Los resultados de las elecciones parlamentarias del domingo 6 de diciembre, expresan sin equívocos un mandato claro que el pueblo envió a la oposición y al Gobierno.
La mayoría de dos tercios de los diputados en la Asamblea Nacional, convierte a la oposición en la alternativa de poder.
La derrota infringida al Gobierno de Nicolás Maduro advierte que los venezolanos no están satisfechos con el desempeño y los resultados que arroja su modelo político-económico.
La gente no votó por que le gustara un candidato. Votó para cambiar el estado de las cosas en el país. El mandato es claro y no se debe prestar a interpretaciones personales.
La nueva mayoría en la Asamblea Nacional, debe avocarse a establecer el marco legal y de control que revierta el curso de deterioro que lleva el país en lo político, económico y social.
El Gobierno, tiene el mandato de reflexionar y reconsiderar las políticas que ha adelantado hasta ahora.
Mandato, que por sus discursos preliminares de los tres días posteriores a los comicios, no parece haber entendido y comprendido.
De cada tres electores, dos votaron por un cambio. Esta primera acción del pueblo, persigue equilibrar las cargas del poder. Nicolás Maduro seguirá en Miraflores, y sus colaboradores en los ministerios y otras instituciones públicas. Solo que ahora deberá cohabitar con la oposición, que de alguna manera, tutelará el ejercicio del poder ejecutivo.
No puede haber equívocos. Lo que está en juego no es el poder de uno o del otro, sino el bienestar de todos los venezolanos.
Eduardo Martínez
Editor