Francisco Contreras: La visión extrema de las consecuencias económicas globales de la guerra

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Por Francisco J Contreras M

Este conflicto está validando la vulnerabilidad existencial del mundo y al mismo tiempo su desafío anti frágil, en tiempo real y hasta un futuro próximo se arbitrará el destino del valor económico global hacia el gasto más reproductor de desorden irreversible e irrecuperable: el gasto militar.

El rearme general está en la hoja de ruta hasta en el más remoto pensamiento de la gente, como fue una prioridad la reindustrialización en 2020. Esta transición a una economía de guerra reforzará el peso del estado en la economía al redirigir los recursos directamente a la base industrial de defensa.

Habrá al mismo tiempo un shock demanda y uno de oferta. El de demanda deriva de la reacción de los consumidores e inversores ante el fuerte aumento de la incertidumbre. El consumo de los hogares debe disminuir a favor del alargamiento previsivo de los ahorros para hacer frente a la satisfacción de las necesidades básicas futuras. Los signos de la caída de la inversión están presentes, y las empresas adoptaran una postura de mesura y de espera, excepto en los sectores relacionados con la defensa, es lo que refleja la evolución de las bolsas de valores del mercado global. También es probable que el comercio internacional se deteriore. Por el lado de las exportaciones, el deterioro obedece a la misma lógica que la caída de la demanda interna. Por el lado de las importaciones, el aumento de los precios de la energía, los minerales y ciertos productos agrícolas aumentará mucho la factura.

El shock de oferta proviene principalmente del alza en los costos de la energía, el petróleo ya ha subido un 20% frente al 80% del precio del gas desde hace una semana. El Brent pasó de 91 dólares a 111 dólares y el precio spot del gas en la Zona Euro pasó de 95 euros/MWh a 175 euros/MWh. Lo mismo ocurre con una serie de metales de los que Rusia es un importante proveedor, como el paladio, el vanadio o el titanio, metales esenciales en particular para la industria del automóvil y la aeronáutica. Ucrania es un importante exportador de trigo y el 36% del comercio mundial de trigo (y el 80% del aceite de girasol) pasa por el Mar Negro. Las cadenas de suministro sufrirán nuevas rupturas y trastornos que generarán un incremento en los costos de producción. Las filiales de empresas globales establecidas en Rusia (así como las sucursales establecidas en el mundo de las empresas rusas) irán al cierre, de este modo Rusia transita inexorablemente la ruta del confinamiento. Finalmente, los costos de transporte también subirán, en particular el flete aéreo con Asia debido a las prohibiciones de sobrevuelos desde Rusia, pero también el flete marítimo.

Estos dos males de -oferta y demanda- se reforzarán mutuamente en su impacto negativo sobre la actividad económica. Por otro lado, el efecto neto sobre los precios dependerá de su tamaño relativo de cada uno entre sí. El shock de demanda tiene un efecto depresivo sobre los precios, mientras que el de oferta tiene un impacto inflacionario. Creemos que el shock de oferta será mayor.

Los líderes del mundo occidental se encuentran ante una disyuntiva económica compleja, porque un impacto de oferta siempre trae consigo el difícil equilibrio entre inflación y desempleo. El problema es que las opciones ahora se reducen por las consecuencias de las compensaciones pasadas a favor del desempleo durante la crisis de Covid-19. Es en un contexto de inflación anual ya galopante del 5,8% en la zona euro y un 7,5% en EEUU y de elevado endeudamiento público (100% del PIB en la zona euro y 133% en EEUU) que se hacen presentes con este conflicto. Sin embargo, este arbitraje podría cambiar si la situación de antagonismo con Rusia se prolongara y se convirtiera en una carrera armamentista. La prioridad política pasaría entonces a ser el apoyo a la actividad económica y la defensa, “cueste lo que cueste”. El “cueste lo que cueste” servirá de coartada para el retroceso de la democracia.

No creemos que una contención administrativa del alza de los precios del gas, del petróleo y de la energía en tanto que la situación de conflicto sea lamentablemente duradera. Es de esperar una limitación del consumo de gas y petróleo, porque estratégicamente sería bueno estabilizarlo o incluso reducirlo.

Si el conflicto con Rusia continúa, los gobiernos no podrán prescindir del aumento de los impuestos. Quien dice guerra, dice esfuerzo bélico y aportes bélicos. Tal medida extraerá recursos del consumo privado hacia el consumo y la inversión pública y tendrá además un efecto bastante deflacionario. A parte del confinamiento que le espera a Rusia se debe considerar que el peso de la carga para occidente se reparte entre 671 millones de habitantes, mientras que en Rusia recae sobre 144 millones. La apuesta de Putin es un desolador, de inimaginable pérdida de valor social, y sufrimiento para todos en el mundo.

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