Por José Hernández
Ya le empezaron a poner ADLE, Alejandro de la Espriella, era un nombre cansón por eso era el tigre. Y, en solo meses, montó una campaña que lo hizo presidente.
La verdad es que tiene para hacer un gran gobierno, una gestión que recomponga la colcha del vecino. El país es ahora casi tres toletes similares, los de ADLE, los de Cepeda y los de los votos en blanco y los no votantes, que consideramos uno.
No es fácil gobernar un país, Colombia, son varios: el paisa, el Caleño, el bogotano, el de la Costa Atlántica y el de la Costa Pacífica. Y, se reparte en indígenas, empresarios, académicos, ecologistas. Y, la cuenta sigue.
Es un país que sobrevivió a Pablo Escobar y su tenebroso cartel de Medellín. Adentro coinciden guerrillas maoístas contra troskistas, autodefensas, bandas criminales y un ejército bastante ducho en acabar con bandidos.
Esa Colombia, hermosa, sabrosa, rítmica y genial, la de García Márquez y la Gota Fría, los cóndores de Obregón y las gordas de Botero.
Una nación con personajes como Nariño que fue condenado por la Santa Inquisición por traducir al español los derechos del hombre.
Ese país lo preside ahora ADLE, a quien Dios lo ilumine y haga un gobierno para todos los colombianos, que respete la constitución y que logre que ese hermoso país logre elevar su impresionante productividad e ingenio, sin ataduras ideológicas siempre necias y siempre inútiles.
Que Colombia sea ese lugar donde el hombre pueda ser libre. ADLE que el Dios de todos los ilumine y lo proteja.
* Editorial alterno, Corresponsal en Miami
Fotografía: Cortesía de la dw.com