Por José Hernández
El 13 de agosto pasado, demasiados bichitos celebraron el nacimiento de Fidel. Ese es un hito histérico, que la muy eficiente manipulación de las izquierdas, han convertido histórico.
Por donde se saquen las cuentas, la gestión de gobierno, siempre en dictadura tiránica y perversa, nunca se le consiguen cifras positivas. En 1959 Cuba era el primer productor de caña, rones, arroz, frijoles y ganado, vacuno y porcino de todo El Caribe, hoy es el último.
Hasta el fenómeno musical de la mayor de las Antillas, es haber rescatado de la miseria más paupérrima al Buena Vista Social Club. Rescate hecho por un músico anglosajón, que logró encontrarse con una banda de espectaculares, nonagenarios, leyendas de la música desaparecidas, que devolvieron el son a una historia triste y mustia. Con temas de mediados del siglo XX, que pusieron a bailar a la humanidad de nuevo.
Algún representante de Dios en la tierra, que pasó por la casa del anciano líder, que, uniformado de viejito, los recibía más como burla que como respeto.
En la Caracas de Nicolás la muerte de Fidel fue muy triste, se fue el consejero de alcoba de una gestión macabra, logró sobrevivir a la muerte, ¿asesinato?, de Hugo Rafael, conocida en el 2013.
Lo insólito, es que en la Venezuela de Donald Trump y Marco Rubio, el ministro de relaciones exteriores de los ocupantes del poder, en el Panteón Nacional, le rindió honores al Tirano de Birán. Cosa que no hizo ni el PC Cubano, ni el Nicaragüense.
En la Caracas de la “eficiente” Delcy Eloina, quien copia las “maromas” de los mejores aprendices de Trump, le dieron un homenaje de estado a un ser, cuyos hechos debieron llevarlo al peor de los castigos, pero murió en una casa luminosa, celebrando sus peores asesinatos.
En la Caracas de Donald le rindieron homanje a Fidel. “Mira pa eso”.
* Editorialista, Corresponsal en Miami.
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