Hermann Petzold: Reflexión cristiana sobre la organización popular en la Venezuela de hoy

Por Hermann Petzold Pernía

El ser humano es esencialmente un ser social, como acertadamente lo afirma la DSI. En el libro del Génesis se narra poéticamente como Dios creo al hombre, Adán, y al contemplar la soledad óntica de este se dijo a si mismo (pues también aparentemente estaba solo): No es bueno que el hombre esté solo. Le voy a hacer alguien que sea una ayuda adecuada para él… Dios el Señor hizo a la mujer y se la presentó al hombre. (Gn 2, 18).

Ahí se explica con una bella metáfora el carácter esencial de la sociabilidad humana que presupone un pluralismo social, tal como pertinentemente se expone en el Catecismo de la Iglesia Católica: Con el fin de la participación del mayor número de personas en la vida social, es preciso impulsar, alentar la creación de asociaciones e instituciones de libre iniciativa para fines económicos, sociales, culturales, recreativos, deportivos, profesionales y políticos tanto en el plano de cada una de las naciones como en el plano mundial. Esta socialización expresa igualmente la tendencia natural que impulsa a los seres humanos a asociarse con el fin de alcanzar objetivos que exceden las capacidades individuales.

Desarrolla las cualidades de la persona, en particular, su sentido de iniciativa y de responsabilidad. Ayuda a garantizar sus derechos ( Cf.Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, p.100.

A mi juicio hay por lo menos dos antecedentes de la organización popular en el Nuevo Testamento de los cuales es posible deducir los lineamientos de una reflexión cristiana sobre este tema. El primero es el llamado Milagro de la multiplicación de los panes y de los pescados del cual aparecen dos versiones en el Evangelio de San Mateo.

Es un atardecer en la Palestina de aquel tiempo y Jesús, al concluir su predicación , en vez de seguir la recomendación de algunos de sus discípulos de que pusiera fin a la multitudinaria reunión y que dijera a los participantes en la misma que se fueran a las aldeas vecinas a ver como individualmente resolvían su perentoria necesidad de alimentos, pregunta a aquellos que hay y le responden que cinco panes y dos pescados y entonces ordena que los se traigan y que las numerosas personas se sienten en la hierba como en una especie de camping vespertino y luego procede a bendecir a los referidos alimentos, los cuales seguidamente parte y entrega para su distribución a multitud acampada , pudiendo comer todos los presentes y quedando muchas sobras que son recogidas en varios canastos( Mt 14 ,13-21).

Pues bien qué relación tiene ese milagro con el tema de mi exposición? Que el milagro requirió el aporte de bienes producto del esfuerzo humano y que estos alcanzaron a satisfacer el hambre de todos porque existió la solidaridad, es decir, la voluntad de compartir los alimentos entre todos. Allí hubo una incipiente y transitoria organización popular cuyo valor fundamental fue la solidaridad.

El otro antecedente lo encontramos en la obra Hechos de los Apóstoles donde se narra cómo funcionaba la iglesia cristiana primitiva en Jerusalen: Tod0s los creyentes estaban muy unidos y compartían sus bienes entre si, vendían sus propiedades y todo lo que tenían y repartían el dinero según las necesidades de cada uno .Todos los días se reunían en el templo , y en las casas partían el pan y comían juntos con alegría y sencillez de corazón (Hch 2, 44-46). En esa exposición vemos como el valor fundamental de la organización eclesial primitiva es también la solidaridad que lleva a actuar de conformidad con el principio de justicia concreta A cada quien según sus necesidades.

Justamente, el filósofo francés Jean Paul Sartre expresa: Y queriendo la libertad, descubrimos que ella depende, enteramente, de la libertad de los demás y que la libertad de los demás depende de la nuestra….desde que hay compromiso, estoy obligado a querer, al mismo tiempo que mi libertad, la libertad de los demás , no puedo tomar mi libertad como fin , más que si tomo , igualmente , la de los demás como fin. ( L¡ Existecialisme est un humanisme, 1970,pp.83 84). En consecuencia, todos y cada uno de los seres humanos, como tales, somos los guardianes o protectores de nuestros semejantes o prójimos (Lc 10,29-37) y no cabe la excusa de Caín (Gn 4,9.4)

En Conclusión se puede afirmar que, ante la gravísima situación política, económica y social que padecen los habitantes de la Venezuela actual, la organización popular que se manifiesta concretamente con la fundación o constitución de asociaciones de diversa naturaleza, tales como sindicatos, gremios, asociaciones de vecinos, grupos de defensores de los derechos humanos, etc. debe tener como valor fundamental intrínseco a la solidaridad cuyo telos o fin último debe ser el bien común.

*Profesor titular emérito y ex decano de Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la Universidad del Zulia.

Editado por los Papeles del CREM a cargo de Raúl Ochoa Cuenca.

«Las opiniones aquí publicadas son responsabilidad absoluta de su autor».

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