Por Eduardo Martínez
Desde hace dos años (2022) el mundo se nos volvió complicado, cuando Rusia invade Ucrania sin haber sido provocada.
La institucionalidad internacional
Si bien siempre tuvimos problemas, la institucionalidad desarrollada luego de la II Guerra Mundial (1945) había logrado construir un equilibrio para el fomento y mantenimiento de la paz entre las naciones, y dentro de las naciones.
Por supuesto que existían focos de perturbación en distintos puntos del globo, como el sureste asiático (Vietnam, Laos y Camboya), en países africanos que luchaban por su independencia, y revueltas guerrilleras en Hispanoamérica.
Estas perturbaciones siempre contaron con el apoyo de la URSS, China y, como contra guerrilla, la participación de EEUU y otros países de Occidente.
Sin embargo, la ONU y el Consejo de Seguridad, si bien no eliminó totalmente estos focos, tuvo acierto en mantenerlos a raya.
Se puede decir que el saldo ha sido positivo, por cuanto logró el enraizamiento de las negociaciones e iniciativas diplomáticas.
La paz efectiva o maltrecha lograba mantenerse.
Los antecedentes
En los años 70 del siglo pasado, comenzaron a aparecer con fuerza, irrupciones de grupos fundamentalistas en el Medio Oriente. Apoyados inicialmente por la URSS y China, con la escalada de los precios del petróleo contaron con financiamiento propio. Así surgieron polos de influencia que antes no existían: Libia, Irán, Irak, y en otros países de religión musulmana de menor impacto.
En la confrontación del Mundo Árabe con Israel, se fueron transformado en polos de gran perturbación, que no respetaban la normativa internacional lograda, a la vez que hacían uso del terrorismo como herramienta central de la política.
Un segundo hito fue la implosión de la URSS y el comunismo internacional, que ejercía una mano de hierro sobre todos los territorios que controlaba. Implosión que se hizo irreversible cuando cae el Muro de Berlín, y luego se produce la desintegración de la URSS.
Estos sucesos que fueron sembrando las condiciones para la crisis actual no ocurrieron de un día para otro. Todo, como suele en política y en la historia, fue consecuencia de un proceso de décadas. Situaciones que no fueron atacadas a tiempo, por las más diversas razones. Las más de las veces, sin conexión entre si.
Cuando ya la URSS no existía, y Rusia no lograba, ni podía, y financieramente no interesaba ejercer un control, surgen dos episodios fundamentales: la invasión de Kuwait por parte de Irak, y luego el ataque terrorista de grupos islámicos en Estados Unidos. Todo cocinado en un cóctel donde aparecería Afganistán, y el surgimiento de organizaciones terroristas supra nacionales de alcance mundial: Al Qaeda, ISIS y otras menos conocidas.
Rusia (URSS) había tenido su Vietnam en Afganistán. Descubriría posteriormente sus errores con la insurgencia Chechena. Dándose cuenta que su mayor enemigo no eran los grupos religiosos occidentales, sino los musulmanes que por décadas Moscú había fomentado y alimentado, no solo al sur de la URSS sino que también en todo el mundo.
Ucrania
La invasión a Ucrania en el 2022 tiene su antecedente en la invasión a Kuwait. Aunque tiene su principal raíz en los términos de separación de Ucrania de la URSS y las negociaciones Rusia-Ucrania-Occidente para el retiro de las armas nucleares del territorio ucraniano.
En ese acuerdo, se le concedió a Ucrania el territorio de Crimea. Una zona históricamente rusa. Además de tener importancia estratégica para la seguridad de Rusia.
Jurate Rosales, directora de la Revista Zeta de Caracas para la época, alertó sobre este error de la concesión de Crimea a Ucrania. “Esto traerá consecuencias”, llegó a decir. No lo oímos ni leímos de ninguna otra fuente.
Hay otros sucesos menores, o si son importantes, nunca en este lado del mundo llegamos a visualizar y ponderar su importancia.
El 7 de octubre
Judíos y musulmanes se han peleado en el mundo moderno desde que Israel declarara su independencia en 1948. Han sido recurrente las guerras, los episodios, las peleas, con algunos hechos de paz que históricamente son pequeños oasis en esos desiertos.
Sin embargo, lo ocurrido el pasado 7 de octubre (2023) en Israel constituye un hecho sin precedentes, y que desató también hechos posteriores sin precedentes. En lo que sido tal vez (prematuro para afirmarlo porque está todavía en pleno desarrollo) una fuente de mayor perturbación a nivel mundial para el futuro.
Ese 7 de octubre, hordas de milicianos de Hamas, cruzaron las fronteras de Franja de Gaza con Israel, atacaron a la población civil, y en unas pocas horas asesinaron, violaron y secuestraron a civiles.
Todo lo que aconteció después, es consecuencia de este acto terrorista. Un acto que carecía de objetivos militares, por cuanto no perseguía apoderarse de territorios, y tampoco atacó esos objetivos militares.
Era de esperar la reacción militar israelí, como país víctima de un ataque brutal.
Todavía Hamas no ha devuelto a los secuestrados. Israel ha rescatado algunos, otros pocos han sido liberados, otros han sido asesinados en cautiverio, y todavía hay decenas de secuestrados desaparecidos.
Teniendo a la vista las consecuencias, se ha producido al unísono un reagrupamiento de algunos países que han estado detrás del apoyo a estos grupos terroristas. Países cuyos líderes o representantes no hablan de castigar a los culpables, sino de sentenciar a Israel por las consecuencias.
El mundo se olvida, o tratan de que quienes tienen memoria se olviden, de un principio universal del derecho que señala que “la causa de la causa, es la causa”.
Se propaga el irrespeto
La semana pasada, fuerzas policiales de Ecuador -que tiene un gobierno democrático- invadió la sede de la embajada de México en Quito. Llevándose a la fuerza a un asilado, el exvicepresidente ecuatoriano.
El hecho rompió con las leyes internacionales, el derecho de asilo y la inviolabilidad de las sedes diplomáticas, contempladas en un Acuerdo de Viena.
Más allá de la relación México-Ecuador que fue interrumpida por la decisión del gobierno mexicano, de los derechos que asisten al asilado en la embajada, se trata de una escalada en una serie de eventos que dinamitan la institucionalidad internacional.
El Mundo, 2024
Así estamos en este momento en el mundo. No es una coyuntura. No son simples episodios. El mundo viene siendo dinamitado. La falta de paz es la consecuencia. Se avecinan malos tiempos.
@ermartinezd