Desde la creación del bolívar como unidad monetaria en 1883 hasta el día de hoy, nuestro sistema económico ha tenido como unidad monetaria al bolívar, pero siempre referenciado en dólares. En un país que fue primero exportador de cacao y café y luego de petróleo e importador de todo lo demás, la convertibilidad de un bolívar a la razón de 0,3225806 gramos de oro de ley 21 de oro dejaba al sistema cambiario nacional (hasta la fundación del Banco Central de Venezuela) como simple caja que permutaba divisas extranjeras por bolívares a un cambio fijo.
Es una historia de estabilidad de precios que comienza a socavarse por etapas:
1960: eliminación de las restricciones para el financiamiento del déficit fiscal.
1971: fin de la convertibilidad del dólar.
1974: se suspende el respaldo de 33% en oro y divisas para la emisión de dinero.
1999: propuesta de reforma constitucional que contemplaba la autonomía del Banco Central de Venezuela (BCV) y le prohibía supeditarse a las directrices del poder Ejecutivo.
2000: comienza la entrega de ganancias cambiarias.
2005: cambio del destino del aporte petrolero y creación de un nuevo mecanismo de financiamiento de programas
2010: pérdida absoluta de la autonomía del BCV.
Es el relato del advenimiento de la emisión irresponsable de dinero de la trama populista del “rentismo” petrolero y de la extracción de rentas desde los actores potencialmente productivos hacia los gestores de la cosa pública y sus aliados de ocasión.
Quizá siempre tuvimos a un país medido en dólares cuya expresión en bolívares fue en sus inicios fija y luego administrada a conveniencia de los gobiernos de turno.
