Del bochinche al cucarachero de la oposición

Por Eduardo Martínez

Ya perder la capacidad de asombro no es suficiente. El comportamiento de la oposición es difícil de ser aceptado por los venezolanos. Lo que permite al gobierno seguir andando por la vida, de espaldas a la Constitución y los principios democráticos.

“Bochinche, bochinche y más bochinche”. Aunque la frase fue pronunciada por Francisco de Miranda hace más de dos siglos, si fuera un grafiti deberíamos de no recostarnos de la pared para no mancharnos con la pintura, estaría todavía fresca. Es decir, el pensamiento sigue vigente.

Esta situación no es para nada nueva. Aunque cada tanto se revitaliza la actitud de bochinche ante cualquier episodio que se suscite. Como ha sido, por ejemplo, la firma del Acuerdo de México por parte “de un sector de la oposición”, como se complació en llamar el ciudadano presidente obrero.

Lo más triste del episodio en cuestión, es que Maduro no ocultó su estrategia. Sin embargo, como corderitos, los opositores -todos ellos- salieron a marchar al paso que el tamborilero del régimen indicaba.

En México, el mandado Jorge Rodríguez se reunión con los firmantes: Gerardo Blyde et al, de quienes obtuvo rápidas firmas, con el desparpajo de quienes firman el voucher de una tarjeta de crédito que la pagará otro. Luego Maduro, anunciaría que se iba a reunir con otros sectores de la oposición. Lo que ocurrió acto seguido en Miraflores.

Según la prensa oficial, que difundió con amplitud los encuentros, todo es un mar de rosas y de esperanzas -siempre esperanzas- de próximas acciones conjuntas en la Asamblea Nacional. Aprobaciones que el régimen no necesita por cuanto tiene diputados de sobra para aprobarlas solos, lo que les viene en gana.

No se entiende, como los opositores no entienden.  Y – de nuevo todos ellos – caen en esta trampa: Divididos por el régimen, enemistados unos contra otros, y creyéndose -cada uno de ellos- que representan a los venezolanos que se oponen a Maduro y el PSUV, y quienes califican mayoritariamente de nefasto el desempeño del régimen.

Uno de los efectos que produce esta estrategia del régimen, es la desmoralización de los venezolanos afectos a la oposición. Para que dejen de creer en los dirigentes de oposición, cualquiera que sean ellos. Ese es el objetivo. Lo que logra el régimen con facilidad, gracias al cucarachero y bochinche de la oposición, que cuando empieza a sonar el tambor cada una va por su lado.

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