Beatrice Rangel: OECD – el orden fiscal debe ser acompañado de orden penal

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Por: Beatrice E. Rangel.

La suscripción de un acuerdo entre 140 países para imponer una tasa mínima del 15% como impuesto a la renta ha sido un avance para la reconstrucción de las finanzas públicas en el mundo entero. En efecto, a partir de la década de los años setenta cuando las tasas impositivas eran muy elevadas tanto en Europa como en los Estados Unidos, la globalización de las finanzas llevo fomentar dos procesos que han debilitado la capacidad de los estados para financiar los servicios públicos. 

Por una parte, florecieron países en los cuales se comenzó a liberalizar la economía reduciendo regulaciones y estableciendo tasas impositivas equivalentes en promedio a la mitad de las que predominaban en los países de Europa y en Estados Unidos. Por otra parte, surgieron por doquier paraísos fiscales donde se ocultaban las fortunas de ciudadanos de países con tasas impositivas predatorias. Este segundo desarrollo ha quedado registrado con meticulosidad por los Panamá y los Pandora Papers. Hoy se calcula que los países pierden 427,000 millones de dólares en impuestos perdidos como consecuencia de la evasión corporativa e individual.

Ambos procesos han recibido un llamado de fin de cancha con el acuerdo promovido por la OECD para universalizar una tasa impositiva mínima del 15%.

Porque la evasión fiscal sigue normas predecibles y intervenibles. De hecho, la decisión de evadir está directamente relacionada con el costo de esa operación. Si evadir es más caro que pagar los impuestos nadie incurriría en la evasión . Pero si pagar los impuestos es mas caro que evadir, la evasión está asegurada. De allí que una manera de detener esa hemorragia que ha drenado recursos claves para el desarrollo de todos los países del mundo es abaratando el costo de la evasión. Y la mejor manera de hacerlo en manteniendo tasas impositivas bajas.

Desarmar los paraísos fiscales (léase Islas Cayman Andorrra, San Marino, Mónaco; las Islas de Man, Panamá etc.) será mucho más difícil porque allí fluyen otros recursos distintos a los que son producto de la evasión fiscal. A esos destinos llegan via una intrincada red de compañías de portafolio fondos provenientes de actividades ilícitas (secuestros; tráfico de drogas; producción de documentos falsos y de productos que infringen derechos de propiedad intelectual). En síntesis, estos exóticos paraderos son las alcancías del crimen organizado transnacional. Destruir estor vertederos de crimen será realmente difícil a menos que los países signatarios del acuerdo fiscal también decidan ponerle dientes a la Convención de las Naciones Unidas contra el Crimen Organizado Transnacional. Y este es un reto mucho más difícil porque pasa por la armonización y globalización de los procedimientos penales que hasta ahora son de estricto carácter nacional.

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