Entrevista a OSCAR GUSTAVO QUEZADA: “UN TOPO” MEXICANO

              ¡QUE RESTAURA AL CUERPO DE ENFERMEDADES! ….

SANAR DESPUÉS DE SOBREVIVIR ES APENAS EL PRIMER ACTO.

Después comienza una reconstrucción mucho más silenciosa y compleja: la del cuerpo, la mente, la autonomía, la autoestima y el proyecto de vida. Los terremotos pueden ocasionar fracturas, lesiones por aplastamiento, traumatismos craneoencefálicos, lesiones de la médula espinal, quemaduras y amputaciones. La rehabilitación, por ello, no debe considerarse una etapa secundaria de la emergencia, sino una parte esencial de la respuesta sanitaria. En países expuestos a desastres sísmicos, como Venezuela, Colombia, Chile e incluso México esta dimensión merece especial atención.

La emergencia no termina cuando una persona es extraída con vida de los escombros.

Para muchos sobrevivientes comienza entonces otro desafío: volver a caminar, aprender a utilizar una prótesis, controlar el dolor, dormir nuevamente sin sobresaltos, superar el miedo, aceptar una nueva imagen corporal, regresar al trabajo y recuperar la sensación de que la vida vuelve a pertenecerles. Es justamente en esa frontera entre el cuerpo herido y la necesidad de recuperar bienestar donde aparece una pregunta que durante décadas ha provocado controversias: ¿Existe un espacio para las terapias complementarias dentro de los procesos modernos de recuperación y rehabilitación?  Y allí aparece la historia de Oscar Gustavo Quezada Camarena.

OSCAR QUEZADA: TRES DÉCADAS BUSCANDO OTRA MANERA DE ENTENDER EL CUERPO

Oscar Gustavo Quezada Camarena es todo un personaje. Místico, introvertido, observador y, por encima de todo, un hombre de trato humilde que desde hace más de tres décadas se encuentra vinculado a diferentes terapias complementarias. Mexicano de nacimiento y segundo de siete hermanos, es maestro normalista de profesión. Sin embargo, su inquietud por comprender otras formas de aproximarse al bienestar humano lo condujo por un camino muy diferente al de las aulas tradicionales.

Primero llegó el biomagnetismo.Después la reflexología.Más adelante incorporaría bioenergética, qigong y digitopuntura.Con los años, Quezada desarrolló una concepción propia en la que combina diferentes herramientas dependiendo de la persona que atiende.Él habla de curar, sanar y restaurar.Pero estas tres palabras merecen una distinción fundamental.Curar una enfermedad pertenece al terreno clínico y exige evidencia.Sanar puede adquirir una dimensión mucho más amplia: una persona puede continuar viviendo con determinadas secuelas físicas y, sin embargo, reconstruir emocionalmente su existencia, recuperar autonomía, reconciliarse con su cuerpo y volver a encontrar propósito.

Restaurar, finalmente, puede significar recuperar hasta donde sea posible una función perdida o deteriorada. Esa diferenciación resulta esencial para entender el lugar que las terapias complementarias podrían ocupar dentro de una medicina verdaderamente integrativa.

LA MEDICINA INTEGRATIVA: UN PUENTE, NO UNA GUERRA

Durante décadas se habló de “medicina alternativa”, expresión que en ocasiones parecía plantear una elección absoluta: medicina convencional o medicina alternativa. Hoy resulta mucho más responsable hablar de medicina complementaria e integrativa. Integrar significa sumar aquello que pueda resultar seguro y útil sin abandonar los tratamientos médicos cuya eficacia ha sido demostrada. No significa sustituir una cirugía por imanes. No significa reemplazar antibióticos mediante energía. No significa abandonar la fisioterapia. Y mucho menos significa decirle a una persona amputada que una terapia complementaria hará crecer nuevamente una extremidad.

La medicina integrativa responsable es construir puentes. Debe ser capaz de preguntarse qué puede aportar una determinada práctica al bienestar, la relajación, la percepción corporal, la actividad física, el manejo del estrés o la calidad de vida del paciente. Pero también debe saber reconocer dónde termina la experiencia personal y dónde comienza la evidencia científica.

Ese equilibrio es indispensable. La esperanza nunca debería enfrentarse con la ciencia. Debe caminar junto a ella.

BIOMAGNETISMO: ENTRE LA PROPUESTA TERAPÉUTICA Y LA EVIDENCIA

—¿Cómo describiría usted el biomagnetismo? – preguntamos-

—Es una terapia complementaria que utiliza imanes colocados en puntos específicos del cuerpo. Dentro de la escuela en la que me formé se plantea que estos pares buscan favorecer un equilibrio del organismo. Para mí constituye una herramienta de acompañamiento y bienestar.

Quezada explica que su formación estuvo vinculada a las enseñanzas de Isaac Goiz Durán y al denominado Par Biomagnético. Dentro de esta corriente se propone colocar imanes en determinados puntos corporales buscando corregir supuestos desequilibrios. Aquí comienza precisamente el necesario diálogo con la ciencia.

¿QUÉ DICE LA CIENCIA SOBRE LOS IMANES?

Hay que distinguir entre imanes estáticos y determinadas tecnologías médicas que utilizan campos electromagnéticos. No son lo mismo. Los imanes estáticos utilizados en muchas terapias alternativas no han demostrado de manera concluyente capacidad para aliviar el dolor ni para corregir el pH corporal. El organismo humano posee sofisticados mecanismos fisiológicos para mantener su equilibrio ácido-base, principalmente mediante los pulmones, los riñones y diferentes sistemas químicos reguladores. Por otra parte, existen tecnologías electromagnéticas utilizadas en medicina convencional para indicaciones específicas. Por eso no debe confundirse el uso terapéutico médico de determinados campos electromagnéticos con la utilización de imanes estáticos propia de algunas prácticas complementarias.

EXPERIENCIA PERSONAL NO ES LO MISMO QUE EVIDENCIA CIENTÍFICA

Oscar Quezada

—¿Con quién estudió esta terapia? – pregunto-

—Mi formación estuvo vinculada a las enseñanzas del doctor Isaac Goiz Durán y al Par Biomagnético. Posteriormente profundicé en el trabajo mental y en otras prácticas complementarias.

—¿Cómo evolucionó su práctica?

—Comencé con el trabajo presencial. Con el tiempo incorporé formas de acompañamiento a distancia, primero mediante un familiar, después utilizando fotografías y finalmente mediante videollamadas. Mi interpretación es que el ser humano posee una dimensión energética y que la intención y la concentración forman parte del proceso. Este es uno de los puntos en los que resulta indispensable diferenciar creencia, experiencia y ciencia.

La posibilidad de diagnosticar o curar enfermedades a distancia mediante una fotografía, la intención mental, una videollamada o un familiar que actúe como intermediario no se encuentra demostrada científicamente.

Eso no impide que Quezada explique su experiencia. Pero presentarla como experiencia personal es muy diferente a afirmar que existe un mecanismo médico comprobado. La distinción no debilita su historia. Por el contrario, permite contarla responsablemente.

REFLEXOLOGÍA: EL CUERPO A TRAVÉS DE LOS PIES Y LAS MANOS

La reflexología utiliza diferentes grados de presión sobre determinados puntos de los pies y las manos. Tradicionalmente se sostiene que esos puntos guardan correspondencia con diferentes órganos o regiones corporales. La existencia de ese “mapa” como conexión anatómica capaz de tratar órganos internos no ha sido demostrada por la ciencia. Sin embargo, hay otra dimensión que merece atención. El contacto terapéutico, el masaje, la relajación, la sensación de cuidado y la atención individualizada pueden producir experiencias positivas de bienestar para algunas personas. Eso puede ser particularmente relevante cuando hablamos de seres humanos sometidos a situaciones extremas.

Un sobreviviente de un terremoto no es solamente una fractura. No es únicamente una amputación. No es solamente un diagnóstico. Es una persona que puede haber experimentado miedo extremo, pérdida, dolor, incertidumbre y una ruptura radical de su vida cotidiana. Y cualquier intervención complementaria responsable debería partir precisamente de allí.

UNA TRILOGÍA: CURAR, SANAR Y RESTAURAR

—¿Cómo definiría las bondades de las terapias que utiliza?

—Para mí existe una trilogía: curar, sanar y restaurar. Por eso trabajo con varias técnicas. He experimentado también con reflexología a distancia y, desde mi experiencia, he observado resultados que considero importantes. La afirmación de resultados a distancia pertenece nuevamente al terreno de la experiencia personal de Quezada y no puede equipararse a evidencia clínica. Sin embargo, su idea de combinar diferentes dimensiones de atención abre una reflexión interesante. Porque la medicina moderna también ha comprendido que una persona no puede ser reducida al órgano lesionado. Especialmente después de una catástrofe.

QIGONG: RESPIRACIÓN, MOVIMIENTO Y ATENCIÓN

—¿Qué otra terapia utiliza?

—El qigong consiste en trabajar con la energía que nos rodea mediante movimientos de las manos, respiración, concentración y canalización. Comencé con esta técnica en 2007 y la aprendí con Eduardo Oseguera, alumno del maestro Pan Li.

El qigong posee una larga historia dentro de las prácticas tradicionales chinas.

Desde una perspectiva biomédica contemporánea puede analizarse sin necesidad de aceptar necesariamente la existencia de una energía invisible susceptible de ser manipulada. Sus componentes incluyen movimientos suaves, control respiratorio, postura, concentración, coordinación y atención consciente. Es precisamente aquí donde encontramos un terreno especialmente interesante.

Una práctica que combine movimiento controlado, respiración y concentración puede ser estudiada por sus efectos sobre equilibrio, movilidad, relajación, ansiedad, calidad del sueño o percepción de bienestar. En determinados pacientes y bajo supervisión adecuada, estas características podrían tener interés como complemento dentro de procesos de recuperación. Y llegamos entonces a uno de los escenarios donde esta conversación adquiere una dimensión profundamente humana.

CUANDO SOBREVIVIR SIGNIFICA DESPERTAR SIN UNA PARTE DEL CUERPO

Imagine por un momento la escena. Un edificio se derrumba. Una persona permanece horas atrapada. Los equipos de rescate finalmente logran extraerla. Ha sobrevivido. Pero una extremidad sufrió un aplastamiento tan severo que los médicos deben amputarla para preservar su vida. La persona despierta. Está viva. Pero su cuerpo ha cambiado para siempre.

¿Qué significa realmente “sanar” en ese momento?

La cirugía ha salvado la vida. Pero la reconstrucción apenas comienza. Una persona amputada puede necesitar tratamiento del dolor, cuidado del miembro residual, prevención de contracturas, fortalecimiento muscular, fisioterapia, terapia ocupacional, entrenamiento de equilibrio, adaptación protésica y reeducación de la marcha. Puede necesitar también acompañamiento psicológico. Porque hay heridas que no aparecen en una radiografía.

EL MIEMBRO FANTASMA: CUANDO EL CEREBRO TODAVÍA  RECUERDA LO QUE EL CUERPO PERDIÓ

Una de las experiencias más sorprendentes que puede enfrentar una persona amputada es sentir una extremidad que físicamente ya no existe. Puede sentirla. Puede percibir que se mueve. Puede experimentar picazón. Presión. Hormigueo. E incluso dolor. Es lo que conocemos como sensación o dolor del miembro fantasma. No es imaginación. Es un fenómeno neurológico real. El cerebro conserva representaciones de nuestro cuerpo y, después de una amputación, esas redes neurológicas deben adaptarse a una realidad anatómica completamente nueva. Esto nos muestra hasta qué punto la rehabilitación no consiste simplemente en cicatrizar una herida. El cerebro también tiene que aprender un nuevo cuerpo.

RECONSTRUIR LA IMAGEN CORPORAL

Pero existe todavía otra amputación invisible. La que puede producirse en la percepción que la persona tiene de sí misma. Mirarse nuevamente al espejo. Aprender a vestirse. Salir a la calle. Sentir las miradas de otras personas. Regresar al trabajo.

Conducir. Bañarse sin ayuda. Subir una escalera. Abrazar. Bailar. Volver a sentirse atractivo. Volver a sentirse independiente. Volver a sentirse completo. Es allí donde comprendemos que una prótesis, por extraordinaria que sea tecnológicamente, no reconstruye por sí sola una vida. La persona necesita mucho más.

DESPUÉS DE LOS ESCOMBROS

Una persona amputada no necesita únicamente una prótesis. Necesita aprender a utilizarla. Necesita fortalecer su cuerpo. Necesita controlar el dolor. Necesita recuperar equilibrio. Necesita reconstruir confianza. Necesita volver a reconocerse como protagonista de su propia existencia. Y allí las prácticas complementarias podrían encontrar un espacio, siempre que sean seguras, estén adaptadas a la condición del paciente y no pretendan sustituir la rehabilitación médica.

Por ejemplo, ejercicios suaves de respiración, relajación, atención consciente o determinados movimientos adaptados podrían contribuir al bienestar de algunas personas. Pero en un amputado reciente esos ejercicios deben respetar estrictamente las indicaciones del equipo de rehabilitación.

Porque existe riesgo de caídas. Puede haber heridas quirúrgicas. Puede existir dolor. Puede haber alteraciones del equilibrio. Puede existir una prótesis en proceso de adaptación. Por eso la integración requiere coordinación.

DIGITOPUNTURA: ¿QUÉ SON LOS LLAMADOS “NUDOS ENERGÉTICOS”?

—¿Para qué utiliza la digitopuntura?

—Trabajo mediante presión o contacto sobre puntos y recorridos que dentro de la tradición oriental se relacionan con los meridianos. En mi lenguaje terapéutico buscamos liberar lo que denominamos bloqueos o nudos energéticos.

Desde el punto de vista científico, la digitopuntura o acupresión puede describirse como una estimulación manual de determinados puntos corporales. Los denominados “meridianos” y “nudos energéticos” pertenecen al marco conceptual de las medicinas tradicionales orientales. No equivalen a estructuras anatómicas demostradas. Algunas modalidades de acupresión han sido investigadas para determinados síntomas, pero esto no permite afirmar que puedan curar lesiones graves o desbloquear una energía físicamente medible.

Y aquí también es importante corregir una afirmación frecuente. No puede decirse que cualquier terapia complementaria sea automáticamente segura para niños, embarazadas, personas con marcapasos o pacientes recientemente operados. La seguridad depende de la técnica utilizada y de la condición particular del paciente. Especialmente en el caso de los imanes, existen precauciones importantes alrededor de ciertos dispositivos médicos.

EL PUNTO MÁS DELICADO: “REGENERAR” ÓRGANOS

—¿Todas estas terapias se aplican de la misma manera?

—No. Cada persona es diferente. En la bioenergética trabajamos determinados puntos corporales buscando estimular lo que nosotros interpretamos como procesos de regeneración. Yo creo en combinar estas herramientas con la medicina convencional para intentar alcanzar la mejor calidad de vida posible. En la descripción original de esta práctica se mencionaba una supuesta “glándula GEN”, localizada a la altura del ombligo. Aquí resulta necesaria una precisión científica. En la anatomía humana reconocida no existe una glándula denominada GEN. Por consiguiente, esa denominación debe entenderse como parte de una nomenclatura particular utilizada dentro de esa práctica terapéutica y no como una estructura anatómica reconocida por la medicina.

De igual manera, no existe evidencia que permita afirmar que mediante presión, intención mental o imanes puedan regenerarse órganos humanos lesionados. Esto es especialmente importante cuando hablamos de víctimas de catástrofes. Una persona con una lesión grave necesita atención médica inmediata. Una infección necesita tratamiento. Una fractura necesita evaluación. Una amputación necesita rehabilitación. La medicina complementaria jamás debe convertirse en una razón para retrasarlas.

EL TRAUMA QUE PERMANECE CUANDO LA TIERRA DEJA DE MOVERSE

Después de un terremoto existen heridas que pueden tardar mucho más en manifestarse. Duelo. Angustia. Miedo persistente. Insomnio. Sobresaltos. Ansiedad. Depresión. Recuerdos intrusivos. Sensación de inseguridad. El cuerpo humano posee una extraordinaria maquinaria de supervivencia. Cuando percibimos una amenaza extrema, el cerebro activa respuestas neurobiológicas destinadas a mantenernos vivos. Aumenta la vigilancia. Se acelera el corazón. Cambia la respiración. Los músculos se preparan para responder. Se liberan hormonas relacionadas con el estrés. Todo el organismo recibe un mensaje:

PELIGRO.

El problema comienza cuando el terremoto terminó, pero el organismo continúa comportándose como si todavía estuviera bajo los escombros. Por eso la recuperación psicológica debe formar parte de la respuesta a las catástrofes. No todas las reacciones posteriores a un desastre constituyen una enfermedad mental. Muchas son respuestas humanas normales frente a circunstancias extraordinarias. Pero cuando persisten, aumentan o incapacitan a la persona para desarrollar su vida cotidiana, necesitan atención profesional.

¿QUÉ PODRÍA APORTAR UNA TERAPIA COMPLEMENTARIA EN ESTOS CASOS?

Aquí debemos abandonar la idea de que toda intervención tiene que “curar una enfermedad” para tener algún valor. Existen otros objetivos. Relajarse. Respirar mejor. Reducir tensión. Recuperar conciencia corporal. Sentirse acompañado. Volver a realizar movimientos. Reconstruir confianza. Dormir mejor. Encontrar espacios de tranquilidad. Si una práctica complementaria segura contribuye a alguno de estos objetivos, sin interferir con el tratamiento clínico, podría existir un espacio para incorporarla dentro de un programa integral. Eso es muy diferente a prometer curaciones. Y precisamente allí puede estar el verdadero desafío para personas como Oscar Quezada.

OSCAR QUEZADA FRENTE A UNA EMERGENCIA HUMANITARIA

La experiencia acumulada por Quezada podría adquirir una dimensión particularmente interesante si se orientara hacia un modelo complementario de acompañamiento para sobrevivientes. No como sustituto del médico. No reemplazando al fisioterapeuta. No sustituyendo al psicólogo. No prometiendo regenerar una extremidad amputada. Sino trabajando dentro de un ecosistema de recuperación.

Imagine un programa para sobrevivientes de terremotos donde traumatólogos, cirujanos, especialistas en medicina física y rehabilitación, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, protesistas, enfermeros, psicólogos y trabajadores sociales trabajen coordinadamente. Y donde, después de una evaluación médica y siempre que resulte seguro, el paciente pueda acceder también a prácticas complementarias orientadas a relajación, respiración, movimiento consciente o bienestar. Ese sería un modelo completamente diferente. No sería medicina alternativa. Sería medicina integrativa centrada en la persona.

UNA PERSONA NO ES SU AMPUTACIÓN

Este principio debe convertirse en el centro de cualquier programa destinado a sobrevivientes. Una persona que perdió una pierna no se convierte en “el amputado”. Continúa siendo padre, madre. esposo, esposa, hijo, trabajador, profesional, deportista, amigo, ciudadano, ser humano. La amputación modifica determinadas capacidades físicas. No disminuye la dignidad, la inteligencia, la afectividad ni el valor de la persona. Por eso la verdadera rehabilitación no termina cuando alguien consigue caminar con una prótesis. Termina —si alguna vez termina— cuando recupera la posibilidad de decidir nuevamente qué quiere hacer con su vida.

¿ENERGÍA QUE CURA O CIENCIA FICCIÓN?

Llegamos entonces a la pregunta inicial. ¿Estamos frente a energía que cura o frente a ciencia ficción? Quizás la respuesta más responsable no se encuentre en ninguno de esos extremos. Existen afirmaciones vinculadas al biomagnetismo, la curación energética y las terapias a distancia que no cuentan actualmente con evidencia científica suficiente para ser presentadas como tratamientos capaces de curar enfermedades.

La investigación disponible sobre imanes estáticos, por ejemplo, no ha encontrado evidencia concluyente de eficacia para el dolor. Esto es distinto de determinadas terapias electromagnéticas médicas, que sí poseen indicaciones específicas. Al mismo tiempo, algunas prácticas cuerpo-mente que incorporan respiración, movimiento, relajación y atención consciente han despertado interés científico por sus posibles beneficios complementarios. La pregunta correcta, entonces, no debería ser:

  • ¿Medicina convencional o medicina alternativa?

             Debería ser:

  • ¿Qué intervenciones son seguras? ¿Qué evidencia existe? ¿Qué necesita este paciente? ¿Puede esta práctica complementar su tratamiento sin interferir con él? ¿Cómo podemos medir si realmente mejora su calidad de vida? Ese es el diálogo que debe construirse.

              LA TRILOGÍA DE QUEZADA, REINTERPRETADA

Quizás las tres palabras que Oscar Quezada repite —curar, sanar y restaurar— puedan entenderse finalmente desde una perspectiva diferente. Curar corresponde al tratamiento de la enfermedad y exige diagnóstico, ciencia y evidencia. Restaurar significa recuperar, hasta donde resulte posible, funciones físicas, cognitivas, emocionales y sociales. Pero sanar puede representar algo todavía más profundo. Sanar puede ser aprender a vivir después de haber perdido una pierna. Sanar puede ser conseguir dormir nuevamente después de haber permanecido doce horas bajo los escombros. Sanar puede ser colocarse una prótesis y dar el primer paso. Puede ser regresar al trabajo. Puede ser volver a abrazar. Puede ser mirar una cicatriz sin sentir que esa cicatriz define quién eres. Puede ser aceptar que el cuerpo cambió, pero la vida continúa. Y allí probablemente exista un punto de encuentro entre ciencia, rehabilitación, humanidad y algunas prácticas complementarias.

UNA MEDICINA PARA DESPUÉS DE LOS ESCOMBROS

Las grandes catástrofes nos han enseñado una lección fundamental: rescatar a una persona no significa haber terminado de salvarla. La OMS ha subrayado que los terremotos pueden generar grandes cantidades de lesiones traumáticas —incluidas amputaciones, fracturas, lesiones por aplastamiento, lesiones medulares y traumatismos craneoencefálicos— y que comenzar la rehabilitación cuanto antes ayuda a prevenir complicaciones, disminuir discapacidades secundarias y mejorar los resultados a largo plazo. Venezuela, Colombia y cualquier nación expuesta a desastres naturales necesitan comprender esta nueva dimensión de la emergencia.

Después de las ambulancias. Después de los hospitales. Después de las cirugías. Después de que las cámaras de televisión se marchan. Quedan los sobrevivientes. Y es entonces cuando comienza el trabajo más largo. Reconstruir cuerpos. Reconstruir familias. Reconstruir autonomía. Reconstruir autoestima. Reconstruir sueños. Reconstruir futuro.

Dentro de ese inmenso desafío puede estudiarse también el aporte responsable de personas como Oscar Gustavo Quezada Camarena quien trabaja la sanación a distancia y de aquellas prácticas complementarias que puedan contribuir al bienestar del paciente. Pero siempre con una condición irrenunciable: sin falsas promesas, sin abandonar la ciencia y sin sustituir los tratamientos médicos necesarios.

Oscar Gustavo Quezada Camarena vive en Ciudad de México, donde realiza atención presencial y, según explica, también acompañamiento a distancia. Durante años ha atendido personas con diferentes necesidades, entre ellas deportistas y futbolistas ubicados en distintas ciudades de México. Pacientes con cáncer, neuropatía, depresión, problemas de movilidad, asma, etc.

Su historia forma parte de una búsqueda tan antigua como la humanidad: encontrar maneras de aliviar el sufrimiento. Tal vez el futuro no consista en enfrentar dos mundos. Tal vez consista en aprender qué puede aportar cada uno, establecer límites, investigar, medir resultados y colocar al ser humano —y no a la técnica— en el centro. Porque después de un terremoto existen dos reconstrucciones. La primera vuelve a levantar las ciudades. La segunda vuelve a levantar a los seres humanos.

Y posiblemente sea esta última la más difícil, prolongada y necesaria de todas.

* Corresponsal en el Sur de la Florida.

«Las opiniones aquí publicadas son responsabilidad absoluta de su autor»

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