Editorial: DirecTV vs. Don Armando De Armas

Hoy se cumple un mes del cierre unilateral de operaciones por parte de DirecTV, la principal operadora de televisión por cable en Venezuela.

Con esta medida, millones de venezolanos quedaron desconectados del mundo, sin entretenimiento y sin información.

El hecho ocurrió en momentos de una profunda crisis política, económica y social, en la cual el país –como consecuencia del comportamiento del régimen imperante- se encuentra sometido a sanciones por parte de quien fuera su principal cliente.

La decisión de los propietarios de DirecTV no tomó en cuenta a sus millones de leales suscriptores.

A un mes del cierre de operaciones, los venezolanos lamentan con angustias que su ventana al mundo haya quedado tapiada, por una medida tomada en una fría oficina estadounidense.

Nicaragua 1980

Esta circunstancia nos recuerda los años 80, cuando todavía en Latinoamérica la prensa escrita era la ventana al mundo.

En la Nicaragua sandinista de esos años, el primer gobierno de Daniel Ortega transitaba el camino autocrático de Cuba.

En ese camino, se perfilaba un país con un solo partido, sin libertad de empresas, sin instituciones religiosas, y con las libertades reducidas a su mínima expresión.

Pronto el desabastecimiento, la inflación, la erosión de las tierras, el mercado negro, la devaluación la falta de productos básicos, asfixió a los nicaragüenses.

En poco tiempo: educación, televisión, radio, producción, ejército, instituciones recibían la denominación de sandinista.

La libertad de prensa, no escapó de las restricciones. La Prensa de Managua, diario independiente, se publicaba porque recibía el papel desde Venezuela.

Los kioscos estaban abarrotados de la prensa y revistas de Cuba, la URSS, Alemania Oriental, Rumania y otros países detrás de la Cortina de Hierro.

Cada día, las revistas y libros del mundo libre iban desapareciendo de los kioscos.

Don Armando De Armas

El principal distribuidor de revistas en Nicaragua era el empresario venezolano Don Armando De Armas. Las principales revistas internacionales, llegaban tradicionalmente de la mano de Don Armando.

Su agente local por décadas, era un señor de apellido Ramírez. Don Armando siempre lo llamaba “Socio”. Y era así.

El régimen sandinista todos los días apretaba un poco más el cuello de los distribuidores de revistas internacionales.

Ellos no tenían acceso al dólar. Debían comprarla en el mercado negro, para honrar los envíos que recibían. Y como la moneda se iba devaluando, se encarecía el precio de venta. Se hacía impagable para los nicaragüenses.

En el momento de mayor apremio, cuando ya era inminente el cese de la llegada de la prensa internacional, el Sr. Ramírez, que por décadas le había cumplido a Don Armando, lo llamó angustiado por la situación.

Don Armando en el teléfono se quedó pensativo y después de uno o dos minutos, le dijo: “nos vamos a ver en Panamá. Te envió los pasajes”. Así fue.

Unos días después, se reunieron en un hotel de Panamá. Don Armando lo oyó sin interrumpirlo. Luego, se quedó pensando, antes de decirle: “Ve lo que vamos a hacer”.

Palabras más, palabras menos, Don Armando le dijo al Sr. Ramírez: “No podemos dejar a los nicaragüenses solo con la propaganda comunista. Tiene que seguir recibiendo la prensa libre”.

Luego, razonó que muchas de sus revistas eran de franquicia, él tenía que pagar los royalties. Lo que creaba un problema.

La solución la traía Don Armando en su sagacidad para los negocios. Para evitar el pago del royalti, trabajarían con las devoluciones. Por lo que Don Armando tomaría las revistas devueltas, y con unas semanas de atraso, las despacharía a Nicaragua.

El Sr. Ramírez, como buen comerciante, le preguntó de inmediato por la parte comercial.

Don Armando también había pensado la solución para esa importante parte del negocio.

“Tu fijarás un precio que los nicaragüenses puedan pagar. Y como siempre, a mi me tocará el porcentaje que siempre me has pagado. Lo cambiarás en el mercado negro, al cambio que sea, y me lo mandas”.

Así los nicaragüenses en ese primer gobierno sandinista- siguieron teniendo su ventana abierta al mundo. Y los Ramírez, nunca estuvieron seguros de que la operación le proporcionara ganancias a Don Armando.

Cuarenta años después, ¿No pudo DirecTV tener “conciencia de clase” y encontrar una manera de seguir operando?

Eduardo Martínez

Editor

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