Henry Escalona: Mayo Global y otras historias

Por Henry Escalona

Las imágenes que conservo de la revuelta estudiantil que se conoció mundialmente como Mayo Frances son todas en blanco y negro, pues para aquellos días de 1968 las imágenes de prensa y tv que recibía la población -en mi época de estudiante de educación media en aquel Barquisimeto en el que transcurría mi vida e inicios en política- no eran a color. Así que las protestas estudiantiles que se produjeron en París en los meses de mayo y junio de 1968, que luego se extendieron a todo el país y la sociedad francesa cuando los sindicatos se agregaron a la protesta y la convirtieron en la mayor huelga general hasta ahora en esa nación no los recuerdo con color alguno a pesar de su efecto desencadenante de cambios que aún persisten.

Ese fenómeno masivo que la opinión general recuerda como una revuelta originada por grupos estudiantiles de la Universidad de La Sorbona en su sede del Barrio Latino de París en contra de la sociedad de consumo, el capitalismo, los partidos políticos, el imperialismo, el gobierno francés y hasta los valores académicos, tuvo un origen más modesto que el que señalan algunos libros de historia y opinadores de aquel momento, interesados en halar la sardina hacia su brasa.

Sin querer quitarle importancia histórica a ese movimiento y sus protagonistas, debo fijar sus orígenes en el mes de marzo de 1968 en una universidad del extra radio parisino, la joven Universidad de Nanterre, en la que un grupo de jóvenes estudiantes y profesores iniciaron una serie de protestas locales con la agrupación que luego llegaría a ser conocida como Movimiento 22 de Marzo. Cuyas influencias culturales guardaban estrecha relación con el pacifismo del movimiento hippie que tenía lugar contemporáneamente en los Estados Unidos y con influencias políticas de izquierda como el maoísmo, el trotskismo y el anarquismo que se oponían a la rígida estructura del marxismo soviético. Pero más allá de esas influencias, aunque algunos lo quieran ocultar, había un reclamo principal en Nanterre contra el reglamento de las residencias estudiantiles, el que prohibía estrictamente que los hombres visitaran los pabellones de las mujeres. Esta solicitud no satisfecha por las autoridades académicas fue uno de los generadores de la sanción a los organizadores de la protesta, quienes acudieron a La Sorbonne en busca de solidaridad y vaya que la obtuvieron.

Los estudiantes parisinos tomaron el edificio universitario y salieron a protestar en solidaridad a los reclamos de sus colegas de Nanterre, el 3 de mayo de 1968, la policía entró a la universidad a reprimir las protestas, los estudiantes se enfrentaron a la policía. El conflicto estudiantil escaló rápidamente y los sindicatos obreros apoyaron las movilizaciones y declararon una masiva huelga general el 13 de mayo, paralizando todo el país con millones de trabajadores en la calle. El resto es historia.

Hay quien opina que este acontecimiento fue el primer fenómeno político y social de la historia transmitido y asimilado en tiempo real a escala planetaria, consolidando el concepto moderno de la «Aldea Global» de Marshall McLuhan. Así, una revuelta estudiantil local en París se tornó un catalizador de protestas globales simultáneas, generando ideas de actividad política que aún se mantienen y que, en su época, fueron replicadas por manifestaciones estudiantiles celebradas en sitios tan diversos como Ciudad de Méjico o Praga y Alemania o Japón.

El Mayo Francés redefinió la noción del «acontecimiento masivo». Dejó en evidencia que los medios de comunicación de masas ya no solo reportaban la realidad, sino que la interpretaban. La difusión instantánea de las huelgas masivas obreras y estudiantiles demostró que la información globalizada poseía una fuerza aglutinadora capaz de desestabilizar estructuras estatales consolidadas en cuestión de semanas.

McLuhan argumentaba que las tecnologías de la información —como la televisión, la radio y posteriormente las redes digitales— actúan como una extensión del sistema nervioso central humano. Lo que se puso en evidencia de manera más dramática y significativa con un nuevo episodio que hace poco cumplido 25 años de ocurrido, los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001  que destruyeron el complejo del World Trade Center en Nueva York y parte del edificio donde funciona el sistema de defensa de USA en Washington D.C., (no se aun  que le dolió más a la dirigencia norteamericana, los casi 3000 muertos de Nueva York o el ataque al Pentágono por un comando de terroristas desconocidos).

Me tocó estar en Estados Unidos esos días y pude percibir los cambios que se generaron de inmediato, desde la suspensión de vuelos y desplazamientos, las normativas de seguridad que se generaron a lo interno y a lo externo, la notoria angustia que se generó cuando cambiabas de canal y solo aparecía la imagen de un avión estrellándose contra las torres, la cual se repetía en todas las ediciones especiales de los medios impresos, y en los mensajes que llegaba por las redes. Hubo caídas de bolsa, quiebras de compañías de seguros, modificación de normas bancarias y financieras y, más allá de eso, cambios el orden geopolítico, económico, jurídico y social a nivel global.

Los ataques del 11 de septiembre de 2001, generaron cambios radicales en la política exterior de USA y todas las potencias occidentales. dando inicio a una era definida por la obsesión con la seguridad internacional y la intervención militar multinacional. Generando lo que se llamó «Guerra contra el Terrorismo» cuando la administración de George W. Bush sustituyó la diplomacia tradicional por una doctrina de ataques preventivos y coaliciones militares internacionales, las que se manifestaron en 2001 con la Invasión de Afganistán y en 2003 con la invasión a Irak.

En 2001, el congreso estadounidense aprobó la Ley Usa Patriot, para ampliar los poderes de vigilancia de las fuerzas del orden y agencias de inteligencia para prevenir y castigar actos terroristas, permitiendo la interceptación de comunicaciones, el acceso a registros telefónicos y financieros, el espionaje en investigaciones de terrorismo y un mayor control social. Esta ley fue copiada o actualizada por muchos países, incluidos  rivales de los Estados Unidos como la Federación Rusa y la República Popular China, que se apoyaron en la legislación antiterrorista para crear leyes que le permitieran, con esa excusa, ampliar el control social de sus ciudadanos y sociedades y promulgar leyes severas, para redefinir el concepto de extremismo y justificar operaciones de seguridad interna en regiones con tensiones separatistas históricas (como Chechenia y Xinjiang). Estas leyes antiterroristas tuvieron consecuencias dramáticas sobre las ideas de protección de derechos fundamentales paradigmáticas del orden de posguerra mundial que se impuso a partir de 1945 y están contenidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en diciembre de 1948.

Quienes vivimos en Venezuela y hemos fijado posición política frente a un régimen que se valió de estas leyes antiterroristas para consolidarse como una supuesta estructura democrática y de participación popular opuesta al dominio unipolar de los Estados Unidos de América (lo cual hoy parecen haber olvidado) y que durante casi treinta años ha vulnerado los derechos de su población a disfrutar de las garantías fundamentales acordadas en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en la Constitución Nacional, vemos casi que con angustia que los abusos de la estructura que gobierna al país desde 1999 no hayan sido contenidos por un orden mundial que es alertado con permanentes manifestaciones de rechazo al “socialismo” psuveco por parte de la mayoría poblacional venezolana. Que las estructuras mundiales no hayan reclamado los abusos de este régimen más allá de tibias advertencias, pareciera ser una demostración de que solo somos una pieza de relativa importancia estratégica en el ajedrez de la geopolítica mundial. Y que, tristemente, la democracia no regresará a Venezuela mientras seamos únicamente una pica en Flandes estadounidense en el empeño de la actual administración de USA en controlar las rutas y la producción petrolera para consolidar su poder hegemónico bajo un concepto de prevalencia de su seguridad y la de sus intereses asociados.

No sé si a mi edad actual tenga los arrestos de aquel muchachón que en el siglo pasado se entusiasmó con los chicos revoltosos del Quartier Latin parisino, pero les aseguro que no vería con total desagrado al cambio si se produjera un Mayo Venezolano en estos días que me van quedando de existencia.

Caracas, a la Fête du Travail (19/09) de 2026.

Fotografía: Cortesía de wikipedia.

«Las opiniones aquí publicadas son responsabilidad absoluta de su autor»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*