El Legado Maduro o las peras del olmo

Spread the love

Por Eduardo Martínez

Por sus frutos los conoceréis.

¿Acaso se recogen uvas de los espinos,

o higos de los abrojos?

Lucas 6.43-45

La reciente comparecencia de Nicolás Maduro -para presentar su Memoria y Cuenta- a la Asamblea Nacional luego de varios años de ausencia, nos recordó el pasaje bíblico de Lucas, uno de los cuatro evangelistas. Ese pasaje no es otro que el relativo a los logros de las personas, que visto tiempo después, llamaríamos el “legado”. Eso que deja una persona para la posteridad. Lucas va más allá en su escrito. Cuestiona la calidad de esos “frutos” que deja, y señala que las personas serán conocidas por esos frutos.

Advirtiendo, al preguntar que una planta de espinos no da uvas, o que no se puede lograr higos de unos abrojos, nos trae a colación un dicho popular: que “no se le puede pedir peras al olmo”.

Ubicados en este contexto bíblico regresamos a nuestra realidad en cuanto al discurso de Maduro en la Asamblea Nacional, el pasado 12 de enero.

Para evitar malos entendidos, sobre lo que dijo Maduro en la Asamblea, en esta edición, y para evitar controversias y erradas interpretaciones, incluimos un excelente resumen redactado por Luigino Bracci Roa, del ministerio para la Cultura.

El Legado

Lo que será conocido como el “Legado de Maduro”, hay que considerarlo desde el 2013, cuando heredó la presidencia. Su tiempo no se reduce solamente al año 2020, de lo cual rindió cuenta, pero que tal vez sin pensarlo muy bien incluyó algunos datos estadísticos que dibujan sus logros presidenciales.

Lo que dijo, y de lo cual Maduro se debe sentir complacido y orgulloso, está en el resumen que se incluye en esta edición. Aunque, las roturas en la tela de la banda presidencial, se evidencia de lo que no dijo, y también, de lo que a simple vista se evidencia del propio mensaje y sus gráficas. Cosas como para no estar orgulloso, si lo hubiera pensado mejor.

Cuando Maduro llega a la presidencia (e) en la agonía de Hugo Chávez de diciembre del 2012, el proyecto de expansión de la revolución bolivariana comenzaba a hacer aguas. Se agotaban los dólares del petróleo que habían servido para financiar urbi et orbi proyectos revolucionarios, gobiernos y apoyos en los cinco continentes.

Sin el halo de “líder” mundial y carisma inagotable, Maduro llega en ese momento a la presidencia. Y sin un manejo de las variables geopolíticas y geoeconómicas, propias de quien nunca había gestionado un negocio más allá de estar sentado al mando del volante de un metro-bus y pedir los tickets del pasaje.

Fue un momento en que, mientras la dirigencia de la revolución se desteñía entre el dolor y el no saber que hacer, Maduro buscaba su lugar en la nomenclatura bolivariana y un lugar en la historia, sin haber calzado las botas militares de Chávez, ni haber transitado los pupitres de la educación formal, ni tener la sagacidad de los prohombres de la izquierda, como José Vicente Rangel, y otros que sin títulos universitarios, habían sabido amalgamar la inteligencia con la viveza criolla.

Si colocamos de un lado de la balanza todos los logros que resulta de la lectura de su mensaje anual de 4 horas, y en el otro lado colocamos los “desméritos” como dicen los militares, debemos concluir que el desastre signa su legado.

Lo que no dice el mensaje anual

  • Entre 5 y 10 millones de venezolanos desplazados. Han emigrado en aviones, barcos, lanchas, en autobuses, caminando, nadando, etc. El mayor éxodo en el país desde la emigración a Oriente en 1814.
  • Entre 300 y 600 presos políticos.
  • Pérdida de la capacidad de producción de Pdvsa en más de 2 millones de barriles diarios.
  • Reducción de la producción de alimentos a menos del 30% de las necesidades de los venezolanos.
  • 10 kilogramos de pérdida del peso promedio de los venezolanos.
  • Cuatro años seguidos de hiperinflación.
  • Devaluación nunca antes vista del bolívar, nuestro signo monetario, que en la práctica ya no existe.
  • Pérdida de cientos de miles de millones de dólares a través de la operación de PetroCaribe.
  • Condonación de la deuda mil millonaria, no cuantificable, a Cuba, Nicaragua y otros países “amigos”.
  • Escasez de combustibles en el mercado interno, con el consiguiente racionamiento por paralización de las refinerías.
  • Colapso del sistema eléctrico y los acueductos por la falta de mantenimiento.
  • Dolarización de facto del país.
  • Desaparición de la infraestructura manufacturera del país.
  • Paralización de las industrias básicas, tales como el acero y el aluminio.
  • Uso indiscriminado de la minería.
  • Construcción de un sistema de bandas y pranatos.
  • Desarrollo de una cultura de enchufados, bolichicos y capos, soportados por una red de testaferros, comisionistas y navegados.
  • Desnacionalización del comercio y la industria.
  • Pulverización del salario mínimo (menos de medio dólar mensual).
  • Desaparición de la jubilación, para la vejez tranquila (menos de medio dólar mensual).
  • Ajusticiamientos por parte de los eisatzgruppen tropicales, que en el 2020 cobraron más víctimas que el Cobid-19.
  • Asfixia de la educación pública y privada.
  • Eliminación de medios impresos y radio eléctricos no afines al régimen.
  • Aislamiento diplomático. Desaparición de la acreditación de embajadas en Caracas, y reemplazadas por menos de una docena de nuevos gobiernos amigos.
  • Aislamiento aéreo, antes de que se iniciaría la pandemia en marzo del 2020.
  • Uso de medidas seudo sanitarias con fines de control social.
  • Neutralización de la autonomía del ente electoral.
  • Eliminación de la separación de poderes.
  • Uso indiscriminado y continuo de la re interpretación de las leyes, decretos y resoluciones.
  • etc.

Ese es Legado Maduro. Para conocer los éxitos -presuntos o reales- leer la nota que se incluye a continuación.

Si tiene alguna duda, y quiere mostrar su descontento o contribución a este análisis, haga llegar sus comentarios al email: eduardomartinez@eastwebside.com

 Gráfico: El Olmo de Siberia, Rusia.

Deja un comentario