Redacción
En nuestra memoria corta, muy característica de los venezolanos, probablemente ya nos olvidamos de las largas colas y escasez del pan de trigo y otros productos afines desatadas a partir del 2015.
La verdad es que se asfixió el sector, se expropiaron los molinos, se cerraron emprendimientos y los trabajadores de la harina se vieron obligados a emigrar.
Las importaciones de la harina ya molida, y los productos importados, llenaron los estantes. Los trabajadores quedaron en la calle.
En paralelo, los sindicatos no pudieron negociar nuevos contratos colectivos por más de 5 años.
En febrero de este año 2026 se dio la firma del primer contrato con una planta a punto de cierre. Los dirigentes sindicales debieron convencer a los empresarios de no cerrar, a la inspectoría del trabajo que abriera la discusión contractual.
Fetraharina y Sintraharina, afiliados a la CTV, se presentaron con innovadoras propuestas donde no solo solicitaban reivindicaciones, sino que por primera vez se introducía en un contrato el compromiso laboral de aumentar la productividad.
Conversamos con Juan Crespo, presidente de Fetraharina y secretario general de Sintraharina, quien nos partiendo de un recuento de lo que originó la crisis, explicó los logros y expectativas del Contrato Colectivo firmado.
Señalando una y otra vez, que la reivindicación de los beneficios de los trabajadores se logran con los Contratos Colectivos.
La gestación de una crisis
“En principio por la pandemia. Se rompió la comunicación en las relaciones laborales patronales. Luego se ejecutó una reconversión monetaria, producto de una crisis económica, donde se eliminaron 14 ceros y lamentablemente todos los contratos colectivos. Quedó en cero todo lo que fueron las luchas por los beneficios y la seguridad social de los trabajadores”.
Así nos relató Juan Crespo, el principal dirigente sindical de Fetraharina y Sintraharina del área metropolitana de Caracas. Una organización sindical que agrupa a los trabajadores de los molinos de trigo, panaderías y afines.
En la continuación de su relato histórico, nos indicó que “luego nos conseguimos una política errada por parte del gobierno. Transitoriamente sin juzgar esa política, empezaron a traer materia prima importada desde afuera. Como consecuencia, la producción nacional tocó fondo hasta el punto que se fueran del país 14 molinos”.
“Eso trajo como consecuencia que, sin contratos colectivos, sin materia prima y un gran desempleo, desaparecieron las empresas y los trabajadores tuvieron que irse del país. Los trabajadores perdieron calidad de vida”, resaltó Crespo.
La competencia desleal
“Cuando hablamos de la competencia desleal, es porque el producto que estaba entrando al país -por ejemplo- un kilogramo de pasta costaba 0,40. Importaciones que no pagaban aranceles ni impuestos. En tanto, hacerlo en Venezuela, de marcas prestigiosas como Mi Mesa, Fiorentina o Capri, producirla aquí costaba 1,40”.
La estampida
Las consecuencias no se hicieron esperar. Se produjo una estampida y los cierres. El gobierno adelantó una política de expropiaciones. Lo que significó desempleo en el sector.
“A la crisis, hay que sumar que el gobierno expropió cerca de 400 empresas. El grupo Monaca que tenía 100 años en el país tuvo que irse del país, así como Cargill que tuvo que cerrar la planta porque el gobierno no le pagaba. Se expropiaron 7 plantas, de las cuales hoy en día solo sobreviven tres”, explicó.
No solo se iban las empresas. La estampida era también de los trabajadores.
“Otro aspecto, es que de 10 mil panaderías artesanales que había en el país, quedan 7 mil. Muchos trabajadores artesanales tuvieron que irse de Venezuela: para Aruba, Curazao y otras islas del Caribe. En esas islas, un pastelero ganaba hasta 70 dólares diarios. En esos momentos, los trabajadores querían irse del país”.
La lucha sindical
Juan Crespo relata que, con este ambiente laboral los trabajadores del sector de la harina perdieron el poder adquisitivo. Eso llevó a los dirigentes sindicales casi a tirar la toalla. No lo hicieron. Prevaleció la resistencia y el espíritu de lucha, a pesar de llevar una sequía de 5 años sin contrato colectivo.
Fetraharina y Sintraharina se encontraban con un arduo camino que transitar. Tenían que convencer a los empresarios sobrevivientes de no cerrar y negociar un contrato colectivo, en un momento en que los inspectores del trabajo no autorizaban esas discusiones. La burocracia del trabajo ponía trabas y todo aterrizaba en el llenado de requisitos administrativos.
“Casi estando de rodillas, nosotros pudimos cumplir los requisitos administrativos y por fin pudimos conseguir un inspector del trabajo en La Guaira que nos ayudó en esta lucha. Por fin logramos que nos recibiera un proyecto de contracto en una planta que estaba casi cerrando del grupo Mi Mesa, donde quedaban 60 trabajadores”, afirmó Juan Crespo.
Se había roto las represas de la crisis. Se habrían las puertas por fin para que los trabajadores que había emigrado, pudieron regresar.
Febrero 2026
En febrero de este año los trabajadores de la harina pudieron por fin firmar el primer contrato colectivo luego de 5 años.
Juan Crespo expresó que están contentos con este contrato colectivo que acaban de firmar. “Lo que llena las expectativas de las aspiraciones de reivindicaciones de los trabajadores”.
“Los empresarios entienden que los trabajadores son el recurso más importante. Y obviamente, capacitar a un trabajador en un molino, eso no se da sino artesanalmente. Antes existía una escuela de molinería en Puerto Cabello y esa escuela desapareció”, dice.
Los logros
A continuación, dejemos que sea el propio Juan Crespo quien explique los logros en el nuevo Contrato:
“Logramos un aumento del salario de 667 %, (y no sobre los 130 bolívares calculados hace 4 años por el gobierno) se calculara al tabulador de hace 4 años con la clasificación de cargos existentes en ese momento donde un trabajador, el que menos ganaba, devengaba 82 bolívares diarios y el que más ganaba 140 bolívares diarios.
En nuestra búsqueda, conseguimos el sistema japonés Kaizen, donde su espíritu es producción, producción y mas producción. Conocimos ese sistema en Brasil, y lo pusimos en práctica. Nos comprometimos con las empresas de elevar la producción y logramos que entendieran que los trabajadores nos comprometíamos en elevar la producción, y así que las plantas no cerraran, garantizando la sustentabilidad de esa producción.
Hoy estamos muy contentos. De 60 trabajadores que quedaban en esa planta, ya hay 140 trabajadores. A parte de los 667 por aumento de salario, logramos HCM, seguro funerario, primas por antigüedad, primas por producción, primas por asistencia (que significa que, si tu no faltas en la semana, tienes 3 salarios promedio), logramos unas buenas vacaciones promediadas, logramos que el bono nocturno que estableció el legislador para después de las 7 de la noche, el bono que era de 35%, ahora sea del 65%. Igual logramos, que después de la jornada, que se habla de horas extraordinaria y que se pagaba el 50%, nosotros llegamos al 113%, logramos recreación, excursión, fiesta de fin de año, fiesta del 1º de mayo, ayudas para útiles escolares y becas entre otros”.
Un modelo a seguir
Juan Crespo piensa en estos logros como un modelo a seguir:
“De esta manera logramos 85 cláusulas reivindicativas, lo que viene siendo un modelo para los compañeros trabajadores por cuanto si se pueden lograr las cosas, y que no es discutir ahora que se acerca el 1º de Mayo para discutir el salario mínimo.
Para nosotros el salario mínimo viene siendo el enganche, para que se evalúe si un trabajador es buen trabajador.
Para nosotros, el máximo viene siendo la clasificación de cargos, tabuladores, que se respete la meritocracia y lo profesional, en este caso, en conformidad con lo que establece la Constitución y lo que establece la ley.
Queremos llamar la atención, que si se pueden lograr las cosas haciendo cumplir la Constitución, haciendo cumplir la Ley Orgánica del Trabajo, y en este caso, llamo la atención a los dirigentes sindicales que están empecinados solo en el salario mínimo. Hay que dar un paso adelante y crear un músculo sindical para hablar de las convenciones colectivas, porque todos esos beneficios son integrales.
Nosotros somos totalmente contrarios a todas esas bonificaciones como el bono de guerra, bono a y bono b, etc.
Todo eso según la Ley Orgánica es salario. Mantenemos esa conducta vertical de manera que somos contrarios a que se esté distorsionando el espíritu de la Constitución y las leyes.
También somos contrarios a eso que llaman Constituyente sindical. Hay las experiencias del 2001 y 2002. Con ese precedente no estamos de acuerdo.
Para la reforma de las prestaciones sociales, hay que hacer una consulta a los venezolanos, que en su inmensa mayoría son trabajadores”.
Finalmente, Juan Crespo -secretario general de Fetraharina y Sintraharina, resaltó que los trabajadores “a 15 días del 1º de Mayo, lo que queremos es que se subsidie el pan. Hay gente que ni siquiera puede comprar una canilla. Tenemos que darle duro al sistema cambiario, cada día se desvaloriza la moneda.
Hay que subsidiar productos básicos hasta que se nivele la primera etapa de lo planteado por Estados Unidos. En consecuencia, tenemos propuestas para superar esta crisis económica”.
Fotografia: JJ.