Editorial: Cuando un amigo se retira

Problemas de salud obligan al escritor Carlos Alberto Montaner a colgar los guantes de la escritura. Una triste noticia para nuestros lectores, y una desagradable realidad para nosotros.

Todos sabemos, que en algún momento no seguiremos escribiendo y publicando. No somos como esa publicidad de una empresa de las baterías del conejito, que decía: … y dura y dura…. La verdad es que no duraremos para siempre.

Carlos Alberto padece de “Parálisis Supranuclear Progresiva”, como el mismo lo escribe en su última columna que publicamos a continuación de este Editorial, y que invitamos a nuestros lectores que la lean.

Conocimos a Carlos Alberto Montaner a principios de los años 90 en Caracas. Exactamente antes de un evento en el Salón Naiguatá del hotel Tamanaco.

La ocasión resultó jocosa e inolvidable. Luego de ser presentados por representantes del exilio cubano, entrabamos al salón cuando se le acercó una muy joven periodista, micrófono en mano, y sin más le preguntó: ¿es usted el padre de Ricardo Montaner?.

Montaner, superando la sorpresa por apenas unos segundos, no pudo hacer otra cosa que estallar en carcajadas. Episodio que lo agarró al vuelo, y el relato de lo sucedido serían sus palabras introductorias en el evento.

Une década después, comenzamos a encontrarnos con relativa frecuencia en foros y conferencias en la ciudad de Miami. Momentos en que aprovechamos para intercambiar opiniones sobre los que pasaba en Venezuela y nuestra región.

Así llegamos a las navidades de 2017, cuando en una reunión en el Instituto Interamericano por la Democracia (IID), me preguntó que estaba escribiendo. Para ese momento (yo) había concluido el ensayo “Arístides Calvani frente al Comunismo”.

Al vuelo, Carlos Alberto me dijo: “envíame los originales y te lo publico en el Fondo Editorial del instituto”. Se lo envié al día siguiente. Y a vuelta de correo, como se decía en otros tiempos, me contestó que lo había leído, que lo iba a publicar y me preguntó que cuándo podía ir a Miami para la presentación.

No dudé en pedirle que escribiera una introducción o prólogo. En ese momento no me dijo ni que si, ni que no. La petición quedaría en el aire, y agotado el tiempo, no escribió el texto.

El reloj de su enfermedad comenzaba a causar efecto. No lo sabíamos.

Impreso el ensayo, y ya a horas de presentarlo, los organizadores me comunicaron que Carlos Alberto se había disculpado por que no iba a estar presente.

Quedaba una última acción, que yo lo llamara y tratara de convencerlo. Cuestión que hice. Pero sería infructuoso. Lo llamé, le pedí que asistiera. Sin embargo, en grado de confesión me informó que le habían diagnosticado Parkinson, y que el tratamiento le estaba afectado mucho.

Esa infidencia me dejó un gran peso en el corazón. Me guardé la realidad por poco más de un año. Hasta que, con motivo de la presentación de sus memorias en diciembre del 2019, señaló públicamente el mal que padecía.

El título ya en ese 2019 anunciaba que su retiro estaba cercano: “Sin ir más lejos”.

A pesar de eso, Carlos Alberto seguiría escribiendo hasta este último artículo de mayo del 2023. Lo que ha debido exigirle un esfuerzo sobre humano. Muy característico de lo que ha sido su trayectoria de vida, desde aquellos momentos en que el comunismo sumergía a su Cuba natal en las profundidades de la dominación, la violación sistemática de los derechos humanos, y que le impulsarían al exilio para seguir luchando desde otros frentes.

Amigo Carlos Alberto, seguimos militando en esos mismos frentes. Contamos con el ejemplo de tu vida y tu escribir: Nos legas tus ideas.

Eduardo Martínez, Editor

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