Nueva política: Hacerse un favor y hacer creer que se le hace a otro

Por Eduardo Martínez

Analizar la política petrolera aplicada por el régimen venezolano, en los últimos 24 años, es una difícil tarea para los analistas extranjeros.

Esa política ha llevado a la industria petrolera venezolana a lograr resultados negativos. La infarestructura se ha deteriorado, la inversión ha desaparecido, y todos los índices de la actividad operativa se han venido al suelo.

Este desastroso desempeño está caracterizado por una disminución de los beneficios que una vez aceitaron a la economía venezolana. El Estado venezolano, ya no puede mantener las políticas de redistribución de la riqueza que permitieron financiar la educación, la salud, los servicios públicos y el acceso a la tecnología.

En la primera década del Siglo XXI, cuando se iniciaban con fuerza estos cambios en la política petrolera -y que trajeron los lodos de la debacle- factores externos dispararon los precios compensando los desaliños que producían esas políticas.

El régimen, en una jugada propagandística y populista, se tomaron para ellos los súbitos -aunque breves- beneficios de los altos precios, haciendo creer que la bonanza era producto de sus políticas.

Ahora, con una producción que cayó a 700 mil barriles diarios, cuando antes estaba en cerca de 3 millones, y con un rancho de instalaciones petroleras, la asfixia económica es inaguantable para el régimen.

No tienen dinero para honrar sus deudas, no pueden distribuir la riqueza que ya Pdvsa no genera, y ni siquiera pueden imprimir los billetes del dinero circulante -que dice en el papel- que el BCV echa a la calle.

Sin embargo, pisamos unas arenas movedizas carentes del bitumen. El aumento de los precios, elevados por una guerra que no tiene que ver con la OPEP ni con un aumento de la demanda, ilusiona a los gobernantes por lo que ha ocurrido con las anteriores alzas de precios.

En este contexto, en una mezcla de ilusiones y aprovechamiento propagandístico, el régimen adopta la posición de vender la idea de que le puede hacer “un favor” a Estados Unidos y a Europa Occidental, vendiéndole 3 millones de barriles diarios de petróleo, para compensar el bloqueo al petróleo ruso.

La verdad es que el régimen venezolano, si es que logra producir esa cantidad y lograr venderla, se estaría haciendo un favor a si mismo. Más sediento del dinero de venta de esos 3 millones de barriles tiene el régimen, que de comprarlo tienen los Estados Unidos.

editor@eastwebside.com

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