España: Del “no pasarán” comunista al verdadero fascismo y al resurgir democrático

Por Eduardo Martínez

El siglo pasado, en plena guerra fría, la principal acusación en Occidente era de tildar de “comunista”  a quién adoptara posiciones críticas de contenido social.

No todos los acusados eran comunistas. Pero el calificativo era suficiente para que las dictaduras militares latinoamericanas, asiáticas y africanas, desataran una feroz represión para evitar cambios de gobiernos.

Como contraparte, la izquierda no encontró una contraposición con el viejo calificativo de fascista, tanto a estos gobiernos, como a los partidos democráticos. El léxico lo imponía desde Moscú la internacional comunista.

Había dos grandes bloques en el Mundo, que con gran ligereza calificaban de comunistas y fascistas. Una calificación que se arrastraba desde el fin de la Primera Guerra Mundial.

Quien tenía una posición central, los comunistas lo veían como fascista, y la derecha como comunista.

Este fue el Mundo en el cual tuvieron que abrirse paso los movimientos y partidos de la Democracia Cristiana.

Con el desmoronamiento de la Unión Soviética (1991), esta división maniquea también se rompió. Lo que abrió paso a una mayor democratización de los países entrampados en los designios que hasta ese momento se dictaban desde Moscú. Por supuesto que, el proceso había comenzado unas décadas antes, cuando el Partido Comunista Italiano (PCI) -el más grande de Occidente- había tomado la decisión de adherirse al llamado Eurocomunismo (1970-1980). Una nueva manera para los partidos socialistas de hacer política: pluralistas y pluripartidistas. Lo que rompía con el esquema soviético de partido único y dictadura del proletariado, con un sistema de propiedad colectiva en manos el Estado.

Eso acabó con la ficción utópica del marxismo.

Sin embargo, abjurando del comunismo, los otrora comunistas no abandonaron los calificativos de revivir un fascismo que no existía. El discurso no cambió, con su carga de calificativos y descalificativos.

Por eso no debe extrañarnos que se sigan organizando congresos, seminarios, conferencias y protestas “anti fascistas”. En un afán de retrotraer experiencias como las de la Guerra Civil de España (1936-1939). Por lo cual, es bueno recomendar la lectura de las declaraciones del mexicano Octavio Paz, prominente figura de los dos congresos antifascistas de la España Republicana (1935 en París y 1938 en Valencia).

La ignorancia siempre tiene la cualidad de ignorar la historia. Primero, porque no la conocen. Y segundo, porque no tienen el más mínimo interés de conocerla. Aunque es oportuno recordar frases de esa época: “No pasarán”. Resulta que no solo pasaron, sino que los aplastaron para nunca más levantar cabeza.

A pesar de la experiencia falangista, con Francisco Franco a la cabeza, hoy en día España disfruta de la paz democrática. País cercano por la tradición, el idioma y las creencias, dónde no solo se realizan elecciones, sino que también los resultados se respetan.

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@ermartinezd

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