Por Gloria Cuenca
Recuerdo, por si lo olvidaron o no leyeron el artículo anterior, el autoritarismo es “la perversión de la función de autoridad”, (concepto de Hugo Calello). Lo uso ahora, para hablar con relación a la política. Al hablar con sentido aristotélico, se puede señalar a la “polys”, la ciudad; es donde ocurren los más importantes y trascendentales acontecimientos a los…ciudadanos. La acción se revierte, y nos transformamos en ciudadanos. Interactuamos en su interior. Por otra parte, el politólogo, Karl Deutsch expresó: “la política, la ciencia de lo posible”. En una oportunidad el inolvidable historiador Manuel Caballero, me señaló: “No pertenece a Deutsch; la frase originaria pertenece al ministro Bismarck, solo que éste la popularizó”. Lo primero, interesante de apuntar, es que dentro de la “ciencia de lo posible” puede pervertirse la función de autoridad. ¡Ay de nosotros en la “polys”, si eso sucede! Conociendo lo expandido que está el autoritarismo, cómo se ha generalizado, nos podemos dar cuenta de que, una persona formada de esa manera, es decir, autoritariamente, traslada su práctica con frecuencia, hasta inconscientemente, su acción de desde la vida diaria, al ámbito de la política.
Al pensar en el esquema represivo, que está implícito en ese tipo de actuación, observamos en la práctica, para quien no tiene principios, resulta más fácil gobernar por esa vía que, en democracia. Obviamente, el autoritario/a tiene una sola instrucción: “yo mando, usted, obedece”. Mientras qué, en democracia, hay que consultar a muchas personas sobre su parecer, opinión, deseo, escuchar a todos: los que están de acuerdo y los que no, para llegar a la decisión y actuar en consecuencia. El autoritarismo en política, “facilita” la acción al ser impuesto por la fuerza. Por supuesto, no toma en cuenta los deseos, las necesidades, mucho menos el sentimiento de las personas, se exige “obediencia ciega y pronta”. La historia “Maestra de la vida, heraldo de los tiempos”, permite saber cómo pueden terminar esos procesos de autoritarismo-dictatorial. Me siento reiterativa, cuando expongo ideas tan trajinadas y debatidas; no obstante ¿olvidadas?
No tengo dudas sobre la importancia de la autoridad. Cuando un padre o una madre, con rigor y fuerza dice: “No, no irás allí”. Casi siempre, está protegiendo la vida del hijo/a. Puede ser que moleste esa decisión, pero es necesaria, en determinado momento. Imaginemos la voz autorizada del médico cuando dice: “Hay que operar, de inmediato”, y se empieza a cuestionar la decisión; ocurre, a menudo: “Usted, es el responsable por desacato a mi autoridad. Salvo mi responsabilidad, escriba un documento, expresando que no se quiere operar”. Palabras más, palabras menos, es lo que se decide hacer en esos casos.
Sin embargo, el autoritarismo en los partidos políticos, en la vida política es también grave. “Bajan la línea”, la tienes que seguir. Te dicen: “Después se explica. Obedezca y transmita lo que se acordó. Actúe en consecuencia. Respete la línea.” Lo de “yo obedezco” ante la instrucción puede ser un acto de docilidad, sometimiento o amor. Si fuese por amor, lo justifico. Amas tanto, que en determinadas circunstancias tu aceptas hacer lo que, de buenas maneras, se te pide. En oportunidades, se trata de miedo y por lo tanto, se cede por temor. No es lo mismo. Entonces la petición se transforma en una orden desagradable de cumplir. Se accede, como he señalado, por temor a la represalia.
Mientras, cuando se trata del partido político, de la política en general; en oportunidades no nos damos cuenta de lo que progresivamente va ocurriendo. Aceptamos las normas, impuestas, muchas veces sin decirlo, por parte de quien comanda. En oportunidades nos sentimos confundidos, no sabemos que hacer. No tenemos tiempo para discernir y “obedecemos, sin mucho pensar”. Será siempre un error, acatar lo que sea sin pensarlo; en oportunidades, parece que no lo pensamos y sucede que ya lo hemos pensado, y hasta rechazado. No obstante, actuamos en consecuencia; o a veces, resultamos convencidos a última hora. Casi siempre se hace siguiendo al líder; Se requiere del “carisma” y determinadas características.[1] Pronto se puede dar cuenta una, de las condiciones de quien aspira o ya ejerce la conducción del grupo, sector, comunidad entre otras secciones de la población para llegar a un propósito.
Progresivamente, al observar la actuación, nos damos cuenta: ¿se trata de un conductor autoritario o democrático? También existe, el liberal, “el de dejar hacer, dejar pasar”, hay un punto donde el autoritario logra convencer, por la posible presión amenazante y de seguida, habrá quien lo siga porque lo considera conveniente, y también por temor a la represalia. Es el momento en donde el guía autoritario, surge en la política y asume la conducción de las acciones,
Insisto, es una “perversión” y como tal dañina. Aceptando aquellas circunstancias y situaciones donde la autoridad se impone por necesidad. Trabajar la democracia, constantemente, asumir sus retos e implicaciones, tal vez también, debemos decir ¿costos? requiere de consciencia ciudadana elaborada, crecida, madurada, concretada y producto de la reflexión constante, de educación y el conocimiento al padecer los horrores del autoritarismo en la política y como consecuencia, en toda la sociedad. ¿Será que lo comprendemos? ¡Dios nos libre de esa tentación!
[1] Ver al respecto la reedición del libro “El Líder “ del colega Marco Torre.-
Fuente: www.reportecatolicolaico.com