Por Eduardo Martínez
El pasado viernes 11 de agosto fue publicada una sentencia con la cual, la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) designa las autoridades ad-hoc del PCV. Una figura de intervención que ya ha sido utilizada para inutilizar a partidos de oposición.
El PCV, de larga trayectoria en la política venezolana y probablemente el partido con el registro más viejo, ha sido una agrupación política que ha sufrido ilegalizaciones, desmantelada y ocupados sus locales, y perseguidos, encarcelados sus dirigentes y militantes.
Para quienes nunca militamos ni compartimos su ideario, siempre el PCV fue visto con respeto. Aunque también es momento de recordar que hubo momentos en los cuales fuimos objeto de sus políticas de violencia. Actos que combatimos, y que siempre repudiamos porque que nos obligaban a protegernos de una manera que no nos gustaba.
Sin embargo, desde adolescentes enfrentamos el comunismo en confrontaciones de ideas y de la manera más democrática posible. El saldo nos fue favorable. Lo que lograríamos en Venezuela con la derrota política y militar de la insurgencia guerrillera que el PCV había impulsado.
Posteriormente, se lograría otro triunfo con el desmantelamiento de las guerrillas en Centro América; y finalmente, con el suceso histórico de la caída del muro de Berlín, que marcó la desaparición de la URSS, y la democratización de los países de Este europeo.
En el caso de esta reciente “ocupación” del PCV – no hay otra manera de denominarla- el alto tribunal hace uso de una pretendida figura de ejercicio democrático interno del PCV para designar las nuevas autoridades.
Se ocupa el partido de la manera menos democrática posible, para garantizar una pretendida democracia.
No es la primera vez que esto ocurre. Copei, Podemos, PPT, y otros partidos más pequeños, ya han sufrido los embates de esta ola democratizadora.
Si bien el PCV transitó los primeros años del régimen pegado al chavismo, tuvo que hacerlo teniendo a la vista la usurpación de su color “rojo”. Símbolo que lo ha acompañado desde su fundación. Una señal que la dirigencia no supo ponderar a tiempo.
Ahora, su dirigencia es desalojada de sus espacios y usurpada su organización. Una acción más para propiciar una absorción. Una jugada que Fidel Castro practicó en Cuba en los primeros momentos de la revolución cubana.
@ermartinezd