Por Domingo González Villegas
Ahora, cuando escribimos para explayar una idea y hacerla común, compartiendo inquietudes o, simplemente, por obedecer el mandato que te dicta tu estructura axiológica señalando dislates o desmanes de un particular o plural ente, nos asaltan dudas.
Probablemente, estoy siendo repetitivo en el discurso; atosigando a mis lectores con oraciones ya gastadas. ¿Estoy siendo coherente en el trato de este u otros asuntos?
Más, luego caigo en el océano de lo común, expresado cada día y a cada momento, por la élite gobernante y entonces retomo mi totuma y mi por si acaso para continuar el camino.
Es la dura realidad que nos enfrenta el cronos fatal, ya que lo noticioso, al menos lo que nos llega de a poquito porque todo es así, desgraciadamente en nuestra cotidianidad que también a la larga irá quedando hecha girones a la vera de nuestra ruta. No queda más remedio que gritar a los cuatro vientos nuestra verdad verdadera, hasta que los tímpanos revienten y se hagan sentir en la mente del penitente.
Hay que seguir diciéndolo. Siempre hacia adelante, nunca desfallecer: la luz nos espera para redimir nuestras angustias.
* Profesor doctorado UCV