El peligro de querer ser tomado en cuenta

Por Eduardo Martínez

Las posiciones del régimen venezolano son paradójicas. Buscan anciosamente insertarse en cuanto conflicto internacional se asoma en las noticias. Quieren ser tomados en cuenta. Y cada vez que lo logran, están del lado equivocado de la historia, de los principios y del deber ser.

Eso ha provocado el aislamiento internacional del cual gozan, y hasta a veces, parecen disfrutar.

No es solo el vacío que le hacen a sus representantes en los foros internacionales a la hora de hablar. Sino que también le hacen los venezolanos.

No es gratuito que 8 millones de venezolanos hayan emigrado a otros países. Ocho millones de nacionales a los cuales ya no gobiernan. Eso es un vacío muy grande.

La paradoja, es que resulta que si son tomados en cuenta: por el FBI, la DEA, la Corte Penal Internacional -entre otros- y hasta les han sancionado las instituciones que están tras el lavado de capitales. Eso demuestra que si son tomados en cuenta.

Sin embargo, esas sanciones internacionales que les han alcanzado personalmente, de alguna manera afectan a la totalidad de los venezolanos. Para quienes viven en el exterior, y a pesar que ya no los gobiernan, están sometidas a constantes supervisiones e investigaciones. Todo es más difícil para el inmigrante venezolano que ha debido empezar desde cero.

Por unos pocos, se castiga a todos por igual.

Pero el afán por ser tomados en cuenta, no termina allí.

Es muy delicado el momento en que se encuentra la comunidad internacional. Y de nuevo, el régimen vuelve a insistir en sumarse en primera fila al conflicto desatado en el Medio Oriente. Para más, alineándose con Hamas. Lo que no puede ser negado.

En efecto, y para muestra, esta semana fue sancionado un diputado de la oposición por haberse pronunciado en contra de los aberrantes asesinatos en Israel. La mayoria gubernamental le ha sancionado -sin derecho a la defensa- con una suspensión de un año.

Esta acción deja de relieve que no existe en Venezuela la figura de la inmunidad parlamentaria. Además, también revela el poco respeto del oficialismo por el derecho a opinar. Resulta que ahora, opinar, es un delito.

Lo ocurrido en Israel el pasado fin de semana, no es una opinión a discutir. Es una flagrante violación de los derechos humanos. Eso no amerita ni siquiera discutirlo. Lo que se espera es el castigo que las leyes tienen tipificado para esos crímenes.

Y aquí, y con todo, solo por el deseo de insertarse, de pertenecer a algo que no pertenecen, y de ser tomados en cuenta.

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@ermartinezd

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