Por Arturo Meléndez
Desde hace unos años, todos los miércoles, nos reunimos un grupo de amigos a quienes nos unen más de cincuenta años de amistad y el pensamiento demócrata cristiano. En una de las primeros encuentros semanales que realizamos este año, apenas horas después de la llamada “extracción” de Nicolas Maduro y su esposa por fuerzas militares estadounidenses, uno de los miembros del grupo, diplomático jubilado pero aún muy activo intelectualmente, nos pidió revisar tales hechos con mucho detenimiento dado el carácter inédito de los mismos, y me gustó el terminacho al que vi como apropiado para describir eventos de gran magnitud que marcan un antes y un después, en la política o la historia debido a su naturaleza sin precedentes.
Habrá quien diga que tales sucesos no son un hecho inédito pues existen paralelos históricos como la Operación Causa Justa, ordenada en 1989 por el presidente George Bush para deponer a Manuel Noriega, y éste, al igual que Maduro, enfrentaba una acusación federal en Estados Unidos por narcotráfico y lavado de dinero. Pero las acciones en contra de Nicolas Maduro tienen su característica propia de ineditud, pues tales sucesos y sus consecuencias son esta vez absolutamente venezolanos en protagonistas y territorio, aunque no lo sean en objetivos, pues esa intervención gringa tiene más que ver con la geopolítica internacional dirigida al reposicionamiento hemisférico de USA que con la consolidación de la democracia y la institucionalidad venezolana, en mi modesta opinión.
Los hechos inéditos no son raros en la historia reciente de mi país, el golpe del 4 de febrero de 1992 tuvo el carácter extraordinario de ser el único movimiento militar fallido que llevó al poder a sus autores y propiciadores, y que además se convirtió en el gobierno que supo cómo arruinar a un país con una fortuna petrolera con la que hubiera podido llevar a cabo proyectos de desarrollo como los de Noruega o Emiratos Árabes y no el de Zimbawe, al que terminó pareciéndose tanto en cuanto a duración, falta de alternabilidad democrática, escogencia de aliados internacionales y consecuencias económicas que lo llevaron de “granero de África” al erial institucional y económico en el que se convirtió.
Para remate, natura se volvió contra el paraíso terrenal que el Almirante del Mar Océano creyó hacer encontrado en su tercera expedición al Nuevo Mundo, desde la llegada de los europeos al territorio que llamaron Nueva Andalucía, esta tierra ofrecía una variedad tan grande de microclimas, en los que cualquier persona podría habitar sin necesidad de precauciones extremas para protegerse del clima.
A estas bondades climáticas podíamos añadir una estabilidad sismológica de la que la historia tiene suficiente documentación como para afirmar categóricamente que, en comparación con todos los países cuyas fallas geológicas se asientan en el talud andino, Venezuela no es un país de actividad sísmica considerable, tal ha ocurrido desde el primer terremoto de nueva Toledo (actual Cumaná) ocurrido en 1530, sin mayores consecuencias para la población y edificaciones, salvo que ello trajo como consecuencia el primer tsunami que se registró en el Mar Caribe.
Luego vino la destrucción de Nueva Cádiz en la isla de Cubagua en 1541, parcialmente destruida en su mayor parte, aunque la isla fue abandonada más por la acción de piratas y la sobreexplotación perlífera que por el sismo que vino acompañado de un maremoto. No existen otros terremotos documentados durante el siglo XVI venezolano. Pero en años posteriores si existe documentación siendo los mas notorios los de 1766, 1812, 1853 y 1967, los que no voy a documentar, pero si compartir con ustedes información tomada de la página oficial de FUNVISIS: Los eventos sísmicos representan uno de los mayores riesgos potenciales en Venezuela en cuanto a pérdidas humanas y económicas. En la actualidad, aproximadamente un 80% de la población vive en zonas de alta amenaza sísmica, variable que aumenta el nivel de riesgo, haciéndolo cada vez mayor a medida que se eleva el índice demográfico y las inversiones en infraestructura.
Desde la fundación de los primeros asentamientos coloniales en el Siglo XVI, el país ha sufrido los efectos de los terremotos. Su historia sísmica revela que durante el período 1530-2004, han ocurrido más de 130 eventos sísmicos, los cuales han provocado algún tipo de daño en varias poblaciones venezolanas.
Los sistemas de fallas de Boconó – San Sebastián – El Pilar, han sido propuestos como el límite principal entre las Placas Caribe y América del Sur, causante de los sismos más severos que han ocurrido en el territorio nacional.
Por lo que el estado venezolano, según uno de sus órganos, ha debido estar mejor preparado para este otro hecho inédito, un doblete sísmico que afectó con dureza inédita buena parte de esa aglomeración urbana que se asienta en zonas de riesgo sismológico prácticamente sin control ni previsión de las autoridades de este gobierno que sufrimos.
.Por ello doy por buena la nota de El Nacional del 25 de junio en la que afirma:La magnitud del desastre ha desbordado la capacidad de respuesta de las autoridades en un país sin tradición de grandes terremotos, mientras numerosos habitantes denuncian que la ayuda del gobierno ha tardado en llegar o aún no se ha hecho presente.
La fuerza telúrica generó la que creo la mayor tragedia natural ocurrida en Venezuela desde el llamado deslave de Vargas en 1999, las que tienen en común la ineptitud e imprevisión del régimen psuveco para reaccionar rápidamente y evitar la muerte de muchísimos venezolanos cuyos cuerpos aun permanecen sepultados bajo unas ruinas que las manos solidarias y desnudas de cientos de venezolanos no han podido remover y siguen esperando la acción de las fuerzas armadas y sus miles de soldados y milicianos que deberían estar operando las maquinas y equipos necesarios para salvar a un numero inmenso de victimas condenadas a muerte por la inepta reacción de un gobierno que parece no tener claros sus deberes.
En tanto, quedo a la espera de otro hecho inédito, la necesaria condena y castigo de los responsables de la muerte de las victimas de esta tragedia inmensa y dolorosa que podría generar que el país se vuelva a unir en la esperanza de una reconstrucción, esta vez definitiva, generosa y positiva.
* Historiador, Escritor
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