Por Domingo González Villegas
A menudo vemos por los medios de comunicación, unas comparaciones entre el ingreso de los venezolanos y el de los habitantes de otros países. Nada más desatinado pues el problema no debería sustentarse en un signo monetario en particular, sino en su poder adquisitivo real. Veamos un ejemplo sencillo: cuando se compara el ingreso de, pongamos, colombianos vs venezolanos y decimos que el ingreso de los venezolanos es el equivalente a 4 dólares, que es lo que hoy vivimos y que el de los colombianos es de 10. Bien, cuánto puede adquirir el vecino con su ingreso y cuánto puede el connacional con el suyo?
Las magnitudes a manejarse son los precios, no los valores, los volúmenes, no los deseos…en consecuencia nos encontraremos con desigualdades casa vez más marcadas en tanto y en cuanto las relaciones sociales, de mercado, laborales, en fin de sana convivencia, no nos sean impuestas por un capricho que obedece a otras realidades. Y sí la comparación va mucho más halla, pongamos una docena de países, la cosa se complica aún más
Qué quiero trasmitir, que la situación nuestra pareciera obedecer, más a intenciones preestablecidas, siguiendo un patrón preconcebido en búsqueda de un resultado esperado, no por azar, sino, como se anota más arriba, con un (os), objetivo (s) ya modelados y, basándonos en declaraciones de connotados líderes del establishment sobre aquello de que mientras más pobres seamos más apoyo obtendrá el régimen de parte de la población, el panorama aparece más claro.
Así de sencilla es la cosa. ¿Qué hacer en consecuencia? A mi manera de ver asumir el reto de la protesta permanente en todas las áreas del acontecer social y no luchas aisladas y epilépticas.
Si no se acometen acciones de esa naturaleza, estaremos condenados a permanecer en la situación actual hasta el final de nuestros días. Los enfoques deberían hacerse coincidir.
* Profesor Doctorado UCV