Por Marta de la Vega
Con inmenso pesar y profunda tristeza acabo de saber la inmensa pérdida que significa la muerte de “Cáscara”, apodo cariñoso para Fernando Martínez Móttola. Pérdida inmensa e insustituible para su esposa e hijos, para su familia, y pérdida inmensa para sus amigos, que somos muchos y muy cercanos, y para Venezuela y su futuro.
En momentos tan difíciles como los actuales, la capacidad de Fernando y su finura negociadora, su inteligencia aguda para el análisis y las perspectivas futuras, su comprensión de los problemas y de lo que está en juego en el país, nos harán mucha falta y deja un inmenso vacío.
No estaba enfermo. Sufrió un derrame cerebral hemorrágico que forzó a dos cirugías y a un coma inducido para desinflamar el cerebro. Desde el sábado 22 de febrero pasado estuvo hospitalizado en el C M Docente de La Trinidad en Caracas y para nuestro dolor, pese a nuestra esperanza, no pudo superar esta situación crítica.
No es nada fácil lo que enfrentó y las intensas tensiones que sufrió. Ha sido un ser humano de calidad excepcional humana, moral e intelectualmente. Así, desde su sobresaliente desempeño como estudiante de la USB hasta sus recientes intervenciones y aportes políticos para el rescate de la democracia, pasando por las responsabilidades profesionales que asumió con acierto y éxito.
Mi gratitud por todo lo que nos aportó en vida. Honro su nombre y su memoria. Gracias, Fernando. Espero que cuando volvamos a la normalidad, la decencia, la democracia y la justicia, reciba, como tantos valiosos venezolanos a los que se les ha negado el honor a sus méritos, los reconocimientos que Fernando merece. Mi abrazo solidario, profundamente conmovida, a Laura, hermanos, familia y amigos.
Requiescat In Pace