El año 2026 se partió en dos. Luego de seis meses, iniciados con la captura de Nicolás Maduro y dos terremotos, llegamos a una semana crucial. Los Marines salen de sus cuarteles de campaña y los informes de inteligencia de EEUU empiezan a ser desclasificados. Ya no son confidenciales.
El discurso de Donald Trump en la noche de este jueves debe ser oído y analizado. Tiene varios pasajes que nos tocan abiertamente. Otros, abren alternativas que debemos subrayar con marcadores de tinta amarilla.
Hay que prestar atención, que como preámbulo al discurso presidencial, se produjo en Caracas el anuncio del injerto de la Asamblea Nacional 2015 con la Asamblea de los hermanos Rodríguez. La primera resucita cuando la creíamos muerta. La segunda que nació muerta en el parto.
La iniciativa, obviamente política e impulsada desde Washington, busca descongelar la desaceleración sufrida por seis meses de toma posiciones en el territorio nacional.
Se dice que “las oportunidades las pintan calvas”. Caso en el cual no se puede perder tiempo. Y eso es lo que ha hecho la administración Trump. Venezuela es un logro. No se puede perder. Y las cosas deben funcionar.
Para ese “funcionar” se hace necesario que los venezolanos retornen a una vida pacífica y productiva. Lo que pase porque se destrabe el engendro de una economía comunista de nuevo cuño que no respeta todavía los derechos fundamentales.
Romper ese Muro de Berlín en la vida de los venezolanos requiere la demolición del Consejo Nacional Electoral de Venezuela (CNE), sus leyes y reglamentos. Todo diseñado, aprobado y montado para imponer una hegemonía de partido único.
También, se requiere que se dinamite en su integración el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), conformado por fichas políticas del régimen con el fin de aprobar lo que no debería ser aprobable en sus salas Electoral y Constitucional.
De nada sirve cambiar el CNE, y dejar a esas salas inamovibles. Las experiencias son inaceptables. Solo basta recordar las últimas presidenciales, en las cuales fue anunciada la reelección de Nicolás Maduro, leyendo los resultados escritos en una servilleta de papel. Y al amanecer del día siguiente, salía la Sala Constitucional a ratificar los resultados y la proclamación.
La salida ha sido heterodoxa. Apoyar en un deshilado hilo de legalidad, las bases de una salida pacífica y de naturaleza democrática. La diputada Dinorah Figuera está montada sobre esa cuerda floja, que como último esfuerzo lucha por conducir a unas elecciones futuras. No olvidemos que esta salida para los Rodríguez es para “para salvar el pellejo”.
¿Y qué ven y desean los venezolanos?
Desde un primer momento, los venezolanos quieren ver borrado del mapa al régimen que en cómodas cuotas le fue cercenando el goce democrático, las garantías de oportunidades de participación política, de vivir en territorio patrio, y en muchos casos, hasta de la vida misma.
Ahora, querer verlos borrados es una esperanza. Poder hacerlo solo depende en este momento del gobierno Trump. En este sentido, los EEUU tiene una mala experiencia: Irak. Lo cual ha sido importante.
En este caminar heterodoxo de un injerto del bien hacer con lo que ha sido el mal hacer hacia el futuro, la aguja de la brújula señala a María Corina Machado. Es la luz al final del túnel de casi tres décadas.
En efecto, en todos los estudios de opinión surge su nombre. Es la esperanza. Los venezolanos comulgan con sus propuestas, y admiran su férrea postura frente a lo que ha sido el proceder de un régimen en términos de iniquidad, la corrupción y la mentira.
Eso lo sabe Washington. Por eso, en nuestra observación y entender, es la razón del porqué la cuidan.
No es un problema de simpatía o amistad. Es la correcta interpretación política de una realidad. Si hay elecciones, la convicción es mayoritaria: si hay elecciones, María Corina ganará. Hay que esperar las condiciones para que también cobre ese triunfo. En eso se espera trabaje el injerto a partir del primero de agosto. Y estamos a tan solo dos semanas.
Por supuesto, hay quienes saben que sobre este camino no tendrán mayor vida política, los contratos no aparecerán y que los privilegios desaparecerán de sus vidas. Lo que son las esperanzas de las mayorías, no pueden coexistir con las triquiñuelas de los enchufados.
Dejemos eso para los influencers de la modernidad tecnológica.
Esperemos con tranquilidad, y sin dejar de prestar atención, la realización de las elecciones, que por lo demás siempre se ha dicho sería para el 2027.
Nota final y al margen: como Trump siempre tiene entre sus estrategias los cuchillos de doble filo. No sorprende que para su discurso desclasificara un informe de la CIA sobre el amañamiento de los resultados electores en Venezuela, y también (o casualidad) los resultados en EEUU (2020) que Trump siempre ha denunciado le quitó el triunfo.
Eduardo Martínez
Editor, www.eastwebside.com