Sara Lilian Lizarraga: La «estupidemia» digital

En medio de la emergencia que sacude a Venezuela tras lo reciente sismos, el país enfrenta una doble catástrofe. La primera es natural, destructiva e inevitable, dolorosa. La segunda es digital, viral y completamente prevenible: la estupidemia de las redes sociales. Mientras los equipos de rescate arriesgan sus vidas en el terreno, una ola de desinformación, críticas infundadas y desesperación por conseguir un «me gusta» inunda las pantallas, entorpeciendo las labores de auxilio. 

Es urgente separar la lógica humanitaria del caos digital.  

El negocio del ‘like’ sobre la tragedia

La necesidad de figurar en plataformas digitales no se detiene ni ante el dolor, el llanto y  los escombros. Usuarios desesperados por notoriedad publican videos antiguos, fotos sacadas de contexto y rumores alarmistas con el único fin de sumar seguidores. Esta conducta no es solo imprudente; es peligrosa. Validar una información falsa desvía recursos críticos y genera pánico innecesario en una población ya vulnerable. La angustia ante la crisis es totalmente comprensible, pero la ignorancia activa y la ligereza con la que se comparte contenido sin verificar no tienen justificación.

El desconocimiento de los protocolos internacionales

Una de las quejas más recurrentes en redes proviene de personas que exigen atención inmediata para cada situación, sin entender cómo opera la gestión de catástrofes. El rescate de víctimas se rige por estrictos procedimientos internacionales y manuales globales de búsqueda y salvamento. Los equipos especializados aplican el principio del triage: se prioriza de forma estricta a los ciudadanos cuyas vidas corren peligro inminente. Aquellas zonas o personas que no presentan una crisis médica o estructural urgente deben esperar su turno.  No se trata de negligencia ni de abandono; es la aplicación científica de la lógica común para salvar la mayor cantidad de vidas posibles con los recursos disponibles. La regla de oro:

Las 72 horas de esperanza

La falta de sentido común en las plataformas se hace evidente cuando la masa digital exige la entrada inmediata de retroexcavadoras y tractores en zonas de colapso. Los protocolos internacionales de rescate prohíben estrictamente el uso de maquinaria pesada para la remoción de escombros durante las primeras 72 horas. (Que apenas acaban de concluir ) Este periodo es la «ventana de vida» crucial donde las víctimas atrapadas tienen mayores probabilidades de sobrevivir. Introducir equipos pesados antes de cumplir este lapso aplastaría los espacios de aire internos y sentenciaría a muerte a los sobrevivientes. Durante estos tres días impera el trabajo manual, técnico y silencioso de los rescatistas; pedir tractores antes de tiempo por ignorancia o por ganar notoriedad virtual es un acto de profunda irresponsabilidad.

El llamado a la cordura y a la responsabilidad

Un terremoto pone a prueba la infraestructura de un país, pero también la madurez de su sociedad. Para combatir esta epidemia de desinformación, es imperativo apagar el impulso de compartir cualquier dato alarmista que llegue al teléfono. En situaciones de desastre, la infodemia mata tanto como la caída de un muro si llega a bloquear las vías de comunicación de los rescatistas. La solidaridad real en tiempos de crisis no se mide en visualizaciones ni en comentarios, sino en el respeto a las autoridades expertas y en mantener la calma para no colapsar los sistemas de emergencia

* Coordinadora de Chats

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