
Por Eduardo Martínez
La primera vez que oímos el término “medalaganismo”, para explicar políticas públicas, fue en la voz de José Rodríguez Iturbe. Hombre de gran profundidad en sus planteamientos y, por lo demás, de una honestidad y seriedad a toda prueba.
En ese entonces, ante una medida gubernamental que no tenía pié ni cabeza y que los expertos no atinaban a descifrar porque se adoptaba, y mucho menos en cuál teoría política se basaba, el doctor Rodríguez Iturbe -ocultando las ganas de reírse, reveló que obedecía al medalaganismo del gobierno reinante.
Sorprendidos los presentes ante tal inédito término, Rodríguez Iturbe afirmó que “porque me-daba-la-gana” de quien tomó la medida. Lo cual lo llevó a estallar en carcajadas propias y de quienes le oíamos.
Parece ser que en estos tiempos, “así es que se gobierna”, sobre todo en materia económica, donde año tras año el régimen toma medidas que ahondan la crisis que se debieran resolver.
El episodio más reciente de esta política de medalagnismo, la viene ejecutando el Banco Central de Venezuela (BCV) en las Mesas de Cambio de la banca comercial.
Todos los días, se queman millones de dólares de las exiguas reservas internacionales para bajar la tasa de cambio bolívar-dólar. Sin embargo, a pesar de esta hoguera cambiaria, la tasa de cambio ha caído levemente de forma no significativa. Lo logrado no compensa el esfuerzo y las pérdidas de estas intervenciones cambiarias del BCV.
En efecto, en los últimos 8 días el BCV ha metido de millones de dólares para que solo la tasa de cambio del dólar haya bajado de 24,4163 bolívares a 24,1557, es decir 0,2606 bolívares. Simplemente un “medio”, para aquellos que no recuerden que un medio era la cuarta parte de un bolívar. Un logro paupérrimo e insignificante.
Para tener una idea del costo de las intervenciones cambiarias del BCV, para el 13 de febrero del 2023, alcanzaba los 569 millones de dólares para lo que iba de año. (publicado por Banca y Negocios).
A pesar de esas inyecciones de dólares, la tasa de cambio pasó de 17,5591 a 24,2531 bolívares por dólar. Un incremento del +6,6940 bolívares por dólar.
Habrá -a pesar de estos pírricos logros- quien señale que la política no es solo para controlar la tasa de cambio, sino también para proporcionar divisas a las empresas y las personas. Mejor no toquemos esta parte, por cuanto entramos en profundidades de cosas que nadie consigue.
En definitiva, cuando se busca el origen de la teoría económica que sustenta esta política cambiaria, solo nos queda por decir que es producto del medalaganismo del régimen. No hay otra.
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