Por Domingo González Villegas
La espada pende sobre nuestras cabezas; desde hace varios años vemos cómo el régimen amenaza, envalentonado, a aquellos que no comulgan con él, pero ahora la situación es peor si es cierto lo que un comentarista anotó en las redes: el Hesbolat y el Hamas han sido financiados, permanentemente por Venezuela, acelerado ese proceso en los dos últimos años, con el oro que han venido trasegando, diréctamente, desde las bóvedas del BCV hacia Turquía e Irán.
Cierto o no, ellos hacen lo imposible porque el mundo se entere de sus hazañas: de un lado, el que funge de presidente, apresta un volumen considerable de bituallas para los terroristas mientras por otro lado un alto funcionario de esta estructura del mal, aparece disfrazado de jeque aupando a esos grupos criminales, en nombre de una revolución venezolana (sic), donde él es protagonista permanente, además de otros actores que actúan en la misma dirección para dejar constancia, a la opinión pública internacional que ellos son los buenos, los que trabajan por el bienestar del pueblo.
Cabría preguntarse: qué entendemos por bienestar?, Qué es solidaridad?, cómo calificar el descabezamiento de innúmeros niños en sus cunas respectivas?
Pensemos por un mento el horror que sentiríamos si presenciáramos tamaña desmesura, si se puede calificar, de alguna manera, algo tan inconcebible.
La espada se balancea encima de nuestros cogotes, Dios sea misericordioso.
* Profesor Doctorado UCV