La importancia de llamarse Luis Herrera Campíns, 100 años después

Por Eduardo Martínez

A inicios de la década del 70 del Siglo XX (1971-1972), dirigentes estudiantiles liceistas fuimos convocados a una reunión privada con el precandidato Luis Herrera Campíns. El lugar, en la mezzanina abierta de la Torre Lincoln. Un recién construido edificio donde se iniciaba la Calle Real de Sabana Grande. El día, un sábado  cerca del mediodía.

Para nosotros, adolescentes con ganas políticas pero con un incipiente conocimiento doctrinario y político, era otra oportunidad de conocer a “otro” dirigente copeyano. Aunque un sábado en la mañana, luego de una semana de clases, el encuentro resultaba poco tentador.

Tal vez, perdidos los números en el recuerdo, estábamos presentes poco menos de dos docenas de estudiantes.

El primero en llegar fue Abdon Vivas Terán. Un dirigente todavía representativo de la juventud copeyana. Dando tiempo, nos habló del dirigente que poco después llegó para hablarnos. Sin embargo no nos habló, conversó con nosotros.

Hasta ese momento, ¿quién era para nosotros Luis Herrera Campíns?. Eran variados los comentarios que hacíamos entre nosotros. Iban de lo político, a lo cotidiano. Pocos le conocíamos personalmente. Y quienes lo conocían, ninguno podía decir que fuera su amigo. Esa amistad, en esas edades nuestras, quedaba para los mayores a nosotros.

Luis, como le llamábamos luego entre nosotros, empezó a hablar de una forma distinta a cuantos habíamos conocido. Con cada palabra y expresión, nos llegaba. No sentimos la diferencia de la edad. Pasaba de lo divino a lo cotidiano, en un lenguaje sin diccionarios. Sin hacerle preguntas, contestaba nuestras inquietudes. Era cercano.

En esa etapa de su precampaña, era serio y de poco reir. Aunque no estaba exenta su conversación de pasajes históricos, de anécdotas y dichos salpicados de un fino humor.

Sorprendidos, salimos ese día del encuentro de Sabana Grande con renovados impulsos para la vida política. Una cosa es querer ser. Otra cosa es saber por qué se lucha. Ese día, habíamos conocido por qué luchábamos.

Luis Herrera no se impuso en esa ocasión con la candidatura. Nosotros no perdimos el impulso, y continuamos luchando aún después de finalizado su período presidencial.

De ese episodio, inolvidable en nuestras vidas, han pasado 53 años. Años en los cuales hemos comprendido que cada generación tiene sus motivaciones, visiones y responsabilidades políticas.

La generación de Luis Herrera Campíns -hasta llegar a la inmediatamente anterior a la nuestra- fue luchar por la instauración de la democracia en Venezuela. A la nuestra, nos tocó defenderla en los espacios y momentos en que nos desempeñamos como dirigentes estudiantes, en la plenitud de nuestra juventud.

Pero … ¿Cómo llegó Luis Herrera Campíns a ser la persona, que en esa mañana de febrero de 1972, se reunió con nosotros?

Los inicios

Han pasado 100 años luego que en Acarigua, estado Portuguesa, naciera Luis Antonio Herrera Campíns (4-5-1925). Hablar luego de un siglo, requiere que abordemos ese momento y ese lugar. Algo que Luis Herrera recordaba con frecuencia. No solo con la circunstancia de su nacimiento, sino en el sentido político en general.

Venezuela era un país rural. El petróleo comenzaba a impactar y cambiar la sociedad. Se consolidaba en un solo caudillo, la guerrilla de caudillos post independencia. Nuestras ciudades eran pueblos, unos más grandes que otros, pero pueblos al fin y al cabo. Es esa la Venezuela que vio nacer a Luis Herrera.

En esos años, las “familias de bien” emigraban desde lo profundo de la geografía nacional hacia las ciudades más grandes. El objetivo, proporcionar educación para sus hijos. Es en ese primer momento migratorio interno en el cual los Herrera Campíns llegan a Barquisimeto. Y para los años 40, el impacto del petróleo había cambiado la interpretación de progreso que habían tenido los venezolanos desde la época colonial.

Luis Antonio no escapó de esas visiones de desarrollo. El venezolano salía del encasillamiento de dos visiones del Mundo, para tener opciones ante si, varias opciones.

Camino a Caracas

De profundas convicciones católicas, ese joven de la provincia abrazaría desde temprana edad el ideario político de lo que se llamaría el “humanismo cristiano”. Un ideario más allá de una doctrina religiosa.

No solo estaba cambiando Venezuela. También cambiaba el Mundo. Y ese torbellino de progreso, de convulsiones y confrontación de ideas, junto a lo que había llevado a sus padres a trasladarse a una ciudad de la provincia más grande, fue lo que lo trajo a Caracas para estudiar en la universidad.

Luis Antonio no llegó solo. En Caracas se encontró con otros jóvenes con sus mismas creencias, incipientes ideas y motivaciones. La academia, su lugar de reunión. La pensión, la residencia donde compartir la vida cotidiana. Las pocas cuadras, entre la pensión y la universidad, las calles que lo conectaban con la cotidianidad y el venezolano “de a pie”. Esa población, entonces mayoritaria, que como siempre había sobrevivido a las penurias y falta de oportunidades.

A ese Mundo de la gran capital, habría que sumar lo que ya traía del estado Lara: la visión impactante de la pobreza de la ruralidad venezolana.

Todo ese conjunto de experiencias y conocimientos, despertó en él el sentido social que siempre lo acompañaría en su ciclo vital.

Su vida capitalina lo colocó en las “grandes ligas” venezolanas de la acción política. Su partido: COPEI, fundado en 1941.

Si bien era un partido pequeño, frente a Acción Democrática y URD, y menos conocido que el Partido Comunista de Venezuela (PCV), en COPEI Luis Herrera llegaría a ser el fundador del brazo juvenil: la Juventud Revolucionaria Copeyana (JRC), redactor del diario “El Gráfico”; importante dirigente universitario en la dictadura militar nacida en 1948,  y finalmente, huésped obligado en los calabozos de la Cárcel del Obispo. Trayectoria que lo arrastró finalmente al exilio en Europa.

El exilio

Europa fue la consolidación de las capacidades y conocimientos intelectuales de Luis Herrera Campíns. Allí culminó sus estudios, los amplió, aprendió idiomas y dio inicio a una fructífera etapa de reflexión y amalgamiento de las ideas con las realidades.

A su grado de abogado en Galicia en España, prosiguieron sus estadías en Inglaterra, Italia y Alemania. Estadías de estudios y encuentros con la Democracia Cristiana internacional, tanto de políticos, como de hombres de Estado y pensadores.

A pesar de estar a miles de kilómetros de distancia, y con las cercanas limitaciones de dinero que le cercaban, Luis Herrera no dejó ni por un momento de estar pendiente y activo en la actividad política venezolana. Es en este contexto en el cual nace TIELA (1953).

El Triángulo de Información Europa Las Américas –(TIELA) fue la manera de sobrepasar la censura y la falta de información de lo que pasaba en Venezuela, y las actividades de los dirigentes políticos copeyanos que se encontraban en el exilio. Una iniciativa en la cual Luis Herrera Campíns fue figura angular.

Un hombre del futuro

En ese gran esfuerzo, de características epistolares, se publica en febrero de 1957 un análisis y propuestas fundamentales para el futuro que se avecinaba: “Frente a 1958”, subtitulado “Material de discusión política electoral venezolana”.

En esta propuesta de Herrera Campíns, y con la que cualquier coincidencia con la coyuntura actual es “mera coincidencia”, señaló: «Soy de los que creen con firmeza de convicción en la recuperación democrática a través de los caminos cívicos del sufragio universal. La vía engañosa de la conspiración o del golpe de Estado parece más corta, pero presenta riesgos terribles que la experiencia histórica demuestra con bastante claridad«.

La caída del régimen de Marcos Pérez Jiménez, toma por sorpresa a Luis Herrera Campíns, al igual que a los integrantes del exilio venezolano. Él se encontraba en Munich estudiando el segundo año de Filosofía en la universidad. No perderá tiempo para forzosamente suspender los estudios formales y regresar a Venezuela lo más pronto posible. Llegaba en su vida el momento de cosechar lo que venía sembrando desde su inicio político en los años 40.

Con el reinicio de la democracia venezolana, suspendida en 1948, Luis Herrera tendrá en su carrera política “Norte Franco”, como dicen los marinos.

Será diputado y senador, miembro de la dirección nacional de COPEI, y precandidato presidencial en 1972. Es en ese entonces cuando el peregrinar de Luis Herrera Campíns se cruzó con los caminos de nuestra generación.

Post data

Finalmente, Luis Herrera ganaría las elecciones presidenciales en 1978, siendo presidente constitucional para el período 1979-1984.

Una cita final:

Si algo ha dañado a la política venezolana, es la indecisión. La tradición republicana nos habla de esperanzas y oportunidades perdidas por la manía de evitar hablar claro y adoptar medidas de franca definición necesaria. El pueblo está cansado de escondites de ideas, de «candelita» de actitudes. Exige a sus representantes una línea coherente, adoptada a tiempo. En política, como en la vida, hay que tener en cuenta la oportunidad de los planteamientos para impedir que ellos sean extemporáneos. Estar a la caza de la oportunidad, es ser oportunista. Pero saber utilizar la oportunidad, aprovechar la coyuntura histórica para empresas de bien común; de superación nacional, es ser patriota y políticos realistas. En política, además, hay que prever. No se puede vivir al día, pensando hoy en las sorpresas del mañana. Dentro de los límites de la humana previsión, hay que tratar de deducir el curso de los acontecimientos. Los inmediatistas, por eso, aunque cosechen triunfos efímeros, están condenados al fracaso más absoluto.

Artículo publicado en el diario Panorama, 7-11-1958

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