasta fines del siglo XX (a comienzos del siglo XXI quizá tal concepción exigiría precisiones adicionales) la consolidación del dominio geográfico estuvo en función de la potencia política, económica y militar. Ello presentaba un talón de Aquiles: la necesidad de una presencia poblacional estable y creciente; y de una correlativa capacidad militar defensiva y ofensiva. Se consideraba que sin tal presencia y sin tal capacidad el imperium no sería real, sino sólo aparente; o estaría condenado a ser efímero.

En el s. XIX la complejidad en la percepción del Caribe aumenta. Además de los factores preexistentes, aparece, por primera vez, la incidencia regional de concepciones estratégicas de poderes emergentes de carácter continental. En el proceso de la Emancipación hispanoamericana la visión estratégica de mayor relieve fue la de Bolívar. El fracaso del Congreso Anfictiónico de Panamá (1826) mostró la quiebra histórica de una visión estratégica de globalidad política, que suponía la unidad operativa conjunta de la América antes española. Mostrado como imposible el sueño de Bolívar, quedó como único poder emergente hemisférico, de influencia y capacidad de negociación continental y extracontinental, la expresión histórica de la primera de las revoluciones de la modernidad: los Estados Unidos de Norteamérica.

De Thomas Jefferson [1743-1826] a Theodore Roosevelt [1858-1919] la continuidad de la política de los Estados Unidos hacia el Caribe ?más allá de lo que formalmente señalara la Doctrina Monroe? vino dada por el debilitamiento (primero) y la eliminación (después) de la presencia de España en el área. La Doctrina Monroe no sirvió (ni interesó, en realidad) contra Gran Bretaña, Francia, Holanda y Dinamarca. Más allá de la retórica, fue, históricamente, un instrumento contra España y el mundo hispanoamericano. Vistos los resultados, no es una exageración decir que fue una doctrina diseñada por John Quincy Adams [1757-1848] (y atribuida a James Monroe [1758-1831]) en 1823 para frenar el sueño de Bolívar. Además, el Destino Manifiesto y su plasmación político-diplomática en el llamado Corolario Roosevelt justificaron la injerencia norteamericana en América Latina. El Caribe latino, tanto insular como continental, no fue una excepción.

Para leer el ensayo completo:

Editado por los Papeles del CREM a cargo de Raúl Ochoa Cuenca.

«Las opiniones aquí publicadas son responsabilidad absoluta de su autor».

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