Por José Hernández
De las mejores cosas de La Odisea, en versión cinematográfica de Christopher Nolan, es que nos demuestra que el ejercicio del libre albedrío no es lineal ni siempre bonito. Nos permite entender que los nazis no se cogieron esto por muy poco, que los romanos nos entregaron al oscurantismo por miedo. Y que, eso que llamamos “civilización”, es otra quimera que ha ido existiendo en los tramos que lo permite la brutalidad y la perversión, que también pelean su lugar en el libre albedrío.
Nuestro tiempo estelar como Venezuela fue nuestra República Civil, 40 años de cierre de nuestro gran siglo XX, donde pudimos avanzar de la tiranía liberal de Gómez, a la Venezuela Moderna de Carlos Andrés.
Ese siglo XX fue nuestra Venezuela, la matrícula estudiantil se multiplicó por 100, la economía creció más del 5% durante 65 años, la infraestructura fue más humana, el Metro de Caracas, los puentes sobre el Lago y el Orinoco miles de kilómetros de autopistas, escuelas, ateneos, universidades, el sistema de orquestas infantiles y juveniles de Venezuela.
Un país hermoso y receptivo donde todos cabíamos y encontrábamos nuestro progreso. Pero ahora estamos acá, en un raro tiempo donde una burócrata educada, ejecuta los planes de un señor que nos “liberó” de un amargo personaje, pero nos dejó esa suerte de robotina, que ejecuta todas las órdenes de su humano superior.
En este tiempo nos tocó vivir un fenómeno telúrico que puede ser el peor de la historia mundial y ver como el venezolano se multiplicó por miles para encontar a sus vecinos y familiares.
Pero robotina decidió condecorar el inútil batallón de la guardia de honor presidencial, poniendo en su estandarte la condecoración Himno Nacional. Cuando, desde el 3 de enero cuando se llevaron a Nico, quedó demostrada la estulticia e incapacidad de ese cuerpo “militar”, que tampoco hizo nada tras el doblete sísmico, más allá de recoger los enseres de la casa, de alguna querida de general regordete.
Ver a los venezolanos en estos padecimientos, duele hasta en las palabras.
Robotina no tiene libre albedrío, ella ejecuta la orden. La diferencia de la acción oficial entre Venezuela y Colombia ante desastres naturales similares ha sido gigante. Allá el estado protegió al desvalido de inmediato, en Venezuela Robotina entorpeció todo, hasta que su “amo superior”, le ordenó dejar hacer a la ayuda y a los venezolanos y ella solo se apartó.
Robotina es un producto de este raro tiempo. Lo cierto es que Robotina es la mejor creación del que decidió llevarse a Nico ante los ojos cómplices de su Guardia de Honor, pero su obsecuente entrega a su amo, nada tiene que ver con la inmensa creatividad de Hanna y Barbera.
* Editorialista, Corresponsal en Miami.