Gloria Cuenca: El Divino sordo – implicaciones

Por Gloria Cuenca

Me gustó la música de Ludwig V. Beethoven desde siempre. Mi adorado hermano Raúl, (QEPD) me enseñó a escucharlo, admirarlo y amarlo con toda la fuerza de la que se es capaz, al oír y sentir las maravillas que escribió y nos legó: la V Sinfonía, con su imponente primer movimiento; la indescriptible IX Sinfonía Coral, con la extraordinaria “Oda a la alegría”; entre muchas otras, todas inolvidables.  

Con sorna Raúl mi hermano, dijo: “Glorita si no te conmueves al escuchar esta Sinfonía, (la V o la IX, de las más reconocidas y famosas) estarás perdida para la cultura y la música”. La respiración se me acelera al recordar el momento.

En los primeros minutos al escuchar la música, increíble y grandiosa, me sentí transportada a otros niveles, yo era muy joven. Se trató de melodías espectaculares e inolvidables, para siempre. Quedé sin habla. Concluyó: “Imagínate se quedó sordo. Compuso más de la mitad de su música grandiosa sin tener nada de audición. Un genio sordo. Conocido por `el divino sordo´”.

No lo podía entender, tampoco comprender, hasta ahora: cuando padezco de esta pérdida de audición, como conté. Lo que, pretendo superar con los aparatos para oír, audífonos.

Seguramente, resulta impactante leer y escuchar: se puede aceptar y hasta bendecir la sordera.  Entiéndase, la creatividad no se pierde al ser sordo o escuchar menos, tal vez, se ¿incrementa?

Obviamente, la soledad interna, el silencio interior o como quieran llamarlo, estimula la producción de la literatura y la música, con certeza. También, probablemente aparecen y existen espacios de creación; el mundo de afuera, perturba. Puede complicar la creatividad.

El “divino sordo”, denominado así con justicia,  además es, una forma de decirnos: es posible, puedo seguir adelante, a pesar de esta dificultad. El manejo de nuestro espacio interior requiere creatividad:  fundamental la Fe en Dios; rezar, orar, leer y ver; sobre todo lo referido al humano con relación a Dios Nuestro Señor, parte trascendental de la posibilidad existencial de continuar la vida en solitario.

Ser o estar solos, ¿qué implica? Muchas cosas pueden ocurrir: ¿estamos solos? O, ¿acompañados por Dios y la Virgen? ¿consigo misma? ¿sentirse abandonado/a, al perder la audición o buena parte de ella? Les comento, sí la sensación se incrementa, para resolverlo y mejorar nuestra condición, es por la vía de la Fe. Tal vez, la ayuda terapéutica contribuya.

En Europa, también en Norte América, hay numerosas  ayudas para los ancianos. En España, a donde he ido en diferentes etapas de mi vida, he visto la preocupación y la ocupación que tiene el Estado para quienes nos encontramos en la época final de la vida.

Se observa y se nota que, los jóvenes tienen consciencia de lo que implica ser de la Tercera Edad. (Eufemística denominación, para eliminar la palabra viejo/a del vocabulario cotidiano) Impresiona el tratamiento y la conducta para con los ancianos; su buen trato al contar con las ayudas organizadas y estructuradas desde el gobierno, más bien desde el Estado, para hacerlas constantes y precisas. Imagino que también se habrá educado en ese sentido, a los jóvenes de diferentes generaciones, actúan conforme al mismo patrón: gentiles, preparados y considerados hacia los adultos mayores. (Otro eufemismo)

Vuelvo al gran músico, un genio con mala suerte en el amor, según hemos sabido a partir de un film muy interesante. Se enamoró “solo” y no alcanzó la realización de la pasión amorosa. Al pensar en esto, recuerdo a mi madre, (mujer sabia e inteligente) me decía: “pobre de quienes no han conocido el amor. Es cómo sí no se ha vivido”

Afortunada, así me considero. Conocí el amor en todas sus dimensiones: amé apasionadamente, sufrí celos, angustias, e inquietud; regresé a lo máximo: al amor en su particular expresión individual. Sé de la intensidad del amor maternal, también del fraternal y el amistoso; de un afecto especial por los alumnos, del amor a los animales y, a la naturaleza. Del amor a la vida, en definitiva.

El amor me ha sostenido y ayudado a seguir adelante.  ¿Sorda? Tal vez, me quede en algún momento sin oír; no obstante, diría mi mamá: ¿Qué importa? Conocí plenariamente el amor, lo demás ocurrió consecuencia del sentimiento grande: los hijos, maravillosos, los nietos grandiosos, los triunfos innumerables, las satisfacciones al máximo. ¿Traiciones, derrotas, fracasos? También sucedieron y complementan este proceso sorprendente de estar con un gran silencio interno, poblado de recuerdos, aventuras, luchas, arrepentimientos, logros, dificultades, y haber soportado malas acciones en contra de nosotros: conocer, sufrir perdonar y auto perdonarse; todo cargado con la intensidad característica de la autora de este artículo.

¡Ah del “Divino sordo”! y luego llegar a la apasionada Gloria G, de regreso, arrepentida, perdonada, hija de los extraordinarios, Drs. Humberto Cuenca B y Gisela Valladares V. ¡Dios siempre bueno conmigo! También me concedió la gracia y el premio de hijos y nietos maravillosos; a la vez: vida recta, honesta, honorable. ¡Agradecida!   .-

Fuente: reportecatolicolaico.com
«Las opiniones aquí publicadas son responsabilidad absoluta de su autor»

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