Entrevista imaginaria al bolerista de América: Felipe Pirela

Por Gustavo Cabrera

“Desde muy pequeño quise siempre ser algo en la vida/ La pobreza era mi sino, mi mente triste y viajera/ Mas en mi garganta un hilo triste de dolor cantó/ Me lance a los cuatro vientos y luché con el destino / Fui bebiendo en el camino hambre, tristeza y dolor/ Crucé mares sin destino y vencí estando vencido/ Y hoy como pago recibo cruel egoísmo y traición. / Lo que es la vida, este mundo en que vivimos/ Por vencer mi cruel destino ahora me quieren hundir/ Lo que es la vida, me persiguen y maltratan, crucifican y me acusan de algo que no cometí. / Lo que es la vida, lo que puede el egoísmo / La envidia que es terca y mata, / Como a Cristo se me achaca el crimen que no viví. Autor Felipe Pirela. Canción Lo que es la vida. 1970.

Entrevistar a Felipe Pírela no resultó nada fácil. Sus compromisos artísticos y problemas legales se lo impedían, hasta que una noche, me estacioné cerca de su camerino, al finalizar su recital de boleros y dejar atrás su fans, me dijo: “Vamos pues, tú has sido muy perseverante, tienes suerte que estoy de buen ánimo, no concedo entrevistas porque terminan cambiando lo que uno dice, pero sé que vas a respetar mis palabras, tienes buen talante y además eres maracucho. Te invito a unos tragos de cortesía. Así que frente a un vaso de whisky y el humo del cigarrillo comencé a preguntar con la grabadora encendida. Estaba un poco nervioso, pero el trago me afino mi lucidez

Felipe, ¿Cómo te sientes? Tienes un aire de felicidad. Me imagino que es por el respaldo y el calor de tu público, que te aprecia tanto.

Si chico, el calor humano que uno siente al escucharme, es que se identifican con mis boleros y la sonoridad romántica de mi voz. Es una de las mayores satisfacciones que he disfrutado en esta vida, uno se debe a su público que lo admira y lo quiere. Vez que no se conforman en comprar mis discos sino que asisten a donde quiera que me presente. Lo que ellos no saben es que cuando uno se baja del escenario, que las luces se apagan, soy otro cualquiera, con sus problemas, desarreglos, tristezas y dolores del alma.

Eso se parece mucho a la letra de una canción que interpreta Héctor Lavoe, llamada “El Cantante”. Que le queda perfecta, y se la compuso su pana Rubén Blades.

Esa historia me la conozco. Cuando hablaba me acordé inmediatamente de mi hermano Héctor, conocido como “El cantante de los cantantes”. Por cierto hay mucha semejanza entre su vida y la mía llena de muchas tribulaciones, incomprensiones. No te creas, esta profesión tiene sus altas y sus bajas, y cuando caes cuesta levantarse de nuevo. Lo que pasa es que uno se transforma en el escenario, parecido al teatro vale. Por cierto le agradezco mucho que me haya dedicado un disco íntegro “RECORDANDO A FELIPE PIRELA” en el año 1979. Héctor no es bolerista, pero como se faja con los boleros, “AUSENCIA”, entre tantos, es un gran bolero y le queda muy bien. Mira como dice: “Ha terminado otro capítulo en mi vida/ la mujer que amaba hoy se me fue/ Esperando noche y día/ Y no se decide a volver/ Pero yo sé que volverá/ Y si no de penas moriré/ ¿Qué yo he hecho que te hizo partir?/ No sé, si con el tiempo está herida se sanará… …..Mejor continua con la entrevista porque me voy a poner nostálgico, esa es una canción de despecho… ¿De dónde surgió esa vena artística y romántica Felipe?

Buena pregunta. Déjame decirte que mi madre, Lucia, era un ama de casa, pero en sus ratos libres se dedicaba al barrio, era muy popular, cantaba, hacía teatro, escribía poemas y componía canciones. Ella entonaba canciones como “Perfidia”, “Frenesí”, entonces yo me los aprendía. Es mi madre la que en todo momento me motivó a seguir adelante porque mi papá no canta ni en la radio patrulla. Incluso mi viejo constantemente le reclamaba a mi madre su empeño de yo querer ser artista. Imagínate que a los nueve años debuté en una radio local, allá en Maracaibo. Yo admiraba y admiro a Alfredo Sadel, era mi ídolo de niño. ¿Y también la época te favoreció, estamos hablando de la década de oro en los boleros, la década de los años cuarenta?

Sí, es como tú dices, mi niñez transcurrió en la época gloriosa del bolero. En la radio y rockolas de los botiquines se dejaban escuchar los temas, voces y orquestas que harían historia musical. Y más en el barrio “El Empedrao” de la parroquia Santa Lucia. Déjame decirte que si no hubiera sido cantante, no habría sido nadie porque desde pequeño soñaba con el canto.

¿A qué edad debutaste como cantante? Corrígeme si estoy equivocado, fue con la Orquesta de Billos.

Ya va… espérate un poco, no vayas tan de prisa, con la Billos era el cantante más joven de Venezuela, pero yo comencé mucho antes, permíteme contarte esta anécdota que muy pocos saben. Hay una experiencia bonita de familia, teníamos un grupo con mis hermanos y compañeros del barrio, tocábamos con potes, la trompeta era un periódico enrollado. Edgar, mi hermano tocaba el bongó y cantaba guarachas y yo cantaba los boleros. Recuerdo que el bolero que más cantaba era “Desperanza” de María Luisa Escobar, esa es una pieza bellísima, todo un poema. Tenía siete añitos. Ahora mi debut fue en la emisora Ondas del Lago, una de las más importantes del Estado Zulia. Así que les gustó mucho y conseguí presentarme en varios programas de radio. Todo eso era gratis, pero me interesaba la promoción y que me escucharan. De ahí en adelante no paré de cantar, terminé el sexto grado y ya mamá sabía que no iba a seguir estudiando. Lo que más me interesaba eran las novedades musicales que ofrecían por la radio en las voces de Alfredo Sadel, Mario Suarez, Los Panchos y otros. El estilo de Lucho Gatica era fenomenal, sobre todo en aquella canción titulada “Sinceridad”.

¿Cuándo supiste que ibas a llegar a la altura de los grandes cantantes, como Alfredo Sadel, Carlos Gardel, Lucho Gatica, Benny More, Jorge Negrete, Pedro Infantes?

Si tú supieras que nunca me llené de ínfulas por mi capacidad vocal, más bien siempre tuve temor de caer en mi carrera musical. Sentía que podía llegar muy alto pero eso no me quitaba el sueño. Lo que quería era cantar y cantar. Recuerdo que mi abuela me enseñaba una foto de Jorge Negrete y me decía que iba a ser como él.

¿Siendo un joven que apenas alcanzaba la mayoría de edad, como te sentías en ese mundo artístico de la radio y la televisión en medio de grandes orquestas, mujeres y vino?

Fue un gran aprendizaje para mí, yo mismo me imponía una disciplina para los ensayos, fíjate que ni siquiera pensaba en novias. Imagínate estar en los programas donde cantaba Sadel, Héctor Murga, Olga Guillot, Pedro Vargas, Tony Aguilar. Un día Rafa Galindo, el trovador de la radio, me dio una recomendación para mantener la voz clara, como era no hablar mucho antes de cantar, nunca dejar de concentrarse cuando se cantaba y sobre todo no hacer el amor antes de cantar porque hay un desgaste y las gotas agudas descienden. Yo lo tome en cuenta y cuando hacia el amor me acordaba de sus lecciones.

¿Qué significó para ti el maestro Billos Frometa?

Imagínate, era como un padre, me protegía, hacía los arreglos de los boleros y jamás se me olvidó su consejo que debía ser un bolerista popular, que me quedaba bien los boleros de despecho y tristeza. Recuerdo que en el debut con la orquesta canté “No vale la pena” y tuve que cantarla tres veces. Cuando me baje de la tarima todas las muchachas querían agarrarme y me halaban por la corbata. Era una furia colectiva. Esa canción se identifica con mi vida.

¿Pero no te quedaste solo con esa clase de boleros donde la infidelidad y el despecho era la clave?

No chico. Eso fue el comienzo, después con la misma Orquesta canté aquella célebre melodía que todavía se escucha llamada “Puerto Cabello” de Italo Pizzolante, “Quisqueya del Maestro Frometa. Y después, independiente canté a ritmo de bolero, tangos, rancheras y canciones románticas del mexicano Armando Manzanero. Nunca quise quedarme en un solo estilo.

¿Hiciste mucha fortuna Felipe?

Si tú supieras que no. Tuve que mantener a mi familia que era muy numerosa, es más hubo una época que mi hermano Edgar me administraba el dinero para que alcanzara. Si vivía bien y me daba mis gustos pero a quien le quedaba la mayor ganancia era a las compañías disqueras y las empresas que nos contratan. Además de mi propia familia que estaba formando, pero eso es otra historia. Fíjate que ahorita no tengo casi trabajo y hay una caída en la venta de los discos. No tengo residencia fija, y me quedo en hoteles, la casa de mi hermana, casa de mis padres y una pequeña parcela muy modesta que tengo por la carretera vieja Caracas-La Guaira.

A estas alturas de la entrevista Felipe hizo un alto para ir al baño. Se veía sobrio a pesar de la media botella de Whisky consumida. Yo tomaba poco. Lo que me agotaba era el humo del cigarrillo, pero la conversación estaba tan buena que preferí no decirle nada para evitar incomodarlo.

¿Felipe y con tantas mujeres que te rodeaban en medio de tu fama, como fue que al final te enamoraste de una adolescente de apenas 14 años?, ¿Puedes responder? Total eso es del conocimiento público

Si es cierto querido amigo. Eso fue un flechazo de cupido aquel 18 de julio de 1964. Yo que jamás creí en el amor a primera vista me envolví en ese romance avasallante para casarme. En un primer momento ambas familias se opusieron a ese matrimonio, además de los amigos y empresario, pero nada, ni ella ni yo estábamos dispuestos a desistir, pensaba que era la mujer de mis sueños. Así que hicimos los preparativos de la ceremonia civil y para el 11 de septiembre de ese mismo año nos estábamos casando. Yo estaba súper enamorado de esa muchacha y recuerdo que siempre le preguntaba: ¿Sabes ya por lo que tiene que pasar la esposa de un cantante?”. Y ella me respondía: “Ni celos ni escenas, mucha colaboración para que triunfes es lo que quiero” Para mí eso era la clave, yo la sentí muy dócil y comprensiva.

Perdona esta pregunta Felipe. ¿Nunca pensaste que le estabas pidiendo demasiado? Que era apenas una niña que se había deslumbrado contigo por toda la fama que tenías, pero que en las exigencias y compromisos tuyos se iba a sentir sola. ¿No resultaba demasiado pedirle que se amoldara a ti en tus largas ausencias? La vida de los artistas tiene ese problema. No eres el primero ni serás el último

Aquí Felipe abre los ojos y gesticula con las manos con la sensación de asombro

Claro, ese fue mi error. Fui un iluso porque en el fondo yo era un muchacho de 23 años cuando me casé con Marielita. No tenía experiencia con mujeres, era en verdad un imberbe. Nunca pensé, amigo mío, que las letras de los boleros que cantaba se iban a parecer tanto a mi vida privada. Llegué a cantar lo que estaba sufriendo en carne propia. Y fíjate que así como me casé violentamente, así fue la separación. Casi dos años duro la felicidad matrimonial, después vendría el calvario que no se lo deseo a nadie. ¿Quién tuvo la culpa de todo lo que paso? Se pregunta indignado, para responder el mismo. Fue su madre la que la indujo a ensañarse contra mí, Mariela fue solo un instrumento. Me llegaron a dictar prohibición de salida del país y a retardar el divorcio. Pero la gran tragedia fue el negar ver a mi hija Lennis Beatriz que me ama como yo a ella. Eso no se lo perdonaré jamás. Éramos demasiado jóvenes en ese amor a primera vista. Por favor no más preguntas de ese naturaleza, ya me quiero ir a descansar, es casi la medianoche.

En ese momento Felipe se detiene, se levanta de la mesa, lanza unas bocanadas de humo al aire y toma la palabra como si quisiera hacer una reflexión más profunda

Ya te dije lo que quería expresar, pero recuerdo que Tite Curet Alonzo, el mismo que le escribía las canciones a Héctor Lavoe señalaba que la fama, la más de las veces, atonta cuando no la puedes comprender y haces cosas equivocadas que se tornan progresivas, es decir irreversibles, a mí me llegó demasiado temprano, y vamos a ver en los próximos años logro recuperarme, no me voy a detener… Guarda silencio como de no más preguntas.

Está bien Felipe, estoy muy agradecido de esta entrevista, aparte de gran artista, eres un excelente persona, familiar y amistoso en este encuentro. Y ahora que tienes la firme disposición de irte del país que te vio nacer, ¿qué le dices a tu público que te ama y te idolatra?

Mira me voy físicamente, pero FELIPE PIRELA, no morirá jamás. Siempre estaré en las canciones que cante con el alma, esta es mi tierra, aquí está mi hija Lennis que tanto amo, mi señora madre, quien le debo lo que soy. Me voy dolido con mucha gente que me dio la espalda cuando más necesitaba de su apoyo y ayuda, pero así es la vida, no le guardo rencor a nadie. Jamás pensé que en mi patria los falsos moralismos, las calumnias y mentiras se iban a volcar contra mí, de la manera infame como lo hicieron. Ni siquiera el presidente Rafael Caldera respondió una carta que le envíe en los momentos más difíciles de mi vida. Deje una canción que pido sea tomada en cuenta de lo que soy, su título: LO QUE ES LA VIDA, grabada el año 1968. Estoy convencido que la historia resarcirá mi nombre. Y te agradezco publicar esta entrevista cuando te enteres que estoy en San Juan de Puerto Rico, antes no.

Eran las dos de la mañana, el ambiente silencioso y solitario, y la voz de un hombre muy joven, casi apagada y melancólica, despidiéndose y llamando a un taxi.

Fuente consultada: La Universidad de La Vida Luis Ugueto: Lo que es la vida: Felipe Pirela.

Tomado de: http://ladiscordantenota.blogspot.com/2021/09/entrevista-imaginaria-al-bolerista-de.html?

Editado por Raúl Ochoa Cuenca

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