Droopy a las puertas de Miraflores

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Por Eduardo Martínez

Karim Kham, el poderoso fiscal de la Corte Penal Internacional (CPI), hasta el momento ha sabido mover las piezas de sus investigaciones del “caso” Venezuela. Su última jugada, con la que logró le permitieran abrir una oficina en Caracas, se puede considerar una jugada maestra.

Algo así parecido a que le hubieran permitido a la Corte de La Haya abrir una oficina a la entrada de los Gulags en Sibería, en la era soviética.

Bajo la pretención de “no tenemos nada que buscar”, el régimen apuesta a rebajar el nivel de hasta dónde se llegará a subir en las investigaciones de la “línea de mando”. Porque en este caso, de eso es que se trata.

Por ello apuesta a permitir abrir en Caracas la oficina de la CPI.

En la conferencia de prensa conjunta, las pretenciones del presidente Maduro -en su propia voz- señaló que “esta oficina seguramente tendrá un impacto muy favorable en el marco de la complementariedad del Estatuto de Roma para el fortalecimiento de los procesos de reforma y de cambios necesarios del sistema de justicia de Venezuela, para la formación de los actores principales en esa materia”.

En tanto el fiscal Khan señaló que “la capacitación para que Venezuela pueda hacer más para cumplir sus obligaciones en el marco del Estatuto de Roma”.

En ambos casos, tanto Maduro como Khan aputaron al futuro: una asesoria para que todo funcione mejor. Aunque eso sonará a en los interrogatorios de las distintas “tumbas”, no queden marcas; o como se suele ver en las películas de mafiosos, y también en el know how soviético: “que parezca un accidente”.

Sin embargo, queda claro que mientras la nueva oficina en Caracas es para lo que viene, la investigación en curso es sobre los crímenes de lesa humanidad  que han ocurrido en el pasado reciente. Ese es el trabajo de Khan. Lo del futuro con la asesoría es un trabajo colateral.

La verdad de la verdad es que hay casi 9.000 testimonios que engrosan el expediente del caso en la CPI. Un número difícil de desestimar, y que en la investigación de la línea de mando -de quién o quiénes ordenaron- se deberá encontrar un culpable.

Un detalle significativo, de lo que han sido las investigaciones de Khan, es el que haya rechazado la petición de los representantes de Maduro “para responder al informe con las información de al menos 8.900 víctimas”.

Habría que preguntarse el porqué. Que no debe ser otro que proteger a las víctimas de una continuación de sus martirios. Eliminando en esta etapa del proceso, las probables coacciones y presiones indebidas a los testigos. Lo que es una bien fundada especulación de nuestra parte.

En todo caso, el fiscal Karim Khan es como el famoso Droopy de los cartoons en su papel de efectivo de la Policía Montada de Canadá: Un personaje que nunca se detiene, aparece en cualquier parte sin avisar, y que al final con sus largas orejas es un perro de presa” cuando muerde no suelta . Símil con el cual nos permitimos ilustrar este análisis.

Para comentarios: editor@eastwebside.com

 

 

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