Por Eduardo Martínez
Los terremotos del 24 de junio nos dejaron profundas heridas que debemos curar. No las podemos dejar al descubierto. Tampoco, podemos ignorarlas, para que el tiempo las sane.
El toro de la naturaleza hay que agarrarlo por los cachos. Los daños los debemos reparar. Los escombros debemos recogerlos y botarlos. Y nuestros hogares, donde nos sentimos fuertes y protegidos, debemos ponerlos a punto.
Pero al lado de nuestros hogares, están nuestros afectos. Son muchos los que se fueron. Todos conocemos a alguien quien ya no está. O que tiene un familiar que desapareció con este suceso. Eso nos muestra la magnitud de la tragedia. Y hay que enfrentarla.
No es fácil. Nos costará dinero y esfuerzos. Pero debemos empezar a hacerlo desde ahora. Porque el tiempo de duelo no es eterno. Debemos ver al futuro y prepararnos para recuperar nuestra vida.
El momento es complejo. A la vez que acondicionamos nuestros hogares, debemos compartir para ayudar a quienes perdieron todos. Pero de a poquito, debemos hacerlo.
Seguir con vida y en la vida sin los demás no es posible.
Curemos las heridas. Pongamos una curita a los daños, físicos y sentimentales.
Editor, www.eastwebside.com