Por Eduardo Martínez
El petróleo en Venezuela durante el Siglo XX financió los sueños de los venezolanos. Todo lo que se hizo, fue gracias y posible por los ingresos petroleros.
La educación, la salud, la alimentación, la infraestructura, la defensa, entre otros, pudieron desarrollarse por encima de la miseria del Siglo XIX.
Sin embargo, no faltaron las voces agoreras que satanizaron la industria petrolera. Inclusive, en el cenit de los ingresos y desarrollo, llegaron a llamar al petróleo “el excremento del Diablo”. Un calificativo mezquino por quienes, al igual que todos los venezolanos, se habían beneficiado de los cuantiosos ingresos.
Con el inicio del Siglo XXI, el país se “reseteó”, como se hace con las computadoras cuando se bloquean, y para arrancarlas de nuevo, se apagan y se encienden otra vez.
Solo que en esta ocasión, el país no era un computadora. Tenía cuerpo, alma y un corazón que palpitaba por si solo.
El saldo ha sido terrible. La industria manufacturera se desmanteló, el mantenimiento de la infraestructura, no se hizo o se le dieron los contratos a países más atrasados que nosotros – sin tecnología y sin conocimientos.
Los venezolanos, buena parte de los más capacitados, se fueron. Así como también emigraron los que estaban llamados a ser las generaciones de relevo.
En cuanto a la industria petrolera, que se ubica entre las 10 primeras del mundo, fue sometida a una descapitalización, desmantelamiento y destrucción sin precedentes.
En esta edición, incluimos un especial de opiniones que abordan ¿Cuándo se “J” PDVSA?, de Rafael Gallegos; Decadencia y destrucción de PDVSA, de Carlos Canache Mata; y Las Preocupaciones de Gustavo Coronel, sobre la nueva zarina de PDVSA y sus más recientes declaraciones.
Ahora tenemos las casas muertas y abandonadas, y la industria petrolera destruída.
Con petróleo, pudimos hacer muchas cosas. Sin petróleo, no vemos la factibilidad de un futuro que nos acerque a lo que fue el Siglo XX.
@ermartinezd