Isabel Vidal de Tenreiro: Buena Nueva – Ábrete

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Por Isabel Vidal de Tenreiro

Effetá (Ábrete) fue lo que dijo Jesús a un sordo tartamudo para curarlo.  (cf. Mc. 7, 31-37)

El curado por Jesús tenía sordera física.  ¿Y nosotros?  Nosotros también podemos tener sordera… sordera espiritual.  Pero a nosotros el Bautismo nos ha liberado de esa sordera.  Y no sólo de la sordera, sino también de muchas otras cosas que nos impiden escuchar la voz de Dios y seguirlo a Él.

Sin embargo, hay que estar vigilantes, porque el Demonio no ceja en tratar de llevarnos a su bando, para que al final quedemos condenados.  Por eso trata de poner nuevas sorderas y nuevas trabas.

Sin embargo, después de Cristo y después del Bautismo ya hemos sido redimidos.  Y la redención nos aporta los medios necesarios para poder vencer todos los obstáculos y trabas que el Demonio nos ponga.  Pero ¡atención! porque para escuchar la Voz de Dios y vencer al Demonio, debemos aprovechar las gracias que Dios nos da continuamente.

Un sordo no puede oír a su alrededor, pero puede oír la voz de Dios en su interior.  Los no sordos también.  Y la voz de Dios puede ser una idea, un impulso para hacer una obra buena, o un consejo de alguna persona.

Cuando San Juan Bautista manda a preguntar a Jesús si era el Mesías esperado, Jesús le manda a responder: “Vayan y cuéntenle a Juan lo que han visto y oído:   los ciegos ven, los cojos andan, los sordos oyen, los leprosos quedan sanos, los muertos resucitan, y la Buena Nueva llega a los pobres” (Mt. 11, 4-5 y Lc. 7, 22-23).  Y San Juan Bautista entendió clarito todo lo que Jesús le mandó a decir.

Notemos que, además de referirle las curaciones, Jesús le hace saber algo muy importante: “la Buena Nueva ha llegado a los pobres”.  ¿Por qué Jesús habla de pobres?  ¿Querría decir que la Buena Nueva no era para los que tenían dinero y propiedades?  ¡De ninguna manera!

Es que la pobreza puede ser material o espiritual.  Y la pobreza material –por supuesto- hay que tratar de remediarla, mientras que la espiritual hay que promoverla.

Entonces… ¿qué será eso de pobreza espiritual?  Pobreza espiritual no tiene que ver con dinero.  Pobreza espiritual es lo contrario a la auto-suficiencia y al orgullo espiritual.  Consiste en confiar en Dios tan plenamente, que sabemos que dependemos de Él y nos consideramos absolutamente necesitados de Él… al punto de reconocernos incapaces si Dios no nos capacita para cuanto debamos hacer.  Consiste en estar convencidos que NADA somos sin Dios.

Por esto nos dice el Apóstol Santiago: “¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres de este mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del Reino que prometió a los que lo aman?” (St 2, 1-5).

¡Ojo entonces!  Porque una de las condiciones para heredar el Reino es la pobreza espiritual.  Y otra, vencer la sordera espiritual.

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