Venezuela viene de un colapso que no parece terminar. Los cimientos y estructuras del país quedaron dinamitadas por un proyecto que apuntó a la destrucción. Y si ese régimen tuvo éxito en algo… es que logró esa destrucción!.
Podemos extendernos en recordar lo que significó llegar al 2020, al inicio de la pandemia. Sin embargo, lo importante es visualizar lo que está ocurriendo seis años después del clímax del proyecto destructivo.
En las últimas semanas la economía venezolana ha estado caracterizada por la escasez de efectivo, sean bolívares o dólares. Los consumidores solo se mueven con dinero plástico. “No hay bolívares ni dólares en efectivo ni siquiera para dar propinas”, señalaba esta semana una preocupada señora en su día mercado.
Para quienes creían que la llegada de los Marines era suficiente, cinco meses después descubren que las cosas no eran así. La economía, después de una destrucción, tiene sus tiempos. Y esos tiempos son los que estamos viviendo.
Nuestra economía es una economía de guerra y la que viene después. Por suerte, la guerra duró unas cuatro horas. Pero las consecuencias resultan ser inevitables.
En este contexto, lo que nos falta es generar propuestas y alternativas y ejecutarlas. Lo demás es “paja”. Y cuando se trata del impacto social de la crisis, eso que tiene que ver con el estómago de los venezolanos, esa “paja” agarra candela.
Eduardo Martínez
Editor, www.eastwebside.com
Gráfica: Cortesía EFE 2020