Por Aquiles A. Prieto
Hace más de once años hoy, el Papa Francisco le puso especial atención a la situación política de Venezuela. Invitaría a una serie de dirigentes de las distintas oposiciones a Roma, para presentarles un plan estratégico sobre Venezuela que nos ayudaría a salir del hueco insondable en que andamos.
Había logrado la anuencia de cuarenta países con sistemas democráticos de América, Asia y Europa junto a instituciones internacionales y nacionales, que asistirían a los venezolanos con todos los medios posibles, siempre y cuando descartáramos la violencia y actuáramos con sentido político, involucrándonos de lleno en la organización y celebración de elecciones libres y democráticas que coadyubarían a la solución del conflicto de manera pacífica y civilizadora.
Para lograr tal objetivo, la dirigencia opositora y variantes tenían que trabajar duro y mantener una “Unidad Superior”, la UNIDAD UNIDA, con el firme propósito de participar en cuanto evento electoral se presentara, no obstante que a la vista de todos, la dictadura manipularía los procesos comiciales.
Conociéndose la actitud anti política, anti políticos y anti democracia del autócrata, de todas maneras las fuerzas políticas de oposición, mantendrían la UNIÓN promocionando el voto, único medio legítimo capaz de ejercer plenamente la soberanía de la nación, descartándose la violencia y el llamado a la abstención electoral marxista que impulsaban y siguen impulsando los rojos mirafloreros y sus palmeadores.
Fue lo que el Papa Francisco denominó “La Ruta Electoral del Vaticano”, que los distintos dirigentes de la oposición suscribieron, previa confesión de sus pecadillos y recibida la Santa Comunión de manos del Santo Padre Francisco, bajo la bóveda de la Capilla Sixtina justo desde donde se observa “el fin de la historia”, fresco inmortal de Miguel Angel.
Así todos bendecidos y unidos alcanzamos en el 2015 la clamorosa victoria electoral y las 2/3 partes de la Asamblea, con lo cual, ya obtenido el espacio político de un poder tan importante como el legislativo, nos pavimentaba el camino para alcanzar la Presidencia de la República en las elecciones del 2018.
La oposición tenía sólo que cumplir con sus aliados internacionales y nacionales los compromisos acordados, basados en mantener indestructible la unidad de La Ruta Electoral del Vaticano para el clásico presidencial del 2018, cuyo triunfo hubiera sido arrollador, ya que el gobierno de la involución socialista del siglo XXI estaba en la lona.
En el tiempo transcurrido de menos de tres años entre el 2015 y 2018, los distintos dirigentes de las oposiciones se agarraron por las greñas y cayeron en insultos y descalificaciones previlegiando ambiciones subalternas, desconociendo y dinamitando la UNIDAD UNIDA implementada por el Papa Francisco, mandando al zipote todo lo alcanzado, abriéndole el capote a la maniobra del Mayor Rojo de la abstención electoral, que junto al absurdo de “la salida” que pregonó la dirigencia desenfocada, entronizó el continuismo dictatorial en Miraflores.
Ahora bien, pasado lo insólito del pasado, con ocasión de la desaparición el lunes del Papa Francisco, se hace imperativo tener muy presente el legado que nos ha dejado a los venezolanos, La Ruta Electoral del Vaticano y que la Conferencia Episcopal Venezolana ha propagado y sostenido sin pausa.
Esto no es cuestión de víceras, de oportunismos, de bofetadas, ni de desconocer los liderazgos de nadie..se trata de una actitud de lucha, de argumentar ante los sentimentalismos irracionales, para no repetir y repetir los errores del pasado y del presente.
Correríamos el riesgo de echar “patrás”, de fracturar la voluntad opositora, desmovilizar a la ciudadanía y debilitar la esperanza de cambio que cunde por todos lados.
Sería entonces recomendable tomarse todas las mañanas antes o después del desayuno, una pastillita de “ubicatés”, para ubicarnos y entender lo que está sucediendo, y no andar por allí injuriando y pegando alaridos y cogiendo arrecheras que a nada bueno conducen.
Por supuesto que las dictaduras nunca han dado garantías de nada ni las darán, pero por eso no vamos a tirar la toalla.
Siempre las tiranías harán fraudes igual que en 1952, 1957 y como bien sabíamos que también sucedería como sucedió el pasado 28J.
En ese entonces como ahora, quienes participamos en las elecciones siguiendo el diseño y estrategia de La Ruta Electoral del Vaticano asumida por la Plataforma Unitaria Democrática que dirigen EGU y MCM, votamos abrumadóramente, y de ninguna manera votando ratificamos a la dictadura y sus desafueros, como tampoco al pueblo soberano que por ejercer en derecho al voto se le puede reprender de traidor, gusano, alacrán o colaboracionista como vomita el discurso stalalinista o cubanofidelista sin cordura ni sosiego.
Tanto la dirigencia de Miraflores como de la oposición-más no la ciudadanía-, sabían y estaban contestes que si los acuerdos de Barbados no se completaban y aceptaban antes de las elecciones, pues el fraude era de peregullo.
El reparto “del coroto”, según el gobierno de transición y de concordia nacional que se implementaría después del 28J, no se llegó a concretar por torpezas y falta de reciprocidad entre las partes involucradas … y con todo y eso, en muletas arqueadas corrimos el riesgo y con el país entero, de “jugarnos a Rosalinda” venciendo la abstención y votando masivamente.
A nadie se le ocurrió imputar a quienes votamos el 28J de infieles, desleales, parias, atornilladores y legalizadores del Mayor Rojo, pues hasta se dejó de arrojar incienso sobre el altar de la abstención marxista.
Como hemos comentado varías veces, Rómulo Betancourt decía que su peor error político fue mal interpretar y jugar posición adelantada, llamando a las bases adecas a la abstención en la elecciones de la constituyente del 30 de noviembre de 1952, militancia blanca de Juan Bimba, la cual por cierto no le hizo caso, y salió a votar en masa por las tarjetas que quedaban amarillas y verdes de URD y COPEI, las únicas organizaciones políticas que el Tarugo permitió que participaran.
En esa elección de 1952, la oposición obtuvo el 80% de los votos, pero al día siguiente el triunfo fue desconocido y se impuso el fraude de la bota militarista, tal cual como aconteció el 28J del 2024.
Así que en este mayo, junio y julio que vienen, el orgullo de Cienfuegos completaría su arte de suscitar la división y el abstencionismo marxista entre las oposiciones, implementando otro fraude como cualquier autócrata de cualquier época.
Ante tal evidencia, las oposiciones unificadas en la Plataforma Unitaria Democrática y los partidos que la integran, honrarán la memoria y legado del Papa Francisco de no abandonar la Ruta Electoral, alternativa democrática implementada desde hace más de once años con el cometido de seguir empujando el camión y llevar a los rojos hasta la puerta de salida?.
La Ruta Electoral del Vaticano, ahora pudiese retomarse cumpliendo con nuestras obligaciones, sin adelantar jugadas previlegiando la UNIDAD UNIDA y desplegando el instrumento civilista y democrático del voto, cuyo foco no debemos opacar.
La intransigencia y motivaciones momentáneas siempre irracionales, no pueden estar por encima de la razón política, de participar políticamente y militante como abogaba el Papa Francisco en su última homilía del Domingo de Resurrección, censurando enérgicamente el armamentismo y la violencia que sólo nos lleva a los desencuentros y a la catástrofe mundial.
Aquí en Venezuela no existe polarización, ya que el 90% de los venezolanos rechazan este desgobierno escarlata, y eso es un montañón de gente y de votos que no podemos tirar por la ventana, pues “cuando el voto calla, las armas hablan”.
Somos más y mucho más que ellos, y como se ha dicho tantas veces, no les podemos dejar el campo solo, hay que jugar en todas las “caimaneras” que se nos presenten, según la esclarecedora destreza de la Ruta Electoral de Vaticano que nos legó el Papa Francisco y que debemos retomar con gran fervor…no hay tiempo que perder… en Venezuela es la cosa!

El Juicio Final, Capilla Sixtina, El Vaticano.
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