Francisco Contreras: El colapso de azar socialmente inducido en medio de la abundancia

Por Francisco J Contreras M (*)

Estamos en medio del colapso entre una inflación galopante, un latente estado de hiperinflación y una severa depresión económica.

Ellas obligan a hacer corridas diarias de evaluación estadística del mercado cambiario y seguimiento del comportamiento de los precios en todos los mercados de bienes y servicios de consumo final para sobrevivir.

Los errores de predicción son significativos debido a la gran incertidumbre estructural (no es solo un asunto del momento) y a la ejecución de políticas económicas inconsistentes, contradictorias y cambiantes por parte de las autoridades económicas.

No hay manera de explorar el desenvolvimiento del presente y las necesarias conjeturas sobre el futuro próximo para que el analista mejore la calidad de sus decisiones.

En este momento, la incertidumbre es mayor por la insuficiencia de medios de pago (sean bolívares o divisas), por el colapso del sistema de distribución de combustibles, la precariedad de todos los servicios públicos, la ausencia de intermediación bancaria, la fragilidad de los servicios de comunicación y el deterioro de la infraestructura física.

El mercado de bienes y servicios, de materias primas, de insumos, de partes y piezas corrige su desequilibrio con una mayor caída de la actividad económica que con ajustes de precios al alza.

Puede que exista oferta, pero no los medios de pagos necesarios para comprar. Es un estado convulso y complejo con destrucción de valor económico.

La realidad se muestra confusa e irreductible, las variables económicas interactúan y modifican sus roles de causalidad (como si en el terreno de la salud el resfriado y la fiebre intercambiaran su sentido causa-efecto en espacio y tiempo real).

No es una aleatoriedad “natural” como la que rige para eventos meteorológicos, es una de peor condición pues es recreada desde la propia acción reguladora de las autoridades económicas y por la intensificación de la crisis política.

La crisis de Venezuela poco tiene que ver con carencias materiales, catástrofes climáticas, escasez de recursos naturales o financieros es un azar inducido desde todas las esferas de la acción social: gobierno, actores políticos (civiles, políticos, religiosos), academia y sociedad, es un estado de rechazo casi absoluto hacia lo que caracteriza a la civilidad: las negociaciones y los acuerdos.

(*) Profesor del doctorado de Economía en la Universidad de Carabobo.

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