por Isabel Idárraga
Marisol y Fernando están preparados para retomar sus tareas habituales luego de unas merecidas vacaciones. Durante el asueto revisaron las metas alcanzadas en el año, establecieron nuevos objetivos y buscaron una estrategia para aumentar las probabilidades de éxito. Además de pareja, son un equipo y se apoyan entre sí para hacer realidad sus sueños personales y profesionales.
Cuando establecemos metas debemos procurar, en principio, describirlas claramente para asegurarnos de contar con los recursos necesarios y suficientes para alcanzarlas. Es así como el propósito de pagar la deuda de una tarjeta de crédito requiere de conocer el monto de la misma y el presupuesto disponible para determinar el monto a pagar mensualmente para lograr el objetivo en el menor tiempo posible.
Generalmente comenzamos los planos nuevos con gran entusiasmo que se va diluyendo a medida que aparecen los tropiezos de la vida diaria. En esos momentos, un socio o pareja que conoce nuestros objetivos y que está al tanto del valor que pueden aportar a nuestra calidad de vida, puede motivarnos a seguir adelante con nuestro propósito inicial mostrándonos la capacidad que poseemos para hacerlo.
Marisol y Fernando intercambiaron las listas de sus objetivos para este año, acompañadas del detalle de las herramientas con las que cuentan y el impacto positivo que su logro tendría en su existencia. Acordaron conversar cada domingo, acerca de los avances en el camino a la consecución de las metas, las excusas para esquivar las tareas necesarias y las oportunidades que pueden aprovecharse.
El socio que elegimos para qué nos apoye en la realización de un propósito debe ser una persona en la que tengamos confianza y que se comprometa a asumir su rol. Así, por ejemplo, sí una persona tiene la meta de independizarse, su compañero le recordará, en momentos de duda, porque es conveniente que actúe en la fecha planeada, los recursos que posee y el impacto positivo que esta decisión tendrá en su vida.
El contar con un socio que nos apoye en el camino hacia las metas establecidas significa motivación en momentos de decaimiento o cansancio, la visualización de un horizonte de oportunidades más amplio, compañía para sortear obstáculos, y el recordatorio del porque nos hemos puesto esas metas. Nos es casualidad el dicho aquel “Dos cabezas piensan mejor que una”.
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